Travis Knight, director de la aclamada 'Wildwood': "La hice en 'stop motion' porque soy idiota. Es la peor manera de hacer una película, la que más te hace sufrir"

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Travis Knight (Oregón, 1973) podía haber dedicado su vida a hacer una sola cosa: nada. Eso, o cualquier excentricidad para pulirse la fortuna familiar que posee. Porque su padre no es otro que Phil Knight, fundador de Nike y una de las grandes fortunas del planeta. Apuntaba maneras cuando quiso ser rapero en el Nueva York de los años 90 bajo el nombre de Chilly Tee. Pero su infancia la había pasado con un cómic en la mano y dibujando viñetas en un cuaderno. Así que por ese camino de la animación encontró una vocación a la que dedicar una vida que ya tenía más que resuelta, económicamente hablando. Pero el asunto es más romántico todavía, porque lo que ha elegido es el stop motion, una técnica para hacer cine tan artesanal que parece pertenecer a otro tiempo.

Hoy es el CEO de Laika, estudio dedicado a hacer películas como ’Los mundos de Coraline’ (2009), ’El alucinante mundo de Norman’ (2012) o ’Kubo y las dos cuerdas mágicas’ (2016), dirigida por él mismo. Por el camino ha dirigido también ’Bumblebee’ (2014) y ’He-Man y los Masters del universo’ (2026) al margen del estudio. Ahora vuelve al stop motion con su nuevo trabajo como animador y director, ’Wildwood’, basado en un célebre cuento infantil.
’Wildwood’ se publicó en 2011. ¿Qué le removió cuando lo leyó y qué cree que habría sentido si lo hubiera leído siendo niño?
Tuve la suerte de ver un adelanto antes de que Colin Meloy, el autor, lo terminara. Quedé completamente fascinado por su mundo, su historia y sus personajes. Mi madre era una lectora voraz y de niño yo era un gran lector de fantasía gracias a ella. De alguna manera Tolkien, C. S. Lewis o Roald Dahl estaban infundidos en mi ADN y este libro me pareció que respiraba el mismo aire clásico de fantasía. Al mismo tiempo, tenía un sabor propio, una sensibilidad contemporánea y una estética muy específica propia de Colin. Estoy convencido de que mi versión de ocho años habría amado este libro tanto como el adulto que soy hoy.

Además, está ambientado en Portland, su ciudad natal. Parece irle como anillo al dedo.
Desde luego. Allí nací, crecí e instalé mi estudio, Laika, así que sinceramente, sentí que esta historia la habían creado en un laboratorio especialmente para mí. Creo que una de las cosas que exige el trabajo de animador, narrador y cineasta es seguir mirando el mundo con los ojos de un niño, y es así como yo lo veo.
Los niños de hoy crecen en un mundo tecnológico muy diferente al de generaciones anteriores. Aun así, seguimos recurriendo a historias clásicas, relatos medievales y cuentos de bosques embrujados. ¿Por qué cree que siguen conectando con ellos?
Cuando conectamos con una historia en realidad lo estamos haciendo con la persona que la escribió o con las que hicieron la película. Cada historia es, en esencia, un apretón de manos invisible entre la persona que la creó y quien la recibe, aunque no te des cuenta. A través de estas obras que existen desde hace cientos de años entendemos a personas que vivieron hace siglos o que proceden de culturas y lugares muy lejos de nosotros. Es un testimonio de la empatía propia de la experiencia humana. Entendemos su humanidad, su espíritu, su alma, y eso es extraordinariamente hermoso.

