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Saturday, October 31, 2026

A qué animales les podrías ganar en una carrera (y por qué no evolucionamos para ser los más veloces)

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    • Autor, Richard Fisher
  • Fecha de publicación

  • Tiempo de lectura: 11 min

Hace unos años, estaba de acampada en Estados Unidos cuando un oso negro pasó cerca. Mientras lo observaba olfatear por el campamento, me pregunté: si fuera necesario, ¿podría correr más rápido que él?

Al consultar después las velocidades que alcanzan los osos, la respuesta quedó clara: en absoluto. Además de que huir corriendo puede desencadenar una persecución —por lo que no es recomendable—, los osos negros pueden llegar a alcanzar hasta 48 km/h.

Desde entonces —especialmente cuando salgo a correr por Londres—, me he planteado: ¿a qué animales podría ganar en una carrera a pie? ¿Qué pasaría si me encontrara con una ardilla o un tejón especialmente agresivos?

Solo Noé habría podido organizar unos auténticos Juegos Olímpicos para animales; sin embargo, los científicos han medido la velocidad máxima de cientos de criaturas: ardillas y tejones, pero también arañas, lagartos, roedores, aves, grandes mamíferos y muchas más. Resulta que los datos esconden bastantes sorpresas.

Entonces, ¿qué animal terrestre sería tu rival más directo? ¿Y cuáles podrían competir de tú a tú con los seres humanos más rápidos del mundo?

Masa muscular

A lo largo de las décadas, los científicos han medido la velocidad máxima de los animales utilizando diversos métodos, algunos más precisos (y éticos) que otros.

En la década de 1920, un naturalista condujo su automóvil junto a antílopes americanos —el animal terrestre más rápido de Norteamérica— mientras disparaba al aire para mantenerlos en movimiento.

Por su parte, en la década de 1980, los investigadores descubrieron que podían colocar a animales más pequeños, como ratas, en cintas de correr.

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Un oso negro pasea por el bosque

Fuente de la imagen, Getty Images

Pie de foto, Aunque un oso negro puede alcanzar una velocidad máxima superior a la de un ser humano, su velocidad de desplazamiento es menor.

Hoy en día, sin embargo, tecnologías como los dispositivos de rastreo GPS facilitan esta tarea, especialmente a la hora de registrar a los animales en su hábitat natural y a velocidades reales.

Un estudio reciente, que realizó un seguimiento de guepardos en libertad, reveló que pueden alcanzar los 93 km/h. Las mediciones anteriores se basaban en grabaciones de vídeo o, en un caso concreto, en incitar artificialmente al guepardo a perseguir un trozo de carne sostenido por una persona —que además controlaba un cronómetro— a bordo de un vehículo todoterreno.

Con el paso del tiempo, los investigadores recopilaron estas mediciones científicas en bases de datos más amplias. Una de estas investigadoras es la bióloga Myriam Hirt, actualmente vinculada al Centro Alemán para la Investigación Integrativa de la Biodiversidad en Leipzig.

Hirt compiló las velocidades de carrera de unos 350 animales terrestres. Y en 2017, ella y sus colegas analizaron cómo influye la masa corporal de los animales en su velocidad.

Más grande no es igual que más rápido

En teoría, los animales más grandes y con mayor masa muscular deberían ser los más rápidos. "A primera vista parece lógico, pero los datos demuestran claramente que no es así", señala Hirt. "Las especies de mayor tamaño no son las más rápidas. Nadie sabía por qué".

Hirt y su equipo llegaron a la conclusión de que, en los animales más grandes, su propia masa corporal les impide alcanzar sus velocidades máximas teóricas.

"Se necesita más tiempo para poner en movimiento un cuerpo grande a la misma velocidad que uno pequeño", explica, comparándolo con la necesidad de pistas de aterrizaje más largas para los aviones de gran tamaño.

O, como bien sabrá cualquiera que haya jugado a Mario Kart: el pequeño Toad acelera más rápido que el corpulento Donkey Kong.

