Arte rupestre nórdico y propaganda nazi: la búsqueda de un origen germánico que obsesionó a la Ahnenerbe
Un estudio en "Antiquity" revela cómo la Ahnenerbe fabricó 221 moldes de arte rupestre sueco entre 1935 y 1936 para intentar sostener la mitología racial germánica.
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En el verano de 1935, un coche se dedicó a recorrer las carreteras del sur de Suecia con un objetivo insólito: copiar miles de grabados rupestres prehistóricos. Sin embargo, no se trataba de un proyecto arqueológico convencional. Detrás de aquel viaje estaba la Ahnenerbe, el think tank creado por Heinrich Himmler apenas unas semanas antes, y un erudito germanoneerlandés llamado Herman Wirth, convencido de haber encontrado en las rocas de Bohuslán la lengua escrita más antigua de la humanidad.
Lo que comenzó como una expedición científica derivó en una de las operaciones de propaganda histórica más singulares del Tercer Reich. Durante dos campañas, entre 1935 y 1936, un equipo alemán fabricó 221 moldes de yeso de grabados rupestres suecos, daneses y noruegos, con la convicción de que aquellas figuras contenían las claves de una civilización aria originaria de un Atlántico nórdico perdido.
Más de noventa años después, esos mismos moldes reposan en museos suecos, convertidos en un testimonio incómodo, pero valioso para comprender el ideario pseudocientífico del nazismo. Ahora, un estudio reciente, publicado en la revista Antiquity y firmado por el profesor Mattias Legnér, analiza por primera vez en profundidad estas piezas.
La Ahnenerbe fabricó 221 moldes de arte rupestre escandinavo entre 1935 y 1936 para sostener sus teorías sobre el origen ario.

Una organización nacida para reescribir la prehistoria
La Ahnenerbe se fundó el 1 de julio de 1935 por iniciativa de Himmler, el ideólogo agrario Richard Walther Darré y el propio Herman Wirth. Tenían una triple misión: estudiar las ideas de los pueblos indogermánicos, difundirlas entre la sociedad alemana y convertirlas en una identidad viva para la nueva Alemania. En la práctica, la organización se convirtió en el brazo académico de la SS, encargado de dotar de raíces prehistóricas a la supuesta superioridad racial germánica.
Wirth llevaba años defendiendo esa tesis. En su libro Der Aufgang der Menschheit (El surgimiento de la humanidad), de 1928, ya sostenía que una raza nórdica primigenia había emigrado desde una supuesta Atlántida hundida hacia Escandinavia, donde habría desarrollado un culto solar propio y una escritura sagrada. Poco después de que se fundara la Ahnenerbe, Himmler encargó a Wirth su primera expedición. Tenía un objetivo claro: copiar el arte rupestre de la Edad del Bronce sueco, que ambos creían portador de esa lengua primigenia olvidada.
La Ahnenerbe tenía una triple misión: estudiar las ideas de los pueblos indogermánicos, difundirlas entre la sociedad alemana y convertirlas en una identidad viva para la nueva Alemania.
Bohuslán, el laboratorio al aire libre de la Ahnenerbe
Con sus cerca de 40.000 grabados datados entre 1800 y 300 a. C., la región costera de Bohuslán era, desde hacía décadas, el yacimiento de arte rupestre más célebre de Europa. Fue allí donde se concentró el trabajo de campo del grupo.
En 1935, el equipo de Wirth produjo 113 moldes en apenas unas semanas. Un año después, con más presupuesto y personal, la segunda expedición alcanzó los 221 vaciados, la mayoría procedentes de territorio sueco.
La técnica empleada recurría a un armazón de madera, sellado con arcilla directamente sobre la roca. Se aplicaba un líquido jabonoso para facilitar el despegue y se vertía yeso reforzado con arpillera y una malla de hierro. Un escultor supervisaba cada vaciado y, cuando el resultado no era lo bastante preciso, Wirth repetía el proceso. Esa obsesión por el detalle resulta llamativa: si el objetivo final era construir un relato ideológico, ¿por qué invertir tanto esfuerzo en la exactitud cuando existían métodos más rápidos para documentar los grabados, como el calco o la fotografía?
Himmler solo consideraba auténticos los moldes tomados directamente sobre la roca, nunca las copias fabricadas a partir de dibujos.

