Problemas, anhelos y oportunidades de la Región de O’Higgins

En el marco del proyecto “Esto es Chile: Construyendo puentes desde regiones” -una iniciativa conjunta de Cadem, Inacap y esta casa periodística, la cual también ha contado con el impulso de seis grandes empresas: ACHS, Agrosuper, Copec, Entel, Grupo Falabella y Unimarc- ha concluido la primera fase, con una completa entrega sobre la Región de O’Higgins, donde gracias a una serie de reportajes, estudios de opinión en terreno y un seminario en Rancagua que congregó a autoridades -entre ellas al biministro de Economía y Minería- y representantes de los más diversos sectores, fue posible construir una completa radiografía de dicha región, al identificar sus principales anhelos, inquietudes, oportunidades y aquellas características de la zona que más identifican a sus habitantes. Es un insumo valioso, porque además de dar voz a las regiones para que sean escuchadas en Santiago, permite a su vez entregar líneas sobre cómo orientar las políticas públicas para el desarrollo de O’Higgins. Es un ejercicio que se replicará con cada una de las regiones del país, donde a partir de este fin de semana los lectores de La Tercera ya comenzaron a encontrar contenidos sobre la Región del Maule.
Desde luego, el estudio llevado a cabo por Cadem reveló un sentimiento que probablemente se irá replicando en otras regiones: en O’Higgins el 61% piensa que la concentración de poder y recursos en Santiago resulta problemático para el desarrollo de la región, lo que revive el tema de la descentralización y cómo lograr que las regiones puedan conseguir mayores niveles de autonomía en la toma de decisiones. Sin embargo, el estudio también revela que la concentración de poder y decisiones también se da al interior de las propias regiones, de modo que no sorprende que la provincia de Cardenal Caro muestre rezagos respecto de otras zonas de la región, como por ejemplo en el caso de los servicios de salud o en el acceso a oportunidades de educación. Esto ilustra sobre la necesidad de ir cambiando lógicas muy arraigadas de cierto centralismo, que son también un llamado de atención para las autoridades regionales.
O’Higgins es una región que arrastra problemas relevantes: presenta tasas de desempleo de dos dígitos, una de las mayores a nivel nacional, en tanto que el crecimiento regional muestra un importante retroceso en el último tiempo, por lo que no debería sorprender que en cuanto a la realidad económica, las peores evaluaciones de sus habitantes -sobre el 70%- se refieran a las oportunidades laborales y el nivel de los sueldos. Un alto porcentaje estima que el cambio climático está afectando de forma concreta la economía y la vida cotidiana en la región, en tanto que sobre el 60% coincide en que hay que ir a otras regiones para acceder a educación de calidad y atención de salud especializada. Hay conciencia, además, que la región sigue dependiendo demasiado de ciertas empresas -como es el caso de El Teniente o Agrosuper- y necesita diversificar su matriz productiva; el 71% hace ver, además, que la agricultura necesita poder contratar mano de obra migrante que esté regulada, y un 67% resiente que la riqueza que genera la región no retorna en beneficios concretos para sus habitantes.
Pero allí donde podría suponerse que a la luz de esta realidad en O’Higgins cunde una sensación de pesimismo y desesperanza sobre el futuro, los hallazgos muestran una realidad muy diferente. Por de pronto, el 72% se declara orgulloso de pertenecer a esta región, percibiéndose una muy arraigada identidad regional tanto en su tradición agrícola y rural, pero también por las oportunidades que brinda su litoral, por ejemplo en el desarrollo del surf, antecedentes que son valiosos porque muestran que la región tiene mucho potencial para seguir fomentando áreas clave como el turismo. Otros datos muestran que los niveles de desigualdad son los más bajos a nivel nacional, y en 2025 hubo más nacimientos que defunciones, signos que por cierto son positivos.
Hay un ánimo de optimismo, cuando por ejemplo el 66% se declara muy optimista u optimista sobre el futuro de la región, en tanto que el 51% considera que en estos momentos la región va por buen camino. El 92% recomendaría a los jóvenes quedarse en la zona para formar familia, pero eso contrasta con el hecho de que 54% les recomendaría irse a Santiago para trabajar, o que el 72% lo recomiende para estudiar, lo que es un reflejo de los problemas estructurales que arrastra la región y que muchos, si pudieran, se quedarían en la zona. Hay avances con la puesta en marcha de la Universidad de O’Higgins, -con una alta matrícula de jóvenes que son de la región- así como el desarrollo de la oferta de institutos profesionales, pero todavía resulta insuficiente para generar un polo que evite tanta migración hacia la capital u otras regiones para seguir estudios superiores.
A la hora de ser consultados por los principales desafíos que enfrenta la región, seguridad y narcotráfico, empleo, crecimiento económico y costo de la vida figuran entre los principales, lo que va en sintonía con lo que ocurre en el resto del país.
Hay muchas oportunidades en la Región de O’Higgins. Cuenta con importantes actividades productivas -minería, industria vitivinícola, agricultura, y atracciones turísticas-, lo que la deja en buen pie para pensar en desarrollos productivos. Valioso es haber identificado una serie de productos con potencial de marca -vinos, frutas, la sal de Cahuil, el aceite de oliva de Lolol, el mimbre de Chimbarongo, las mantas de Doñihue y por supuesto la clásica torta Pompadour, entre otros-, que podrían constituirse en verdaderos emblemas de esta región.
“Esto es Chile” ha puesto a disposición del país estos insumos sobre O’Higgins, y es ahora tarea conjunta del sector público, el sector privado y las entidades educativas buscar las salidas a los problemas detectados y aprovechar también el enorme potencial que se ha revelado.
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