Jerónimo Higuaín, primo del Pipita: de las críticas por el Mundial 2014 al goleador que brilla en el Ascenso

Ser el "hijo de", el "hermano de" o el "familiar de" tiene sus pros y sus contras. Etiquetas con las que, los que las tienen, van a convivir toda la vida. Pero hay dos caminos a la hora de enfrentarse a ese apellido: estancarse y quedar a la sombra o forjar una carrera propia. Jerónimo quiere ir por el segundo camino. Jerónimo estuvo lejos de los privilegios aun teniendo un DNI reconocido en el mundo de este deporte. Jerónimo, contrario a su primo, arrancó en el barro. Jerónimo, claro, es Higuaín.
Un nombre propio reconocido en el fútbol argentino. La dinastía de Jorge, que siguió con Gonzalo y Federico, y que hoy tiene que representar Jerónimo, es una bien pesada. Lejos de los flashes de la máxima categoría, el Pipa del Ascenso grita sus goles en el Deportivo Metalúrgico, equipo que milita en la cuarta división, el Promocional Amateur. Al goleador de la categoría (12 tantos en 10 presentaciones) no le pesa la historia de sus parientes, más bien todo lo contrario: es la bandera futbolística de un club que quiere hacer historia y llegar por primera vez a la Primera C.
El nueve es el máximo artillero de la quinta categoría del fútbol argentino.
" Yo llevo mi apellido y trato de disfrutar de jugar al fútbol, nada más", le dice el punta a Olé. Pero ojo, eso no significa que no le haya afectado en su carrera. Cuando era un pibito, las críticas hacia el Pipita por el Mundial 2014 le rebotaron a él, y cuando l legó a la Selección Sub 20, " algunos decían que estaba ahí porque soy un Higuaín", sostuvo. En una charla profunda, el menor del clan habló de todo: sus comienzos, su faceta goleadora, cómo repercutió el apellido en su carrera y hasta se animó a responder qué haría ante un hipotético interés de Boca. Mirá.
Jerónimo Higuaín con Olé
-¿Jugaste desde siempre al fútbol?
-Desde los cinco o seis años. Lo que pasa es que mi viejo es recontra futbolero y vengo de una familia muy futbolera, así que desde muy chiquito ya empecé con la pelota en los pies. Al principio jugaba al Baby en el club Palermo, un club de Capital. Después, como soy de Pilar, me fui a una escuelita de fútbol 11 llamada La Lupina y ahí conocí a un amigo que jugaba en Real Pilar. Le pregunté si existía la posibilidad de ir a probarme, me dijo que sí, fui, probé y quedé. Hice séptima, sexta, quinta, cuarta, reserva y llegué a debutar en Primera. El año pasado me dejaron libre, no me quisieron firmar contrato y hoy estoy acá en Metalúrgico.
-¿Viven mucho el fútbol ahí en tu casa o es solo tu viejo?
-No se habla tanto de fútbol en casa porque están medio podridos, je. Fue y es toda la vida fútbol, por eso no se toca mucho el tema, pero es muy lindo.
-¿Qué significó llegar a debutar en Primera?
-Fue algo único. La verdad que estaba muy feliz, sentí que demostraba todo el esfuerzo que venía haciendo desde que era chico. Yo me perdí muchísimas vacaciones y no viajé con mi familia un montón de veces por hacer mucho sacrificio para poder lograr eso. Cuando lo conseguí fue una demostración de todo ese proceso, de que todo valió la pena, así que estaba muy contento y feliz.
-¿Y en la familia cómo se vivió?
-Todos muy contentos, especialmente mi viejo, porque siempre me acompañaron desde el momento cero a todos lados. Imaginate que yo soy de Pilar y me iba a Capital todos los días a jugar a Palermo y después mi viejo se iba al laburo. No sabés el esfuerzo que hacía. Así que nada, estaban todos re contentos.
-¿Cómo llegaste a Metalúrgico? Un club que no está tan en el radar...
-Yo quedo libre en Real Pilar y me avisan en diciembre, dos semanas después de haber perdido la semifinal contra Acassuso por el ascenso al Nacional. Estaba buscando pruebas, no conseguía nada y justo me manda un mensaje el Polaco Sánchez, que es el ayudante de campo de Hugo Silva, el técnico de Metalúrgico. Me dijo que estaba esta posibilidad de ir, yo no tenía nada cerrado y fui. Cuando llegué fue una locura porque la manera de laburar del club era muy parecida a la de un equipo de la B Metro. Tenían un nivel muy bueno, así que me puse muy contento al llegar.
-¿Qué significó pasar de un club que peleaba por subir a la segunda categoría a uno de la quinta?
-Al principio era medio un bajón pasar dos categorías para abajo. Pero como te digo, la manera de laburar, el predio, el club, las comodidades que te dan y la calidad de jugadores que hay en el plantel te hacen cambiar de parecer. Es un club que trabaja como de Primera C o B Metro y eso me hizo sentir muy cómodo desde el primer día.
-¿Te sorprendió lo que te encontraste cuando llegaste?
-Sí, 100%. Es un club muy ordenado. Yo venía de la B Metro y pensaba que al venir a la última categoría me iba a encontrar con algo precario, pero nada que ver. Imaginate que el club te da un montón de comodidades: nos da el almuerzo, a veces nos da la cena, nos da la merienda y tenemos pensión para algunos chicos que vienen de lejos. Además tenemos un buen lugar para entrenar, pelotas, indumentaria, de todo.