El disco de Fossum, un calendario convertido en escritura sagrada
La respuesta está en cómo Wirth entendía su propia disciplina. Como dejó escrito, "quien desee conocer la prehistoria intelectual de la raza nórdica a partir de los grabados rupestres nórdicos tendrá que acudir en el futuro a la Deutsche Ahnenerbe, pues solo allí se exhibirá una visión de conjunto de los principales monumentos".
Su objetivo no era obtener ilustraciones artísticas de las piezas, sino pruebas verificables de un alfabeto perdido. Entre todos los grabados copiados, hubo uno en especial que adquirió un valor casi sagrado: el llamado disco de Fossum, una pieza de 89 por 72 centímetros con dos discos radiados, dos huellas de pies, una embarcación y varias cazoletas.
Para Wirth, aquel disco representaba un calendario solar, con el solsticio de verano y el de invierno marcados en sus extremos. Interpretó las líneas que salían del círculo como runas primitivas, antecesoras directas de las runas "man" y "sig", símbolos que la propia SS adoptaría después en su heráldica. Llegó incluso a proponer que Hitler recibiera una réplica del disco como regalo de Navidad en 1936.
Esa lectura, sin embargo, no convenció a los especialistas suecos. El prehistoriador T. J. Arne acusó directamente a Wirth de falsificar los moldes en una carta de 1939. Además, gran parte de la comunidad académica sostenía que las runas habían llegado a Escandinavia mucho después, importadas del sur de Europa. La disputa ilustra un mecanismo clásico que se repite en la historia de las pseudociencias: tomar un objeto real y forzar sobre él una interpretación que sirva a una idea previa.
El disco de Fossum se convirtió para Wirth en la prueba de un calendario solar y una escritura anterior a las runas conocidas.
Autenticidad bajo control y la caída de un visionario
Aunque Himmler había impulsado el proyecto, no compartía todos los planes de Wirth. Si bien el jerarca nazi autorizó las expediciones, prohibió expresamente fabricar réplicas "artificiales" a partir de los dibujos publicados. Desde su punto de vista, solo los moldes tomados directamente sobre la roca se consideraban auténticos, porque habían tocado la piedra original. Esa exigencia de asegurar la autenticidad del material se repetiría en otros proyectos de la SS, como el monumento de Sachsenhain, construido únicamente con rocas glaciares procedentes de Escandinavia.

El propio Wirth terminaría marginado. Su teoría sobre el liderazgo espiritual femenino en la sociedad germánica antigua chocaba con el ideal masculino y guerrero que cultivaba el nazismo. Por otro lado, una crónica genealógica que había publicado años antes resultó ser una falsificación decimonónica. Tras su expulsión, Himmler ordenó guardar los moldes bajo llave en Berlín y, en 1938, el propio director de la Ahnenerbe pidió a Wirth que destruyera cualquier copia que aún pudiera conservar.
Las disputas entre Wirth y la academia ilustra un mecanismo clásico que se repite en la historia de las pseudociencias: tomar un objeto real y forzar sobre él una interpretación que sirva a una idea previa.
Del olvido a la vitrina: qué queda hoy de aquellas huellas
Los moldes de Wirth sobrevivieron a la guerra y acabaron en Austria, donde permanecieron expuestos hasta que el país empezó a revisar críticamente su pasado nazi. En 2018, la mayoría se donó a la Universidad de Gotemburgo y hoy se conservan en el Museo de Västergötland y en los Museos Históricos Nacionales de Estocolmo. Lejos de descartarlos, los arqueólogos suecos los han usado para algo que sus creadores nunca imaginaron: evaluar cuánto se ha erosionado el arte rupestre original desde los años treinta del siglo XX, un dato crucial ahora que Tanum es Patrimonio Mundial de la Unesco.
Los mismos objetos que se elaboraron para sostener una mentira racial se han convertido en una herramienta científica legítima para la conservación patrimonial. Estudiar cómo y por qué la Ahnenerbe fabricó esas piezas ayuda a entender cómo el rigor metodológico puede ponerse, sin contradicción aparente, al servicio de ideas erróneas y peligrosas.
Referencias
- Legnér, M. 2026. "Nordic rock art and Nazi mythology: the Ahnenerbe and the search for Germanic origins". Antiquity, 1-17. DOI: https://doi.org/10.15184/aqy.2026.10430
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