Hogueras en nombre de la libertad

Javier Milei inauguró el viernes una nueva fase de su cruzada por la libertad. Si la motosierra fue el instrumento simbólico para encarar el ajuste del Estado, ahora propone la hoguera como destino de periodistas que lo incomodan, empresarios y opositores políticos a los que acusa de golpistas.
La furia del inquisidor se apoderó de él después de que el juez federal Marcelo Martínez de Giorgi lo sobreseyó en la causa $LIBRA. A los gritos, ante un auditorio colmado, entonó un himno de intolerancia que sobrepasa la rutina de sus excesos verbales, a menudo frivolizados como el folclore de un líder extravagante. ¿Cuántas veces un presidente elegido por el voto popular llegó al extremo de invocar, aunque fuera en sentido figurado, la muerte violenta de ciudadanos con los que disiente?
Eligió el tono revanchista a la templanza de quien se sabe exculpado por la ley. Leyó un argumentario victimista, en el que exigió una compensación por “un año, 8 meses y 9 días de calumnias e injurias”. Describió un “intento de golpe de Estado por la vía institucional”, sin detenerse a explicar semejante oxímoron, acusó sin pruebas a LA NACION y nombró a cinco periodistas que siguieron el caso $LIBRA: Hugo Alconada Mon, Carlos Pagni, Paulino Rodrigues, Natalia Volosin y Luis Novaresio. Los trató de “corruptos” y “ensobrados”.
Preparó el clímax para pronunciar desde la altura de su poder como jefe del Estado la sentencia final de su alegato en el acto de la Fundación Faro: “¡Vamos a sacar a la Argentina de este pozo y esto implica ir contra todo el statu quo y lo voy a hacer! Pero que sepan muy bien que los hijos de puta en la Argentina no van a tener piedad. Porque, como decía Adam Smith, tener piedad con los hijos de puta es ser injusto con los buenos; y acá a los buenos les tiene que ir bien; los que se tienen que quemar en la hoguera son los hijos de puta”.

Parafraseó a Smith (“tener piedad con los malvados es ser injusto con los buenos”, decía el original), pero invirtió su espíritu. El liberalismo clásico y la Ilustración buscaban sustituir la venganza privada y el poder absoluto por la ley, el juicio justo y el control del poder estatal.
La libertad ha sido siempre la antítesis de una hoguera. El pensamiento liberal nació precisamente para extinguir las piras medievales y proteger al individuo frente al capricho del poder absoluto.
Recurrir al símbolo por excelencia del oscurantismo acaso sea un intento de asustar sin asumir la profundidad de sus dichos: la exageración funciona en Milei como una coartada para quitarle hierro a las palabras. “Viste cómo es Javier”, suelen decir fuera de micrófono funcionarios y amigos del Presidente para exculpar una conducta que los incomoda en ciertos espacios de convivencia social.
Los más contemplativos piden ahora entender la “hoguera” como una metáfora. Lógico. Eso sí, viene del mismo Presidente que dio una guerra por la literalidad cuando refutó a los que dicen que la gente no llega a fin de mes. “¿Si se quedan sin plata verdaderamente el 20, ¿cómo viven 10 días sin comer ni beber?”, repitió una y otra vez esta semana.
Preguntas sin respuesta
Aliviado por el fallo, Milei planteó un contragolpe redentor. “La Justicia volvió a poner las cosas en su lugar y quedó al descubierto la tremenda operación política y mediática, cuyo único objetivo fue dañar la investidura presidencial con fines golpistas”, dijo.
Su demanda expresa una confusión de roles. El periodismo no juzga ni declara culpables ni inocentes. Un eje central de su misión en una sociedad democrática consiste en controlar al poder, buscar información relevante para la ciudadanía, corroborarla y publicarla con el contexto adecuado. Su objeto no es descubrir delitos, tarea para la que están jueces y fiscales. Hay conductas de los que gobiernan, como la mentira, el descuido en sus funciones o la falta de ética que pueden no ser punibles y representan a la vez objeto de interés para la cobertura mediática.
“¿Quién se hace cargo de la basura que difundieron?”, clamó Milei ante sus militantes y financistas en un salón del Yacht Club. Presentó el fallo de Martínez de Giorgi como una refutación de todo lo publicado por los medios desde que él invitó con un tuit desde su cuenta oficial a invertir en una criptomoneda que colapsó en cuestión de horas.