Es más, han venido equipos de la C a hacer la pretemporada a nuestro club, como Yupanqui y General Lamadrid. También hay algunos equipos de la B Nacional que cuando vienen a jugar a Buenos Aires paran en nuestro predio. La verdad que en ese sentido está de diez puntos el club.
-¿Estás feliz con tu presente?
-Sí, la verdad que sí. Igual arranqué mal porque me fracturé la mano una semana antes de arrancar el torneo, me tuve que operar y me pusieron dos tornillos. Por eso me perdí casi toda la primera ronda. Pude volver en la segunda y por suerte me fue bien. Como el torneo es corto quería volver lo antes posible e incluso jugué los primeros partidos sin tener el alta médica completa para poder estar. Por suerte me fue muy bien, jugué medio torneo y estoy como máximo goleador, je.
Metalúrgico se quedó con los goles del Pipa.
Igualmente, siempre creo que se puede seguir mejorando y estoy pensando todo el tiempo en eso. Por ahí todos me dicen que estoy en mi mejor nivel y yo creo que no, que siempre se puede dar un paso más. Más allá de los goles, que es algo personal muy lindo, siempre apuntamos al bien del equipo y a querer salir campeones para lograr el ascenso.
-¿Con este nivel podés dar el salto a alguna categoría más arriba?
-Espero que sí, aunque trato de no pensar demasiado en eso. Quiero meterle de lleno a lo que queda del campeonato, que son partidos muy importantes, y después veré qué define el futuro.
-¿Te da presión tener el apellido Higuaín?
-La verdad que no. Yo llevo mi apellido y me gusta jugar al fútbol, no me pongo presión porque mis primos y mi tío hicieron una carrera impresionante, solamente me pongo muy feliz por ellos. Yo trato de disfrutar de jugar al fútbol y nada más, sin cargar con presiones ajenas.
-¿Tenés relación con ellos?
-Con Jorge Higuaín sí, pero con mis primos no tanto porque cuando yo era muy chico ellos ya estaban viviendo en el exterior y no nos veíamos casi nunca. De todas formas, cuando vienen para acá está todo más que bien. Pero con el que tengo más relación en el día a día es con Jorge, mi tío.
-¿Y las comparaciones cómo las tomás? Cuando te dicen el Pipa del ascenso, por ejemplo.
-Me pone contento, aunque sinceramente no le llego ni a la uña del pie a lo que fue Gonzalo. Que la gente haga esas comparaciones es lindo, pero si tuviera un cinco por ciento de lo que fue él estaría jugando en otro lado. Con tener un cuarto de su carrera ya me quedo más que conforme, je.
-¿Cómo te afectaban las críticas a tu primo?
-Me dolían mucho porque es mi familia. Cuando era más chico, allá por el 2014, en el colegio mis compañeros no tenían mucha conciencia y me boludeaban con eso o me tiraban comentarios que me caían muy mal. Toda la gente habla sin pensar en cómo se siente la persona. Todos opinan mirando la tele, por ejemplo, cuando erró el gol en la final. Pero nadie se pone a pensar en que tenés que estar en una final del mundo, hay que jugar ese partido y sentir esa presión. Hasta al mejor del mundo, que es Messi, le puede pasar de errar porque es fútbol. Que la gente haga esas críticas me parece muy despiadado.
-Y ahora que sos jugador de fútbol empatizás aún más, ¿no?
-Sí, me pongo en el lugar de él y de todos los jugadores. Esto es fútbol: por ahí la embocás y por ahí no. Es feo cuando las críticas apuntan a lastimar directamente en vez de ser constructivas, eso habla muy mal de los que las hacen.
-¿Por tu apellido te tratan distinto?
-No, la verdad que no. Capaz que me pasó cuando tuve un paso por la Selección Sub 20, donde algunos decían que estaba ahí por el apellido. Eso me daba bronca porque yo me rompí el lomo para llegar a la Selección y para llegar a Primera, pero siempre están los que dicen que es por un contacto. Para mí fue todo mérito propio. Después, en el grupo con mis compañeros soy uno más, el apellido queda a un lado. Yo soy Jerónimo.
-¿Fue el momento más importante de tu carrera que te convoquen a la Sub 20?
-Fue un orgullo enorme estar en ese predio, en esos vestuarios, vestir la camiseta de la Selección y compartir con los compañeros con los que me tocó estar. Es algo que no me voy a olvidar en la vida, fue algo único. Uno siempre sueña con volver a vestir esa camiseta, pero para eso hay que trabajar muchísimo.
-¿Y jugar en Primera?
-También, siempre se apunta a estar lo más alto posible. Hay que meterle mucho trabajo y creo que también influye un poco la suerte de no tener mala leche con las lesiones y estar en el momento indicado.
- Si Boca te llamara en algún momento de tu carrera, ¿irías a pesar de tener a tu familia identificada con River?
-Sí, obvio. Yo apunto a que esto es mi laburo. Jugaría en cualquier lugar con tal de jugar al fútbol y estar en la máxima categoría, no tendría ningún problema. Yo separo mi apellido de mi carrera.
-¿Cuáles son los sueños en esa carrera?
-Poder asentarme en un plantel profesional de Primera División e ir mejorando para llegar lo más alto posible, ya sea en la máxima categoría del fútbol argentino o afuera. Uno siempre apunta a lo máximo.
-¿Sentís que a este Metalúrgico se le puede dar el ascenso?
-Sí, hemos demostrado que somos un equipo muy bueno y capaz de lograr el ascenso. Lo demostramos contra el SAT, que fue finalista: le ganamos las dos veces y el segundo partido fue un triunfazo con muchos goles. Demostramos que somos un equipo al que hay que respetar, aunque esto es fútbol y puede pasar cualquier cosa.

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