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Sunday, November 8, 2026

Descubren por qué han desaparecido 1.000 millones de años de la historia de la Tierra: la respuesta estaba bajo nuestros pies

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Una investigación publicada en Nature relaciona la desaparición de cientos de millones de años del registro geológico con los movimientos del manto terrestre y las antiguas glaciaciones.

Christian Pérez

Publicado por Christian Pérez

Redactor especializado en divulgación científica e histórica

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Hay lugares donde las rocas cuentan una historia incompleta. En el Gran Cañón de Colorado, uno de los paisajes más estudiados del planeta, algunas formaciones geológicas descansan directamente sobre materiales que se originaron cientos de millones de años antes. Entre ambas capas debería existir un registro de los acontecimientos que transformaron la superficie terrestre durante aquel inmenso intervalo de tiempo. Sin embargo, ese capítulo sencillamente no está.

Este fenómeno, conocido como la Gran Discordancia, constituye uno de los grandes enigmas de la geología. No se limita al oeste de Estados Unidos. También existen evidencias de estas interrupciones del registro geológico en Europa, Asia y otras regiones del mundo. En determinados lugares, el vacío supera los 1.000 millones de años, una ausencia extraordinaria si consideramos que la Tierra tiene aproximadamente 4.540 millones de años.

Ahora, una investigación publicada en la revista científica Nature propone una explicación que obliga a mirar mucho más allá de las rocas visibles. Según sus autores, el origen de esta desaparición podría encontrarse a miles de kilómetros de profundidad, donde los lentísimos movimientos del manto terrestre llevan cientos de millones de años modificando la posición de los continentes.

El trabajo, desarrollado por Santosh Dhungana y Nicolas Flament, de la Universidad de Wollongong (Australia), plantea que el ascenso y posterior hundimiento de enormes masas continentales crearon las condiciones necesarias para borrar y conservar grandes fragmentos de la historia geológica terrestre.

Un misterio geológico que comenzó hace más de 500 millones de años

Para comprender la importancia del descubrimiento hay que remontarse al Precámbrico, el larguísimo periodo que comprende la mayor parte de la historia de nuestro planeta. Durante sus etapas finales, las tierras emergidas tenían una distribución muy diferente de la actual y experimentaban profundas transformaciones tectónicas y climáticas.

Hace aproximadamente 720 millones de años comenzó uno de los episodios climáticos más extremos conocidos. Durante el Criogénico, extensas glaciaciones afectaron al planeta, posiblemente hasta latitudes cercanas al ecuador. Es el escenario que los geólogos denominan Tierra Bola de Nieve, una hipótesis que describe un mundo cubierto por enormes extensiones de hielo.

Durante décadas, los científicos han considerado que aquellos glaciares pudieron desempeñar un papel decisivo en la Gran Discordancia. Su capacidad para arrancar, triturar y transportar materiales rocosos habría eliminado enormes cantidades de sedimentos previamente acumulados.

Sin embargo, esta explicación planteaba una dificultad: ¿por qué determinadas regiones conservaron aquella superficie erosionada mientras otras sufrieron historias geológicas completamente diferentes? La respuesta, según el nuevo estudio, podría estar relacionada con el comportamiento del interior terrestre.

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Los continentes se elevaron lentamente antes de volver a hundirse

Los investigadores desarrollaron seis modelos informáticos para reconstruir la circulación del manto terrestre durante los últimos 1.000 millones de años. Aunque suele imaginarse como una masa líquida, el manto está formado principalmente por roca sólida que, sometida a temperaturas y presiones extremas, puede deformarse y desplazarse muy lentamente.

Estos movimientos generan lo que se conoce como topografía dinámica. Dicho de otra manera, las fuerzas procedentes del interior del planeta pueden elevar o hundir regiones continentales de miles de kilómetros de extensión, incluso lejos de los límites entre placas tectónicas.

Las simulaciones revelaron que tres antiguos bloques continentales, Laurentia, Báltica y el norte de China, experimentaron condiciones favorables para una prolongada elevación durante el Neoproterozoico. Laurentia comprendía buena parte de la actual Norteamérica, mientras que Báltica formaba el núcleo de importantes territorios del norte de Europa.

El ascenso habría expuesto amplias superficies a la erosión durante millones de años. Posteriormente, a medida que cambiaba la circulación del manto, aquellas regiones comenzaron a hundirse. La entrada del mar permitió que nuevos sedimentos cubrieran las superficies antiguas, conservando así la interrupción del registro rocoso.

El hielo pudo terminar el trabajo que comenzó en las profundidades

Uno de los aspectos más interesantes del estudio es que no descarta el papel de las grandes glaciaciones. Al contrario, propone que el hielo y las fuerzas internas del planeta pudieron actuar conjuntamente, aunque mediante mecanismos diferentes.

La elevación continental habría creado un escenario especialmente favorable para la erosión, mientras que los glaciares del Criogénico habrían contribuido a retirar grandes volúmenes de roca. Los investigadores destacan que la erosión glaciar puede alcanzar tasas muy superiores a las de los ríos, incluso en terrenos de escaso relieve.

De esta manera, el manto habría determinado las condiciones generales del paisaje y el clima habría intervenido directamente sobre su superficie. La posterior subsidencia, es decir, el hundimiento progresivo del terreno, permitió que los depósitos sedimentarios enterraran las superficies erosionadas.

Los resultados también ayudan a explicar por qué la Gran Discordancia está tan bien documentada en Norteamérica. La considerable extensión de Laurentia y la menor alteración de buena parte de su interior habrían favorecido la conservación de este extraordinario testimonio geológico.

No obstante, los autores reconocen que existen incertidumbres importantes, especialmente en las reconstrucciones de las antiguas placas tectónicas. Además, sus modelos describen procesos a escala continental y no explican por sí solos todas las diferencias observadas entre yacimientos.

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Una posible conexión con la explosión de la vida animal

La investigación también abre una cuestión relacionada con uno de los acontecimientos más trascendentales de la evolución: la explosión cámbrica, iniciada hace unos 539 millones de años, cuando numerosos grupos animales comenzaron a diversificarse y dejaron abundantes evidencias fósiles.

La erosión prolongada de las masas continentales pudo modificar el transporte de minerales y nutrientes hacia los océanos, alterando sus condiciones químicas en un momento especialmente importante para la evolución de la vida compleja.

El estudio plantea esta posible relación ambiental, aunque no demuestra que los movimientos del manto provocaran directamente la diversificación animal del Cámbrico.

Lo verdaderamente significativo es que el vacío conservado entre las rocas podría registrar indirectamente un proceso mucho mayor: la interacción entre el interior de la Tierra, sus continentes, las grandes glaciaciones y los océanos. Una historia de cientos de millones de años cuyo rastro más revelador es, precisamente, todo lo que ha desaparecido.

Referencias:

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