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Tuesday, September 29, 2026

Hallaron sus restos en 1859 y tardaron 167 años en identificarlo: el ADN confirma la identidad de un oficial de la expedición Franklin

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Descubre cómo el ADN mitocondrial ha permitido descubrir la identidad de Harry Peglar, uno de los oficiales desaparecidos durante la expedición Franklin en el Ártico.

Erica Couto

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Es una de las expediciones árticas más memorables de la historia y también una de las más trágicas. La expedición Franklin, que ha sido objeto de novelas y series televisivas tan exitosas como The Terror, se cobró la vida de toda la tripulación que viajaba a bordo del HMS Terror y del HMS Erebus. En los últimos años, las investigaciones científicas han dado un paso adelante en lo que respecta a la recuperación e identificación de algunos miembros de la marinería perdida, como ha sido el caso de John Bridgens, William Orren y David Young. Ahora, un nuevo hallazgo se suma a los anteriores.

Durante más de un siglo y medio, las discrepancias entre los datos que proporcionaban un esqueleto abandonado en la costa de una isla ártica, unos documentos que apuntaban a un hombre concreto y unas prendas que señalaban a otro distinto no permitieron cerrar uno de los expedientes más persistentes de la expedición Franklin. En 2026, el ADN mitocondrial ha resuelto la incógnita de la identidad de uno de los tripulantes perdidos.

El ADN mitocondrial ha permitido descubrir la identidad de uno de los marineros de la expedición Franklin después de décadas de debates.

Un cuerpo, dos identidades posibles

En 1859, una partida de búsqueda dirigida por Francis Leopold McClintock encontró un esqueleto en la costa meridional de la isla del Rey Guillermo, en el actual territorio de Nunavut. Junto a los restos aparecieron documentos, los llamados Peglar Papers, que apuntaban a que el cuerpo pertenecía a Henry Peter "Harry" Peglar, capitán de la cofa de proa (es decir, el marinero encargado de la vigilancia desde la parte alta del mástil) del HMS Terror.

Sin embargo, algo no encajaba. El cuerpo vestía prendas asociadas a un mayordomo o al sirviente de un oficial, no a un hombre del rango de Peglar. Esa anomalía planteó una duda razonable: ¿y si los documentos hubieran sido transportados por otra persona hasta ese punto de la marcha? Esa contradicción mantuvo la investigación en suspenso durante 167 años.

Costa ártica desierta, sujeto: huesos de un esqueleto parcialmente enterrados en grava; composición en diagonal con bruma; es

Junto a los restos aparecieron documentos, los llamados Peglar Papers, que apuntaban a que el cuerpo pertenecía a Henry Peter "Harry" Peglar

¿Qué fue la expedición Franklin?

La expedición Franklin partió de Inglaterra el 19 de mayo de 1845 a bordo del HMS Erebus y el HMS Terror, con el objetivo de completar el Paso del Noroeste, la ansiada ruta marítima a través del Ártico canadiense. Embarcaron 134 hombres, pero cinco regresaron desde Groenlandia, de modo que 129 continuaron hacia el norte.

En septiembre de 1846, los buques quedaron atrapados por el hielo y se abandonaron el 22 de abril de 1848. Los 105 supervivientes emprendieron entonces una marcha terrestre hacia el sur en busca de una ruta de salvación. Ninguno lo consiguió. La expedición Franklin se convirtió así en una de las mayores catástrofes de la exploración polar, un rompecabezas que la arqueología, la tradición oral inuit y, ahora, la genética siguen reconstruyendo pieza a pieza.

El cuerpo vestía prendas asociadas a un mayordomo o al sirviente de un oficial, no a un hombre del rango de Peglar. ¿Y si los documentos hubieran sido transportados por otra persona hasta ese punto de la marcha?

