"Pueden embargarme todo lo que tengo": la estrella de 'Cocodrilo Dundee' y el pulso con Hacienda que lo dejó atrapado en Australia y al borde de rendirse

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A mediados de la década de los 80, una exótica propuesta cinematográfica de producción australiana consiguió reventar la taquilla mundial gracias a su mezcla de comedia y aventuras: ‘Cocodrilo Dundee’ (Peter Faiman, 1986). La trama del film sigue a Sue Charlton, una reportera de un periódico neoyorquino que pretende llevar a cabo un reportaje sobre un cazador de cocodrilos australiano que se ha convertido en un personaje legendario en su país de origen. Para ello, Sue pone rumba a Australia. Una vez allí, la reportera se trasladará hasta el interior del país, donde tendrá la oportunidad de conocer al legendario Mick ‘Cocodrilo’ Dundee, un rudo cazador que vive alejado de los avances de la vida moderna y que mantiene una excéntrica filosofía de vida.

La película, que fue todo un éxito a nivel mundial, consiguió catapultar al estrellato a su protagonista, el intérprete australiano Paul Hogan, quien volvió a retomar su famoso personaje en una secuela y quien trató de mantenerse con poco éxito en la primera línea cinematográfica con títulos como ‘Flipper’ (Alan Saphiro, 1996). Sin embargo, su imagen pública quedó irremediablemente dañada después de que en febrero de 2003 los medios australianos se hicieran eco de los problemas legales que el actor tenía mientras la Oficina de Impuestos Australiana le investigaba por evasión fiscal.
Este mediático episodio duró desde 2003 hasta el año 2010, tiempo durante el cual se le negó la salida de su país de origen. Finalmente la justicia australiana finalmente archivó la causa tras llegar a un acuerdo con el actor, aunque sus problemas fiscales continuaron durante los años siguientes. El propio Hogan habló abiertamente de estos problema en una entrevistas concedida para la cadena australiana ‘ABC News’, en agosto de 2010: “Mientras siga siendo un prisionero en el paraíso y esté con mis hijos, pueden declararme en bancarrota y embargarme todo lo que tengo, todos mis bienes. Mientras siga en Australia, no tenga dinero y no pueda conseguirlo, tendré que abandonar la lucha. Tendré que decir: ‘De acuerdo, soy culpable. Quedaos con todo lo que tengo. Ya no puedo seguir luchando’. Ese es el plan que tienen conmigo. Sé que suena retorcido, pero es la realidad”.

Durante la entrevista el intérprete explicó que no podía revelar cuánto le reclamaba el fisco debido a un asunto de confidencialidad: “Las cifras que he visto en los periódicos van desde los tres millones hasta los 150 millones. Debe de andar por ahí. Y puedo decirte con toda sinceridad que no puedo pagarlo. Ni siquiera podría pagar el 10% de esa cantidad. No soy tan rico como la gente piensa. Creen que hice una película que recaudó 300 millones en taquilla y que todo ese dinero fue para mí. Ni siquiera el distribuidor ni Hacienda parecían entenderlo cuando hablé con ellos. Me preguntaron cuánto me quedaba y les expliqué que, para empezar, los propietarios de las salas se llevan la mitad de la recaudación. En Australia creo que se quedan con un 70% o algo así. Así que, de esos 300 millones, 150 desaparecen antes de que el dinero llegue siquiera a Paramount. Nunca he tenido el dinero que la gente cree que tengo. He pagado de más. He pagado más de lo que habría pagado un empresario prudente”.
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