Desempleo, créditos elevados y prioridades que cambiaron: la ruta cada vez más prolongada hacia la casa propia

Este miércoles el Presidente de la República, José Antonio Kast, dio a conocer un nuevo proyecto de ley de reforma al mercado de capitales y financiamiento de la casa propia, con el objetivo de entregar más alternativas en la materia, buscando que las personas se conviertan en propietarias más que en arrendatarias. Lo anterior, de la mano con el Fondo Nacional para la Vivienda (Fonavi), al que el Estado inicialmente inyectará US$500 millones, totalizando US$2.000 millones, entre otras medidas.
Este anuncio se presenta en un complejo momento para los jóvenes. La tasa de desempleo en chilenos de hasta 25 años alcanza un 23,5%, cifra que triplica el promedio nacional, cercano a 9,4%, lo que se traduce en que 1 de cada 4 personas de este rango etario no tiene trabajo.
Esta situación, sumado a factores económicos propios del país, ha derivado en una crisis asociada a la vivienda. Los altos costos de créditos, tasas de interés y los bajos sueldos, en su conjunto hacen que hoy en día para un joven sea prácticamente imposible cumplir con el sueño de la casa propia.
A la fecha, solo un 23% de los menores de 35 años puede acceder actualmente a una vivienda, en contraste con el 53% que lo hacía en 2010. Así lo establece un reciente estudio realizado por la consultora inmobiliaria Colliers.
En el aspecto monetario también se suman situaciones sociales o sociológicas, como que los jóvenes se van cada día más tarde de la casa de sus padres, y a su vez, tienen otras prioridades, como viajar, antes que comprar una casa o departamento.
Esta situación se replica en otros países de la región. La mayoría lo enfrenta a través de diferentes subsidios habitacionales, así como crédito estatales, lo que al final de cuentas no logra solucionar el problema realmente.
Por ejemplo, en naciones donde la inflación es muy alta, como Argentina o Venezuela, el acceso a un crédito hipotecario es prácticamente imposible.
El fenómeno contrasta con la realidad a nivel país. Así lo ratifica el último Censo, realizado en 2024 por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), el que establece que la forma predominante de tenencia en Chile es la vivienda propia (61,1%), cifra que se desagrega en vivienda propia pagada (47,3%) y vivienda propia en proceso de pago (13,8%).

Loreto Rojas-Symmes, directora del Departamento de Geografía de la Universidad Alberto Hurtado, ratifica que hoy el acceso de los jóvenes a una vivienda propia es considerablemente más difícil que en décadas anteriores. “Pero creo que el problema no debiera leerse solamente como una dificultad para comprar una casa. Lo que estamos viendo es una transformación más profunda de las trayectorias residenciales. Para muchos jóvenes se hace más difícil salir del hogar de origen, acceder a una vivienda autónoma y sostener esa autonomía en el tiempo”.
“La propiedad sigue siendo una aspiración importante, pero se ha ampliado la distancia entre esa aspiración y las condiciones materiales para concretarla. Esto también está modificando los tiempos de entrada a la vida adulta. La vivienda propia sigue siendo un horizonte relevante, pero para una parte de las nuevas generaciones ha dejado de ser un paso relativamente previsible para transformarse en una posibilidad cada vez más tardía y socialmente diferenciada”, agrega Rojas-Symmes.
Por su parte, Sandra Jerez, ingeniera de la Universidad Mayor y gerente general de Capital Inteligente Chile, explica que esta crisis también contempla aspectos sociales y sociológicos, indicando que el 53% de los jóvenes entre 25 y 29 años todavía vive con su madre o padre, según la 11ª Encuesta Nacional de Juventudes. “Y esto ocurre en un contexto donde la vivienda representativa pasó a requerir 11,4 años de ingresos de un hogar medio, versus 3,9 años en 2009″.
La académica de la UAH añade que “el acceso a la vivienda está atravesado por profundas desigualdades familiares e intergeneracionales. No todos los jóvenes parten desde el mismo lugar. Algunos pueden recibir ayuda para financiar el pie, contar con una propiedad o una garantía familiar, o permanecer más tiempo en el hogar de sus padres mientras ahorran. Otros no tienen ninguna de esas posibilidades”.
La ingeniera de la U. Mayor revela que la forma en que los jóvenes construyen su vida adulta cambió. “Antes existía una secuencia mucho más clara: estudiar, trabajar, independizarse, casarse, comprar una vivienda y formar una familia. Hoy esas etapas están mucho menos estructuradas y se van postergando o incluso superponiendo”.
“La vivienda es parte de ese cambio, pero también es consecuencia de él. Hay jóvenes que permanecen más tiempo con sus padres porque están estudiando, porque están comenzando su vida laboral o porque económicamente les conviene. Y también hay una mayor valoración de la independencia, pero no siempre existen las condiciones económicas para ejercerla”, explica Jerez.

Rojas-Symmes considera que hoy no basta con tener empleo para acceder a una vivienda. “Se necesita además capacidad de ahorro, estabilidad suficiente para endeudarse a largo plazo y una oferta de vivienda compatible con los ingresos. Por eso hablaría más bien de una creciente brecha entre el funcionamiento del mercado de vivienda y las condiciones laborales y económicas de las generaciones jóvenes”.
Jerez es clara al señalar que “estamos frente a una de las generaciones que más dificultades ha tenido para acceder a su primera vivienda. Y no necesariamente porque los jóvenes no quieran comprar, sino porque la ecuación se volvió mucho más difícil”.
Esta última sostiene que “hoy un joven necesita resolver varias cosas al mismo tiempo: tener un ingreso estable, capacidad de ahorro para el pie, cumplir con las condiciones para obtener un crédito y, además, poder asumir un dividendo por muchos años”.
KioskNews shows a cleaned-up reading view extracted from the publisher’s page — the original always lives on their site, not ours.