Amores que cambian: salir del closet después de los 50

La generación X es la generación de todos los mandatos. Tenían que ser profesionales, tenían que casarse - en tiempo y forma, siempre antes de los 30 - y tenían que tener hijos. Y así, agotados de tanta exigencia, hicieron el check en la lista de pendientes construyendo familias y rutinas sólidas. Pero en los últimos años, cada vez más hombres y mujeres de más de 50 o 60 años comenzaron a destapar una verdad íntima que no tenía espacio en su juventud: cambiar el género de su pareja y, así también, su propia y renovada sexualidad.
La humorista y dibujante argentina Maitena Burundarena - prohibido decir la edad de una mujer, pero ya pasó los 50 - sorprendió a sus seguidores, hace no mucho más de un año, al mostrar en sus redes sociales su vínculo de pareja, familia y amor con la premiada escritora Gabriela Cabezón Cámara. No fueron pocos los que recordaron en ese momento sus matrimonios con varones, relaciones de las que nacieron sus tres hijos Amaya, Juan Pablo y Antonia.
Sin embargo, al hablar con Clarín, confiesa que esta historia no fue tan novedosa para ella misma: “Si bien no me di cuenta desde chica, yo soy bisexual de toda mi vida. Sí, tuve relaciones muy largas con hombres, pero ellos siempre tenían algo femenino bastante marcado, el hombre súper masculino por llamarlo de alguna manera, nunca me atrajo”.

Miranda Hobbes - la chica pelirroja de “Sex and the City” - deja pasados los 50 años a su marido Steve al enamorarse de Che Díaz, una comediante no binaria que rompe todos los esquemas de la estricta abogada. La secuela de la popular serie de los años 90 no hizo más que reflejar la historia de la actriz.
Cynthia Nixon estuvo casada durante 15 años con el padre de sus dos hijos mayores y a muy poco tiempo de su divorcio comenzó a salir con la activista educativa Christine Marinoni, quién en el 2011 tuvo un hijo, el primero de ella y el tercero de Nixon. La actriz se declaró bisexual y defendió activamente el matrimonio igualitario en el estado de Washington durante muchos años.
Intuimos que Maitena, pionera en escribir sobre el lado B de la maternidad y el matrimonio, tuvo siempre un pensamiento y un accionar llenos de libertad. La actriz norteamericana, por su parte, tuvo las cámaras de primera mano a la hora de defender su cambio. Pero no todas las personas de su generación pudieron armarse igual.

