John Rhys Davies, actor de 'El Señor de los Anillos': "Cuando llegué a Nueva Zelanda, no tenía ninguna duda de que sería un fracaso y de que Peter Jackson no estaba a la altura"

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John Rhys-Davies, actor galés de 82 años, visitó la Comic-Con de Málaga para dominar el Studio M con su imponente presencia escénica y una voz de resonancia casi imperial. Su carrera, que comenzó en el teatro, abarca más de cinco décadas y combina televisión, cine y doblaje: tras llamar la atención con la miniserie ’Shōgun’, se incorporó a la saga de ’Indiana Jones’ como Sallah, el leal amigo del arqueólogo, y alcanzó a una nueva generación de espectadores como Gimli en la trilogía de ’El señor de los anillos’, donde también puso voz al ent Bárbol. En el escenario malagueño repasó anécdotas de aquellos rodajes y habló de los trucos que permitieron hacerlo parecer más bajo, de las largas sesiones de maquillaje y de cómo truncó el futuro laboral de toda una generación por culpa de ‘Indiana Jones’.

Tiene truco
"La película no habría funcionado si el público no creyera que los hobbits medían lo que debían medir, que los enanos eran así de pequeños, los elfos tenían otra estatura y Trancos era más o menos de este tamaño. Peter Jackson, el director, tenía que ser muy ingenioso al fotografiarnos. Imaginad que yo soy más bajo que él y que aquí tenemos a un hombre muy alto. Le ponemos un cinturón grande y, más o menos por aquí, una vaina enorme con una espada. Yo me coloco abajo y caminamos juntos. El cinturón y la espada parecen enormes a mi lado. Sabemos que una espada y un cinturón no son tan grandes, así que, al verlos junto a él, parezco pequeño.
Otro truco era la perspectiva forzada. Si te colocas más cerca de la cámara y yo me alejo, tú pareces más alto y yo, relativamente, más bajo. Ponemos la cámara allí y ya podéis ver cómo me hago más pequeño. Hay unos dieciséis trucos para que alguien parezca más bajo. Cuando rodaron ’El hobbit’, vi que tenían dos decorados idénticos. En uno estaban los jóvenes enanos, y en el otro, Ian McKellen. Había cámaras en ambos sets y, con solo girar un mando, podían hacer que McKellen pareciera más alto o más bajo y ajustar el tamaño de los enanos. Esa es la tecnología actual. En nuestra época teníamos que hacer las cosas con trucos."

El doble y la barba
"Ponérmelo llevaba unas cinco horas al día. Y los retoques eran otra historia: normalmente, cuando rodamos, alguien grita “¡acción!”, el actor hace su escena y, entre toma y toma, maquillaje se acerca y le da unos retoques. Conmigo, entre “¡acción!” y “¡corten!” podían pasar veinte minutos mientras todos volvían a arreglarme.
El proceso era muy lento. Al final decidimos usar a mi doble de acción para marcar las miradas. Cuando rodábamos, teníamos que mirarnos a los ojos y, si yo era más alto que la otra persona, tenía que encorvarme. Pero con el vestuario y el maquillaje no podía hacerlo. Así que el doble hacía las escenas con el otro actor y la responsable de continuidad decía mis frases. Al final del día yo veía lo que habían rodado, preparaba bien mis miradas y, a menudo, repetía las escenas sin ellos. Peter los mandaba a casa: no tenía sentido que se quedaran allí después de una jornada de doce horas. Fue un rodaje solitario, la verdad.
Pero tenía una gran compañía: el director, Peter Jackson. Rodábamos todo lo que él quería y luego me decía: “Vale, John, ahora improvisa”. Cuando lo oía reírse, sabía que aquello acabaría en el montaje. Improvisamos muchas cosas. Por ejemplo, ese momento en el que Legolas me agarra de la barba. Pensad que me pasaba cinco horas con el maquillaje y que alguien había estado tres horas trabajando en mi cara. Rodábamos con pantalla verde, con unos bloques delante, y teníamos que saltar. Legolas me agarró sin avisar la barba, reaccionó de forma instintiva: estiró la mano, me rozó la barba y yo le agarré la muñeca y le dije: “La barba, NO”. Fue una reacción espontánea. Si me la hubiera arrancado, habría tenido que pasar otras tres horas maquillándome."

