Todavía a propósito del Clásico
La grada de animación ha pagado los platos rotos en el partido ante el Alavés por los incidentes del encuentro ante el Real Madrid, con intento de agresión a un jugador blanco por parte de un socio del Barça con el palo de una bandera. Por cierto, un socio que imagino que ya debe ser un ex-socio.
Nada que discutir con relación a los comportamientos violentos, racistas ni en relación con los insultos (tampoco los insultos). No deben tener cabida en un estadio, en un pabellón ni en un terreno de juego. No hay excusas que valgan. Se deben condenar y perseguir.
Cuatro filas frente a mi asiento (córner gol norte) había un padre y un hijo (10-12 años). En un determinado momento algunos energúmenos empiezan a gritar lo de “P*** Real Madrid”. El niño se levanta automáticamente del asiento y haciendo la peineta con las dos manos comienza a gritar lo mismo como un energúmeno. Y su padre, ¡oh sorpresa!, le imita. Padre e hijo unidos por la mala educación y el insulto, ... El ejemplo que estamos dando es para reflexionar como sociedad.
Por cierto, en mi asiento para este partido tenía al lado tres chinos, y en frente un grupo de 6 personas sudamericanas ocupando dos filas. Dos filas más allá una familia que parecían rusos, etc, etc. Esto ocurría en un Barça-Real Madrid, uno de los partidos más emocionantes e intensos que puede vivir un culé en su estadio. Pero, claro, después nos quejamos de que el campo no anima como antes.
Y todo tiene explicación. ¿Cuánto valían las entradas para ese partido? Auténticas barbaridades y globalmente un despropósito. ¡Ah! ¿Qué se hizo récord de recaudación? Pues vendría a ser cómo vendernos el alma, ¿no?
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