"Se me pasaba la vida"
Roberto, de 59 años, no sólo prefiere hoy que no escribamos su apellido, sino que tampoco publica a su actual novio en las redes sociales ni en las fotos familiares. “Hay recuerdos que se me han borrado, pero sí sé que cuando me casé con la mamá de mis hijos, hace ya más de dos décadas, yo ya me sentía así. Lo había experimentado en el colegio secundario, en la facultad, incluso tengo presente un enamoramiento con el hijo de una amiga de mamá. Pero también sé que nunca se me hubiera ocurrido plantearlo (ni plantearmelo)”, nos cuenta. “¿Por qué ahora sí?” Fue la pregunta que le hicimos… y su respuesta fue lacónica: “porque me di cuenta que se me pasaba la vida”.
“La realidad es que no existe un único momento ni un único motivo para salir del closet. Muchas veces la decisión aparece cuando la persona siente que ya no quiere seguir sosteniendo una vida que no representa quién es. Puede estar relacionado con haber conocido a alguien, con el deseo de vivir una relación de manera más auténtica, con una mayor aceptación de la propia identidad o simplemente con la necesidad de dejar de ocultar una parte importante de sí mismo”, comienza a explicar la psicóloga Laura Zipilivan, especializada en clínica de adultos.
“También pueden aparecer preguntas vinculadas con el paso del tiempo: ¿Cuánto más quiero vivir de esta manera? ¿Qué quiero hacer con los años que tengo por delante? En ese sentido, los 50 o 60 no necesariamente representan un cierre, sino que pueden abrir una etapa de revisión de la propia historia”, agrega la especialista.
Quienes acompañan estos procesos ven aparecer una mezcla convulsa de sentimientos. Por un lado están los temores más concretos: perder el afecto de la familia, el rechazo de los hijos o la ansiedad por el futuro. A eso se le suma muchas veces el peso de la culpa y la vergüenza. Por el otro, irrumpe una energía opuesta: la sensación de sacarse una mochila de encima, el entusiasmo de lo nuevo y una libertad que renueva.
“Es muy común también que aparezca una forma de duelo por el tiempo que no fue. Ante esto, es importante saber que no existe un manual único: la apertura no tiene que ser un acto dramático de un solo día, sino que suele darse por etapas, midiendo los tiempos y los espacios según lo que cada persona necesite”, explica la psicóloga.
A la par de estas contradicciones opera la creencia de que pasados los 50 hay decisiones que ya no corresponden, como si la búsqueda personal, el amor o los giros de rumbo tuvieran una fecha de expiración.
“La posibilidad de conocerse y cambiar no se agota. La diferencia radica en que a esta altura del camino el tablero está más cargado, pero modificiar el rumbo en la madurez no es imposible”, dice Zipilivan.
Maitena descubrió en su relación con Gaby que en la vida nunca es tarde para nada. “Cuando me cruzo con ella, yo llevaba unos cuantos años sin ganas de estar con nadie y muy feliz en ese estado. Los hombres de mi edad me parecían horribles, las mujeres de mi edad me parecían viejas y los más jóvenes me daban pereza. Ya había pasado por esa experiencia y terminaba maternando gente”, nos cuenta con su tono de humorista al que estamos acostumbrados. “Realmente sentía que no había solución, por eso, estaba feliz sola. Hasta que un día, la escucho leer a Gaby y me enamoro de ella instantáneamente”.
¿Final feliz? No aún. Maitena tuvo que volver a decir “cuando llegue no va a ser tarde”. “Gabriela estaba en otra relación y no me dio bola. Y por primera vez no tuve ansiedad y me senté a esperarla porque yo estaba segura de que éramos la una para la otra”, confiesa en un acto que también afirma que el romanticismo tampoco tiene fecha de vencimiento.
Amor después del amor
Esta nueva etapa de la vida, esta elección distinta, no implica renegar del camino recorrido ni pensar que no hubo amor antes de esta revelación. “Por supuesto que yo amé mucho a mi ex esposa, la amé cuando nos casamos, la amé en cada parto, la amé cuando cumplimos las bodas de plata también. Eso mismo traté de explicarle de la mejor forma que pude, ante una realidad que para ella fue un duelo más pesado que el de una simple separación. Yo no me arrepiento de haber estado con ella, muchísimo menos de haber tenido a mis hijos. Simplemente hoy decido darme la oportunidad que me negué toda la vida”, nos dice Roberto.
“Creo que es importante hacer una aclaración: no se trata de hacer un duelo por la identidad anterior como si hubiera sido falsa. Esa identidad formó parte de la historia y, muchas veces, fue la manera que esa persona encontró para poder vivir, pertenecer, formar una familia o sentirse segura dentro de las posibilidades que tenía. El trabajo terapéutico consiste en poder mirar esa historia sin juzgarla. Hay que integrar quién fui con quién soy hoy”, agrega a este testimonio la Lic. Zipilivan.
El nuevo amor también puede venir siendo una construcción de los amores anteriores y del valor que todo lo armado en la vida tiene. Hay una pregunta clave que una persona que decide dar este paso puede hacerse: ¿Qué de mi historia quiero conservar y qué empezar a construir? La idea nunca es borrar la vida anterior sino tender un puente.
Los hijos, gran cuestión
Uno de los mayores desafíos al salir del closet en la madurez es comunicar esta decisión a los hijos. El paso puede generar una gran carga de ansiedad por el miedo a alterar la estabilidad emocional de la familia o a cambiar la percepción que ellos tienen de sus padres. ¿Están las nuevas generaciones preparadas para esto? ¿Es mejor ir con la verdad o ahorrarles detalles? ¿Sienten más presión los padres que los chicos?
“El día de la charla familiar es toda una escena que genera mucha tensión, con una serie de temores lógicos y otros no tanto. Por ejemplo, existe la idea de que comunicar esto puede representar un trauma para un chico, cuando esto no funciona de esa manera. La realidad es que es poco probable que haya un juicio moral sobre lo que el progenitor relate, como sí podría haberlo con algún adulto de su entorno”, explica Federico Beines, psiquiatra y escritor, especializado en infanto - juvenil.
Agrega un dato que es importante a la hora de perder los miedos: “En general, esta charla es más compleja para los padres. Los chicos hoy cuentan con más información, la sociedad se ha vuelto más inclusiva y esto lo perciben con una apertura y flexibilidad mayor a los que hemos sido criados en otra época. En general tienen una concepción más fluida de la sexualidad”.
Sin embargo, si esto no sucediera así, si los chicos se sintieran mal con esta revelación, el profesional aconseja hacer un acompañamiento los días posteriores, no sólo en el tiempo de la charla. “Desde el primer momento, los adultos tenemos que estar dispuestos a volver a hablar del tema las veces que sea necesario”, finaliza el Dr. Beines.
Sin dudas, todo el sentimiento de pérdida y de confusión que puede surgir al elegir vivir una nueva sexualidad no puede invisibilizar la importancia de una etapa de descubrimiento, de libertad y de construcción de nuevos vínculos.
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