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El estudio que resolvió el misterio de la identidad del esqueleto se publicó en 2026 en la revista Polar Record por Douglas R. Stenton, Stephen Fratpietro, Kaitlyn Gorsalitz y Robert W. Park. El equipo de estudio recurrió a una cadena de evidencias convergentes.

El primer eslabón se encuentra en el ADN mitocondrial, un tipo de material genético que se hereda principalmente por línea materna y que resulta muy útil en restos antiguos. Puesto que cada célula contiene numerosas copias de estas moléculas, aumenta la probabilidad de recuperar una secuencia legible. Los investigadores extrajeron ADN de los huesos y compararon el perfil obtenido con el de descendientes vivos, que se localizaron mediante una investigación genealógica.

Según los investigadores, el resultado fue claro. El ADN de los restos coincidió con el de un descendiente por línea materna de Harry Peglar, con una distancia genética cero, es decir, sin diferencias en los marcadores analizados. Como contraprueba, se compararon también muestras de descendientes de seis posibles sirvientes de oficial, una labor que seguía la hipótesis alternativa sugerida por la vestimenta. En este último caso, ninguna muestra coincidió con el ADN de los huesos.

La coincidencia positiva con Peglar, sumada al descarte de los candidatos alternativos, refuerza la interpretación de que los documentos pertenecían al propio Peglar y no fueron simplemente transportados por otro miembro del grupo. El ADN, la genealogía, el contexto arqueológico del hallazgo y los archivos navales, que aportan rango y destino de cada hombre, se sostienen mutuamente.

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El ADN, la genealogía, el contexto arqueológico del hallazgo y los archivos navales confirman que se trata de Harry Peglar.

Otros tres tripulantes con nombre y apellidos

En 2026, un segundo trabajo publicado en Journal of Archaeological Science: Reports identificó a tres marineros más, todos ellos pertenecientes a la tripulación del HMS Erebus: William Orren, marinero; David Young, grumete de primera clase; y John Bridgens, sirviente de los oficiales subordinados.

Los detalles técnicos ilustran hasta qué punto el trabajo es minucioso. A Bridgens se le identificó a partir de un molar del maxilar derecho y un fragmento de húmero recuperados en el yacimiento NgLj-3; a Orren, mediante un fragmento del húmero izquierdo hallado en NgLj-1. En ambos casos se amplificó y secuenció un fragmento de ADN mitocondrial de 1.027 pares de bases, que coincidió con el de los descendientes maternos.

Para identificar a David Young, se siguió una estrategia distinta. Como se buscaba un descendiente por línea paterna, se recurrió al cromosoma Y, que se transmite de padres a hijos varones. A partir de un molar mandibular izquierdo del yacimiento NgLj-2, los científicos compararon 12 marcadores Y-STR, con idéntico resultado de coincidencia total.

Con estos cuatro nombres, el número de tripulantes de la expedición Franklin identificados mediante ADN asciende a seis individuos. Los dos anteriores fueron John Gregory, identificado en 2021, y James Fitzjames, en 2024.

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Los límites del método y sus dilemas éticos

Toda identificación de este tipo trabaja sobre certezas parciales. La distancia genética cero implica una coincidencia dentro de los marcadores analizados, pero no es una prueba absoluta. El ADN mitocondrial solo permite rastrear la rama materna; el cromosoma Y, solo la paterna: ninguno de los dos representa la genealogía completa de una persona. Por eso, la evidencia genética debe leerse siempre junto a la arqueología, la osteología y los archivos, y nunca como un sustituto de ellos.

Existe, además, una dimensión ética que estas investigaciones no pueden eludir. Los descendientes vivos aportan información genética que puede revelar relaciones familiares más amplias que las estrictamente necesarias para el análisis. El interés científico, por tanto, debe equilibrarse con el consentimiento informado, la protección de esos datos genéticos y el respeto a las comunidades vinculadas con los restos y el territorio. Identificar a los muertos implica, inevitablemente, tocar la intimidad de los vivos.

Referencias

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