El actor Hugh Grant confiesa que se inventó una identidad falsa: "Si bebía una o dos copas, escribía correos como James y al despedirme firmaba como Hugh"

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Durante la década de los 90, el intérprete británico Hugh Grant vio cómo su carrera interpretativa era catapultada al éxito internacional gracias a una serie de papeles, habitualmente interpretados en comedias románticas, en los que el actor daba vida al rol prototípico del yerno perfecto, de blanca sonrisa y certeros comentarios. Sus romances fueron seguidos por millones de personas en todo el mundo en películas como ‘Cuatro bodas y un funeral’ (Mike Newell, 1994), ‘El inglés que subió una colina pero bajó una montaña’ (Christopher Monger, 1995), ‘Nueve meses’ (Chris Columbus, 1995), ‘Notting Hill’ (Roger Michell, 1999), o ‘Mickey ojos azules’ (Kelly Makin, 1999).

Ni siquiera el escándalo que el intérprete protagonizó a mediados de la década, cuando fue sorprendido por la policía de Los Ángeles en su propio coche manteniendo relaciones con una prostituta mientras mantenía un noviazgo con la también actriz Elizabeth Hurley, hizo que su popularidad decayera. En este contexto, el propio Grant tuvo que tomar cartas en el asunto para tratar de gestionar una fama tan grande que amenazaba con escaparse de su propio control. Fue precisamente este motivo el que hizo que durante algunos años, el actor británico despidiera a su agente y se inventase una falsa identidad a través de la cual controlaba todos los detalles de su propia carrera.

El propio Hugh Grant contó todos los detalles al respecto en agosto de 2016, durante una intervención en el famoso programa de radio ‘The Howard Stern Show’: “Ahora vuelvo a tener representante, pero estuve cuatro años sin tener ninguno. Les decía a todos: ‘Si queréis contactar conmigo, hablad con James Howeily, en Londres’. Y James Howeily no existía, era yo, con otra cuenta de correo electrónico. Me inventé ese nombre porque de pequeño me gustaba una chica que se llamaba Anne Howeily. Llevaba unos pendientes enormes y era atractiva. Así que decidí que James Howeily se encargaría de todo. Me llegaban correos que decían: ‘¿Puedes conseguir que Hugh lea este guion?’. Y yo respondía: ‘Sí, intentaré que lo lea esta semana’. Me ahorré una auténtica fortuna”.
Grant también explicó cómo esa falsa identidad comenzó a darle algunos quebraderos de cabeza que no supo cómo resolver: “Pero el problema era que la gente que me enviaba material quería tener una relación personal con James. Me decían: ‘La semana que viene vamos a Londres. ¿Quedamos para comer?’ Llegué a hacer llamadas telefónicas haciéndome pasar por él, pero al final me pillaron. No recuerdo qué pasó exactamente, pero una vez James tuvo que ponerse al teléfono. Casualmente estaba viendo el golf y había un comentarista escocés, así que pensé: ‘Vale, es escocés’, e hice un acento escocés bastante malo. Cuando alguien me llamaba, solían decirme: ‘Hola, señor Howeily, ¿cómo está?’. Y yo les respondía, claro: ‘Encantado de hablar con usted, me alegro de tener noticias suyas. ¿Cómo está? Haré que Hugh reciba ese guion lo antes posible’. En ocasiones me sentía un poco culpable por hacer eso. Y luego empecé a meter la pata, porque, si bebía una o dos copas, escribía correos como James y al despedirme firmaba como Hugh”.
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