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Sunday, November 8, 2026

Así era entrar en un quirófano hace 2.000 años: los médicos romanos utilizaban bisturíes y pinzas, pero no tenían anestesia moderna

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Bisturíes, pinzas, sondas y agujas quirúrgicas formaban parte del instrumental médico romano. Los descubrimientos arqueológicos revelan hasta dónde había avanzado la cirugía y los enormes peligros que afrontaban sus pacientes.

Christian Pérez

Publicado por Christian Pérez

Redactor especializado en divulgación científica e histórica

Creado:

Imagina que tienes que someterte a una operación hace 2.000 años. El médico dispone de un bisturí, unas pinzas y varios instrumentos metálicos cuidadosamente preparados. Algunos tienen formas que reconocerías inmediatamente si los vieras sobre la mesa de un quirófano actual. Sin embargo, hay una diferencia inquietante: no existe anestesia moderna y, si la herida se infecta, tampoco hay antibióticos para combatirla.

Aunque pueda resultar sorprendente, los médicos de la antigua Roma practicaban intervenciones que exigían conocimientos anatómicos, habilidad manual y herramientas especializadas. Podían tratar heridas, extraer determinados cuerpos extraños, intervenir sobre algunas lesiones y realizar procedimientos que hoy consideraríamos auténticas operaciones quirúrgicas.

Pero la medicina romana era también un mundo de enormes contradicciones. Junto a técnicas que demuestran una notable experiencia práctica convivían explicaciones equivocadas sobre el funcionamiento del cuerpo y tratamientos cuya eficacia era muy limitada.

Los instrumentos conservados permiten conocer mejor aquella realidad.

Los sorprendentes instrumentos quirúrgicos encontrados en Pompeya

Uno de los testimonios arqueológicos más conocidos procede de Pompeya, la ciudad sepultada por la erupción del Vesubio en el año 79 d. C.

Durante las excavaciones de una vivienda, posteriormente conocida como la Casa del Cirujano, aparecieron más de 40 instrumentos relacionados con la práctica médica, entre ellos sondas y bisturíes.

El hallazgo dio nombre al edificio, aunque no permite reconstruir con absoluta seguridad cómo se utilizaban todas sus habitaciones.

Las piezas muestran que los médicos romanos disponían de herramientas destinadas a funciones muy concretas. Los bisturíes permitían realizar incisiones, las pinzas servían para sujetar o extraer materiales y las sondas podían emplearse para explorar heridas o determinadas cavidades.

También se conocen agujas para suturar, ganchos e instrumentos especializados en procedimientos más complejos.

Muchos estaban fabricados en bronce, mientras que las partes cortantes podían ser de hierro o acero. Algunos bisturíes tenían mangos preparados para recibir hojas intercambiables, una solución especialmente práctica cuando estas se desgastaban.

La semejanza con ciertos instrumentos actuales resulta llamativa. Sin embargo, eso no significa que los médicos romanos pudieran realizar las mismas operaciones ni obtener resultados comparables a los de la cirugía moderna.

Imagen 1

¿Cómo soportaban los pacientes el dolor durante una operación?

Esta era una de las principales dificultades.

Los médicos antiguos conocían sustancias capaces de aliviar el dolor o provocar somnolencia. Entre ellas se encontraban preparados relacionados con el opio y determinadas plantas de efectos sedantes, como la mandrágora.

No obstante, sus efectos eran difíciles de controlar y podían resultar peligrosos. No existían los sistemas actuales para mantener a una persona anestesiada, vigilar sus constantes vitales o garantizar que permaneciera inconsciente durante una intervención.

Por eso, una operación podía convertirse en una experiencia extremadamente dolorosa.

El escritor romano Aulo Cornelio Celso, que vivió entre los siglos I a. C. y I d. C., dejó un testimonio especialmente revelador en su tratado De medicina.

Al describir las cualidades que debía reunir un buen cirujano, insistía en la necesidad de tener manos firmes, buena vista y suficiente determinación para continuar trabajando sin dejarse alterar por los gritos del paciente.

Sus palabras muestran hasta qué punto el dolor formaba parte de la realidad quirúrgica de la época.

Imagen 2

El mayor peligro podía aparecer después de la operación

Superar una intervención no garantizaba la recuperación.

Los médicos romanos podían limpiar heridas, aplicar vendajes y utilizar determinadas sustancias con propiedades útiles. También conocían técnicas para controlar algunas hemorragias, como la ligadura de vasos y la cauterización.

Sin embargo, desconocían la teoría microbiana de las enfermedades y no disponían de antibióticos. Una infección que hoy podría tratarse con relativa facilidad podía desencadenar complicaciones graves.

Además, la calidad de la atención dependía de numerosos factores. No todos los médicos tenían la misma formación y las posibilidades de recibir tratamiento variaban según la situación económica, el lugar de residencia y las circunstancias personales.

La medicina tampoco se limitaba a la cirugía. Los tratamientos incluían recomendaciones sobre alimentación, ejercicio, descanso y preparados medicinales, junto con prácticas religiosas a las que algunas personas recurrían buscando curación.

Lo verdaderamente fascinante es que la medicina romana no fue tan primitiva como solemos imaginar, pero tampoco tan avanzada como podría sugerir la apariencia de sus instrumentos.

Un bisturí de hace dos milenios podía parecerse bastante a uno moderno. La gran diferencia estaba en todo lo que los médicos todavía desconocían sobre el cuerpo humano y, sobre todo, en los recursos que necesitaban para mantener con vida a sus pacientes.

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