La decisión del juez no desmiente ninguna de las principales revelaciones de la investigación periodística. No explica, por ejemplo, por qué Milei publicó el contrato de 44 caracteres que necesitaba cualquier persona que quisiera invertir en $LIBRA antes que ese dato estuviera disponible en ningún otro lugar de internet. ¿Quién se lo pasó?
No niega que el Presidente y Mauricio Novelli, uno de los creadores del token, hablaron siete veces en los minutos previos y apenas posteriores al lanzamiento del negocio, el 14 de febrero de 2025. Solo se atiene a descartar como prueba la información extraída del celular de Novelli con el argumento de que no se respetó la cadena de custodia, a raíz de que un informe preliminar de su contenido se filtró a la prensa.
Descartó el juez investigar los contratos hallados en el teléfono de Novelli y a los que aludió también el criptoempresario Hayden Davis sobre un supuesto pago de 5 millones de dólares por el impulso que Milei le daría a $LIBRA. Sostuvo que “de los informes remitidos por Presidencia no surge la existencia de actos administrativos relacionados con la iniciativa”. Es decir, le pregunta a los investigados si tienen alguna prueba que los incrimine. También dio por válido el dictamen de la Oficina Anticorrupción, dependiente del Ministerio de Justicia, que califica como privada la cuenta oficial desde la que Milei llamó a invertir en la cripto fallida.
La investigación periodística describió el vínculo de Milei con Novelli, un aventurero que creó una academia de inversores y se ilusionó con negocios millonarios cuando el líder libertario llegó al Gobierno. La historia de esa relación es muy descriptiva de la personalidad y el comportamiento del actual Presidente. Allí radica el interés público de contarla, aunque no se derive de eso ningún delito.
La ruta del dinero
El juez y el fiscal Eduardo Taiano coincidieron en sobreseer a todos los investigados sin siquiera citar a ninguno de ellos a declarar. Dieron por válidas las pruebas que le pidieron al Gobierno y descartaron investigar la ruta de las criptomonedas que movió Davis después de conseguir audiencia con Milei en la Casa Rosada. Mucho menos intentaron determinar qué pasó y quién tiene los más de 100 millones de dólares que capturaron los ganadores de la operación $LIBRA. A costa de muchos perdedores, a quienes se les negó el derecho a ser querellantes.
Por supuesto el fallo no entra –ni debía hacerlo- en el análisis de la reacción de Milei y su gobierno cuando quedó en evidencia el colapso de $LIBRA. “No estaba interiorizado en los pormenores del proyecto”, dijo el Presidente en la noche tórrida del día de los enamorados. Días después insistió en que lo difundió como lo hace con “cientos de cosas”, aunque no había antecedentes que lo avalaran. ¿No tenía sentido periodístico cubrir las explicaciones de un jefe de Estado y corroborar la verosimilitud de su relato?
Bajo el esquema narrativo que planteó el viernes Milei, toda investigación, toda pregunta incómoda, toda opinión disonante con sus ideas se convierte automáticamente en un intento de desestabilización. Si la crítica es golpismo y el periodismo es corrupción, la única conducta tolerable es la sumisión o el aplauso ciego.
El viernes escucharon las advertencias de Milei empresarios como José Luis Manzano, Claudio Belocopitt, Marcelo Mindlin, Eduardo Eurnekian y Francisco De Narváez. Entre ellos se mezclaban políticos que hicieron carrera como abanderados de los valores republicanos, el diálogo y la libertad de expresión. Macristas, radicales, liberales de distintos linajes. Incluso Patricia Bullrich, en campaña por cultivar un perfil propio en el ambiente libertario, avaló tácitamente los ataques de Milei. Este mismo sábado publicó una foto abrazada a él debajo del escenario: “Una noche de ideas y de libertad en Fundación Faro con el Presidente”.
Sobraron aplausos y sonrisas y ninguna voz incurrió en la herejía del matiz. Todos bien comprometidos en la lucha contra “la casta” y el “status quo” que anunció Milei. ¿Quién encenderá la primera hoguera?
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