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Thursday, October 22, 2026

Pergolini tiene razón, ¿a quién le importa Milei?

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Mario Pergolini sorprendió a Ernesto Tenembaum y a María O'Donnell, y su respuesta -a la pregunta sobre cuánto tiempo de su cabeza ocupaba Milei- se viralizó. "Nada, nada de nada, de nada", repitió con énfasis el conductor de Otro día perdido. Y arriesgó: "Voy a decir un número exagerado, pero... al 80% de la gente le importa tres pitos Milei, los insultos de Milei, lo que diga Milei de cualquiera. No les interesa, no está en su cotidianeidad, no está en su charla...".

¿Se justificaba el asombro incrédulo de Tenembaum y O'Donnell? Una respuesta automática diría que sí: ¿cómo no va a importar lo que diga el presidente? Una mirada más detenida, en cambio, ofrece evidencia de lo contrario.

El informe de Pulsar, el laboratorio de Opinión Pública de la UBA, registró hace apenas semanas que el 63% de los argentinos está poco o nada interesado en la política. Más aún, el 42% no simpatiza ni se identifica con ningún partido. Puede pensarse que Milei ocupó precisamente ese vacío en el vínculo entre los votantes y los políticos, y por eso constituye una excepción, pero también que, con casi tres años de gestión, ya perdió su condición de "novedad" y es asimilado como uno más, con su cuota de escepticismo correspondiente.

A la contundencia de los porcentajes se añade la verificación del desgaste provocado en los ciudadanos por la confrontación entre los dirigentes. "Gran parte de la ciudadanía manifiesta desapego o saturación frente a las disputas mediáticas y confrontaciones institucionales, percibidas como ajenas a la agenda real", indica un informe de la consultora Zuban Córdoba.

La descripción de una ciudadanía desinteresada puede resultar contradictoria con una actualidad de continuas explosiones declarativas, sobre todo del propio presidente. Sin embargo, es justamente esa pirotecnia la que parece haber agotado a los argentinos y, lejos de despertar interés o adhesión, los aleja.

No muy distinto de lo registrado en Europa, a decir verdad. Allí, un relevamiento del Eurobarómetro mostraba este año que alrededor del 75% de los europeos no confiaba en los partidos políticos, cerca de la mitad de los jóvenes de entre 15 y 24 años se declaraba "poco o nada interesado" en la política, y apenas 1 de cada 10 jóvenes seguía las noticias políticas de manera habitual.

En Estados Unidos, en tanto, y según un informe del Pew Research Center, el 65% manifestó sentirse "exhausto" de manera frecuente o permanente cuando piensa en política. Y menos del 10% dijo tener esperanzas.

Sirve repasar los datos cuando en los últimos días franceses e italianos sufrieron movilizaciones que derivaron en violencia y saqueos; y en Francia se extendió el temor a una escalada que pusiera en peligro al gobierno de Macron.

Una pregunta posible, entonces, sería: ¿qué hay detrás del desinterés de los argentinos? ¿La desconexión es síntoma de normalidad o de desesperanza? Siguiendo la idea de Pergolini, y asumiendo como cierto que a la mayoría no le interesa lo que dice el presidente: ¿es un dato bueno o malo para él y para toda la clase política?

No hay respuesta simple. Lo que sí es seguro es que indiferencia y hartazgo no son lo mismo. Pero están cerca.

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