Chupilca del cielo

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La chupilca era un desayuno del campo chileno de antaño, mezcla de vino y harina tostada. Esta variación del ulpo quitaba el frío y aportaba gran energía. Durante la Guerra del Pacífico, a falta de vino, las tropas centro-sureñas bebían su harina tostada con aguardiente y con azúcar. De ahí nació el mito, difundido luego por Adiós al Séptimo de Línea de Jorge Inostroza, de la “chupilca del diablo”: una supuesta combinación de aguardiente y pólvora que habría puesto a los guerreros chilenos en un trance invencible, cuales berserkers vikingos. Gracias a este brebaje, cuenta la leyenda, se tomó el Morro de Arica.
Inspirado en esas historias, la destilería Zunda de Franklin inventó su propia CHUPILCA (del diablo). La hizo partiendo por un alcohol de grano 9 veces destilado, suave como la seda, de 36.5 grados. Luego le agregó lúcuma, caramelo artesanal, pimienta negra (la pólvora) y roble francés tostado, que le da un toque a humo. Al final, al macerado se le pasa por un filtro de carbón activado, que extrae todas las partículas remanentes, dejando un líquido color whisky limpio y brillante. El resultado es absolutamente delicioso, sublime para quien, como yo, ama la lúcuma. Es como un Jim Beam Winter Reserve, mejorado. Gran bajativo e ideal para acompañar una leche asada o una copa de helado de vainilla o de crema. Bañaría cualquier bizcocho en esta maravilla. Y está cantado un chupilca sour. ¿Quién dijo que todo va mal en Chile? Nuestros destilados viven su mejor momento.
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