Una idea romántica
Podría haber hecho esta película en imagen real o con otro tipo de animación digital. ¿Por qué eligió stop motion, la opción más difícil?
Porque soy idiota. Es la peor manera de hacer una película, la que más te hace sufrir. Pero también creo que es la que te da más alegrías. El proceso de crear algo deja su huella en la propia obra y en su forma final vive el espíritu de las personas que participaron en el proceso. El stop motion es la suma de la experiencia, la pasión, la dedicación y el cuidado de las personas que insuflan vida a estas criaturas inertes. Por eso produce una sensación única. Podría haber contado esta historia con animación generada por ordenador, o dibujada a mano o en imagen real, seguiría siendo una historia hermosa. Pero habría sido diferente, con un sabor distinto. Así que, aunque esta película fue extraordinariamente difícil de hacer y llevó una cantidad de tiempo ridículamente larga, creo que eso es lo que le da el alma y el corazón.
Ha hablado de que hace 16 años, cuando descubrió el libro, Laika no estaba técnicamente preparada para llevarla a la pantalla. ¿Hubo alguna escena concreta que le hizo pensar: ahora lo estamos?
Lo recuerdo como si fuera ayer, aunque hace ya siete años que la película pasó de la fase de desarrollo a la de preproducción. Yo sabía que iba a ser difícil, pero nos obligó a desarrollar nuevas técnicas, herramientas y trucos. Nos empujó a crecer como artistas, animadores, diseñadores, constructores de decorados y fabricantes de marionetas, para hacer cosas que no sabíamos ni que se podían hacer con este medio. En stop motion es muy difícil conseguir el espectáculo y la acción, porque se trabaja con figuras muy pequeñas. Y lo hemos logrado. En el otro extremo sigue estando la intimidad de esos momentos silenciosos en los que no hay nada entre lo que ve el público y las marionetas que cobran vida gracias al trabajo del animador.

Ha dirigido últimamente películas de acción como ’He-Man y los Masters del universo’. ¿Lo ha ayudado esta experiencia a la hora de hacer ’Wildwood’?
Empecé a trabajar en ’Wildwood’ hace 16 años y en ese tiempo he dirigido mi primera película, ’Kubo y las dos cuerdas mágicas’, después hice mi primera en imagen real, y luego otra más. Todas esas experiencias terminan influyendo en las decisiones creativas que uno toma y cada una de ellas me ha llevado a hacer esta película. Así que, pese a que lo fundamental permanece, la película se parece muy poco a lo que imaginaba que iba a ser hace 16 años.
Aquella primera vez
¿Vuelve a menudo a ’Los mundos de Coraline’, la primera película del estudio Laika? ¿Qué aprendió con ella?
No lo hago porque la viví durante años, me marcó mucho. Tengo cada fotograma en mi cabeza. A su manera, fue muy difícil, porque era lo primero que hacíamos. Pero ahora miro atrás y lo veo relativamente sencillo en comparación con lo que acabamos de afrontar en ’Wildwood’. Ahí estaba ya la filosofía que ha seguido guiando a Laika: exigirnos como artistas, tratar de contar historias con significado, hacerlo con cuidado y que tengan un verdadero centro emocional. También que hagan avanzar el medio de manera hermosa y significativa y que nos desafíen como artistas. Contribuyó en muchos sentidos a formar al narrador en el que me he convertido.

¿Qué películas lo inspiraron cuando era niño?
La primera película que realmente se me quedó grabada fue ’Star Wars’, especialmente ’El imperio contraataca’. Creo que, para la mayoría de los chicos –y también para algunas chicas– de mi generación, ’Star Wars’ es algo incrustado en nuestro ADN. Yo estaba absolutamente obsesionado. Pero creo que la primera película que significó algo para mí emocionalmente fue ’E.T.’, la primera que me hizo llorar. Recuerdo que la vi con ocho años, en el cine, con mi madre, y estaba hecho un mar de lágrimas. No sabía que una película pudiera hacerte sentir así. Si dejas a un lado todos los elementos fantásticos y la increíble artesanía, es un retrato de la soledad infantil. Yo estaba reaccionando a algo que otra persona había experimentado y trataba de contarme, aunque en ese momento no lo entendiera con esa claridad.
¿Y qué ve ahora que le provoque una emoción parecida?
Sigo persiguiendo ese objetivo: encontrar cosas que me hagan sentir algo. Puedo admirar el arte que hay detrás, la dificultad y el trabajo, de hecho lo hago. Pero, en última instancia, lo que busco son esas cosas que me emocionen. Y cuando encuentras algo que combina las dos cosas, ese es el Santo Grial.
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