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Saturday, October 17, 2026

El 'show' de Alí en Barcelona

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Cassius Clay tenía la particularidad poco boxística de protegerse con las manos en las sienes. No tenía el estilo ortodoxo de un peso pesado. Confiaba en la rapidez de sus golpes para atacar. A los 22 años ya era campeón del mundo tras ganar a Sonny Liston.

Clay dio un giro a su vida en siete años, desde 1960 a 1967. Fue oro en los Juegos Olímpicos de Roma y al año siguiente se hizo musulmán alistándose en la organización socio-política y religiosa ‘Nación del Islam’ tomando el nombre de Muhammad Alí. Entre 1966 y 1967 defendió siete veces su cetro mundial.

Fue inflexible en sus convicciones hasta el punto de poner fin a su meteórica carrera en abril de 1967. Alí se negó a ser reclutado en el Ejército alegando su confesión religiosa y su oposición ética a la guerra del Vietnam. Por ello fue condenado a cinco años y desposeído de sus títulos y su licencia.

Al mes siguiente, el torero Luis Miguel Dominguín, fue en su busca. Atraído por su carisma en el cuadrilátero visitó al ‘loco de Louisville’ en el gimnasio del Madison Square Garden. El diestro madrileño se codeaba con famosos en fiestas y actos culturales, además de ser el propietario de la plaza de Las Ventas. Tenía interés en ver entrenar a Alí con la intención de hacer su presentación en la plaza de Madrid, su ‘première’ en España.

“Estuvo conversando con su entrenador Angelo Dundee y con el campeón Ray ‘Sugar’ Robinson. Dominguín subió al cuadrilátero y Alí, bromeando como un niño, se llevó las manos sobre sus sienes y con los dedos simuló los pitones de un toro”, explica el escritor y divulgador histórico Rafael Dupoy Gómez en su blog ‘Historias taurinas’.

“Luis Miguel, con su gabardina toreó al famoso campeón mundial del peso pesado, resultando una escena bastante divertida. Luis Miguel estuvo negociando una pelea de campeonato de boxeo para que fuera presentada en Vista Alegre”, añade.

El Tribunal Supremo devolvió la licencia al boxeador en 1971 y le reconoció su derecho a no servir al Ejército por motivos religiosos.

Una gira de exhibición llevó al boxeador a La Monumental de Barcelona el 1 de agosto de 1972. Antes hizo un combate en Casablanca contra el peso medio Mali Sonukalo. Entre su séquito se encontraba el preparador Angelo Dundee, su esposa Belinda y su madre Odessa.

En esos meses Barcelona vivía revueltas estudiantiles, el entierro multitudinario de Samitier y la devastación del Camp Nou a cargo de 20.000 escoceses del Rangers en la final de la Recopa de contra el Dinamo Moscú.

El grupo de Alí se había acuartelado en el hotel Manila, donde se celebró una rueda de prensa a la espera del combate nocturno con Goyo Peralta (ocho asaltos de dos minutos).

La comparecencia discurrió entre desafíos y arengas pacifistas. Urtain, campeón europeo de los pesados, fue el primero en recibir. “Ceo que Urtain es un buen boxeador, probablemente el mejor de Europa. Me gustaría pelear con él para tener la ocasión de machacarle y terminar definitivamente con este fantoche (…). Mi propósito cuando subo a un ring no es el de matar. Los que van a la guerra, en cambio, sí que matan, especialmente mujeres y niños (…)”. Alí concluyó gritando “¿Dónde está Peralta?”.

A cambio de un millón de pesetas, el fenómeno de Louisville le dio a su público su ración de hilaridad y fanfarronería. También de su estilo magnético. Ya en calzón fue vitoreado y, tras subir a la lona, Alí se encaró con Urtain en el rincón del agua con empujones y amenazas que incendiaron la plaza.

Alí se negó a estrechar la mano del ‘Morrosko’. El vasco le perseguía y el americano le evitaba hasta que fue atrapado por la cintura. Luego fue Alí quien buscó de su rival. Parecía una escena de vodevil entre dos gallitos. Todos picaron con el ‘sketch’.

“Cassius atrajo los aplausos en la misma medida que las protestas”, tituló El Mundo Deportivo. “Cuando sonó la campana, sonó el Clay artista, dio paso al Clay boxeador, y aquí hay que quitarse el sombrero aunque los golpes fueran a medio fuego y acolchados por los guantes de mucha crin (…). Cassius bailaba y bailaba y disparaba su izquierda. Fue una buena exhibición, nadie puede sentirse defraudado pues se vio lo que se había anunciado y, a falta de fuerza y potencia, había esgrima, movilidad y un contraste de estilos…”, escribió Carlos Pardo.

(Al tratarse de una exhibición y un combate de potencia controlada se hizo sin jueces ni árbitros y con guantes grandes de 16 onzas (28,75 gramos) para absorber impactos. No se anunció ganador).

VINTAGE / 1947-54

'Manque pierda', la expresión de fidelidad que el beticismo creó en los años oscuros

Ningún equipo como el Real Betis para convertir sus adversidades en una frase de fidelidad y militancia a los colores sin atender al resultado. ‘Manque pierda’. Dos años después de ascender a Primera División, con una plantilla con muchos jugadores vascos, los verdiblancos ganaron la Liga 1934-35. El entrenador era el irlandés Patrick O’ Connell, que sería fichado después por el FC Barcelona, donde afrontó la contienda civil y la gira por México y EEUU para salvar al club. Años después, el Betis pasó sus etapas más sombrías deambulando por la Tercera División durante siete años (1947-54). 

La hinchada reaccionó llenando el estadio Heliópolis y acudiendo masivamente por todos los campos animando al equipo. La primera noticia de la famosa frase ‘Manque pierda’ apareció en una fotografía del diario ’Sevilla’, en un Utrera-Betis de la temporada 1953-54, con el equipo formado y una pancarta con la expresión citada. El ‘Manque pierda’ alcanzó notoriedad en toda España gracias a ‘Oselito’, un personaje del ilustrador y escritor coriano Andrés Martínez de León.

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