Pocas esperanzas
"Cuando me ofrecieron la película, no quería hacerla. No me creía que un hombre bajito de Nueva Zelanda, que corría en pantalones cortos por una montaña nevada y había hecho tres o cuatro películas pequeñas —muy buenas, por cierto, pero pequeñas— pudiera sacar adelante una producción así. Cualquiera con algo de experiencia, buenos amigos y una buena historia puede hacer una película con cuatro o seis personas. Pero cuando tienes veintiún departamentos principales, quizá entre 1.200 y 1.500 jinetes, cada uno con su caballo, sus establos, sus conductores y todo lo necesario para alimentarlos, la logística se convierte en un problema enorme. Si algo sale mal, te hundes. Yo no tenía ninguna duda de que sería un fracaso, estaba convencido de que Peter Jackson no estaba a la altura.
Solo acepté porque mi nuevo representante me dijo: “John, si no aceptas este papel, ya no podremos seguir representándote”. Y mi hijo mayor, que esta semana ha estado aquí conmigo, también me dijo que cometería un error. Le pregunté por qué y me explicó que en las librerías de todo el mundo había muchísimo espacio dedicado a Tolkien, en todos los idiomas. Era un buen argumento.
Yo no era aficionado a Tolkien. Mi hijo mayor llegó un día del colegio, se encerró en su habitación y leyó durante cinco días seguidos. Yo intenté leer a Tolkien, y no me gustó. Me quedaba dormido. Soy un hombre de ciencia y me gusta la ciencia ficción; la fantasía científica no me atraía. Cuando me dieron el papel, pensé: “Dios mío, ahora voy a tener que leerme todo esto”. Pero seguí adelante y acabé entendiendo la estructura de la escritura de Tolkien."

‘Historia del movimiento scout en Nueva Zelanda, de 1899 a 1957’
"Todo el mundo decía que ’El señor de los anillos’ era imposible de llevar al cine: no está escrito como una historia cinematográfica convencional. Pero Peter, Fran Walsh y Philippa Boyens consiguieron darle forma. Les preocupaba que alguien en Hollywood les robara la versión que estaban preparando, así que titularon el primer guion con algo tan poco atractivo como ’Historia del movimiento scout en Nueva Zelanda, de 1899 a 1957’. Nadie iba a leer algo así.
Cuando llegué, para mi sorpresa, todos los departamentos estaban preparados y tenían muchas ganas de hacerlo. Encontré un nivel de excelencia equiparable al de cualquier gran producción de Madrid, Londres, Hollywood o París. Decidí observar cómo trabajaba Peter con el equipo y con los actores. Tenía respuesta para todas las preguntas. Era extraordinario. Pasé de pensar que aquello sería un fracaso y una pérdida de tres años de mi vida a comprender que podía funcionar."

La comunidad
"Nunca había trabajado con un reparto tan maravilloso, amable y trabajador como el de ’El señor de los anillos’. Cuando se estrenó la película, se me acercaban muchas chicas jóvenes y me preguntaban si Orlando Bloom y yo pasábamos mucho tiempo juntos. Tenía que explicarles que Orlando tenía veinte años y yo, cincuenta y tres o cincuenta y cuatro. Habría sido un poco raro que saliéramos juntos todo el tiempo.
Y, chicas, siento deciros que no tengo el número de teléfono personal de Orlando. Pero, si lo tuviera... en realidad os lo daría, os lo daría por pura malicia."
Cuidado con lo que deseas
"De niños jugábamos a ser otros. Yo jugaba a ser Batman, Robin o Superman; quizá vosotros pensarais en Bilbo Bolsón o en otros personajes. Todos tenemos una parte de la imaginación que nos permite vernos como algo distinto de lo que somos. Me han disparado, apuñalado, alcanzado con flechas y lanzas, me ha tragado una anaconda y hasta me atacó un tigre. Todo eso nace de los juegos que imaginamos. Si eres actor, puedes representar esas fantasías con disfraces y con gente dispuesta a escuchar esa otra historia. Nos encantan las buenas historias.
A quienes quieran dirigir les diría que, primero, necesitan una buena historia. Después, hay que ponerla por escrito y crear personajes tan interesantes que los actores lean el guion y piensen: “Dios mío, puedo llevarme esta película. Podría ganar un Oscar con ella”. Escribid cuatro o cinco personajes maravillosos y atraeréis a actores maravillosos. A veces se crea una historia con tanta magia que la imaginación de todos se pone en marcha y acabamos formando parte de una familia más grande. Eso es lo que ocurre con ’El señor de los anillos’.
Otras veces cometemos el error imperdonable que cometí yo con ’En busca del arca perdida’ e ’Indiana Jones’: contagiar a jóvenes inocentes la idea de que podían convertirse en arqueólogos y vivir de ello. Asumo toda la responsabilidad retrospectiva. Lo siento, pido perdón. Por culpa mía y de Harrison Ford, nunca seréis ricos."
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