Esta lenta puesta en marcha provoca que los animales grandes empiecen a fatigarse antes de alcanzar su velocidad máxima potencial. "La energía disponible para la aceleración es limitada. Llega un punto en el que el cuerpo colapsa, porque ya no queda energía en los músculos", afirma Hirt.

Esta aceleración lenta de los animales de gran tamaño implica, además, que un ser humano podría ganarles en una carrera, especialmente en distancias cortas. Por ejemplo, un elefante africano de sabana puede alcanzar una velocidad máxima de 35 km/h, pero su arranque es más lento que el de un ser humano.

Un niño pasa corriendo junto a un elefante asiático con colmillos en una zona de matorrales en Phumi Khna, en la provincia de Siem Reap, Camboya.

Fuente de la imagen, Getty Images

Pie de foto, Probablemente no existan muchos animales capaces a correr ultramaratones.

¿A qué animal te puedes equiparar según tus marcas personales?

Muchos corredores quizá no conozcan su velocidad máxima exacta, pero sí sabrán cuál es su mejor marca personal en la distancia de 5 km. Esa es la distancia de un "parkrun", un evento gratuito que cuenta con más de 12 millones de participantes registrados en todo el mundo.

Así pues, si completas los 5 km en 40 minutos, tu velocidad equivale a la de un topillo de bosque.

Si tu mejor marca es de 30 minutos, equivaldría a la de una rata o un hámster.

Un tiempo de 25 minutos correspondería al de un ratón doméstico o una iguana marina.

¿Y 20 minutos? Al de una mofeta rayada o una marmota.

En cuanto al exatleta olímpico Andy Baddeley, quien en su día ostentó el récord de tiempo más rápido en un "parkrun" —13 minutos y 48 segundos—, su animal más cercano sería un potoroo de nariz larga, un pequeño mamífero saltador que habita en Australasia.

La buena noticia para el corredor competitivo es que estas cifras representan las velocidades máximas de los animales —velocidades que no pueden mantener durante mucho tiempo—, por lo que es muy probable que terminaras superándolos al llegar a la meta.

Retrato de una jirafa entre arbustos de acacia en la reserva Kariega Game de Sudáfrica

Fuente de la imagen, Getty Images

Pie de foto, Como corredor delgado y larguirucho, esperaba que una jirafa pudiera ser, para mí, el animal que más se me acercara como competidor.

Otra base de datos sobre la velocidad de los animales, recopilada en 2020 e integrada con estadísticas sobre la aceleración, sugiere que el elefante africano de sabana alcanzaría su velocidad máxima en unos 7,5 segundos.

Un cálculo aproximado indica que, por tanto, recorrería 100 metros en unos 14 segundos. Dudo que yo mismo pudiera igualar ese tiempo, pero, según el sitio web de atletismo Marathon Handbook, es una marca que algunos adultos bien entrenados pueden superar.

El velocista olímpico Usain Bolt probablemente podría superar al elefante africano de sabana con facilidad. Sin embargo, incluso él se vería superado por muchos otros animales.

Si nos limitamos a comparar las velocidades máximas de carrera —sin tener en cuenta variables como la masa o la aceleración—, la velocidad punta de Bolt durante su carrera de récord mundial fue de unos 44 km/h.

Esta cifra es superior a la velocidad máxima de un rinoceronte blanco (40 km/h), pero inferior a la de un oso pardo o un oso polar (48–50 km/h). Además, existen muchos otros animales que alcanzan velocidades máximas aún mayores.

Los más veloces

Los velocistas más famosos son el guepardo (93 km/h) y el avestruz (82,8 km/h), pero existen otros menos conocidos.

Como corredor delgado y espigado, esperaba que la jirafa fuera el animal con el que más podría competir; sin embargo, me sorprendió descubrir que pueden alcanzar entre 57 y 60 km/h, por lo que me dejarían atrás —al igual que a Bolt— en una carrera de velocidad.

El alce también es bastante rápido (55,4 km/h), al igual que la cebra (70,6 km/h), mientras que el reno puede llegar a alcanzar los 80 km/h. Supongo que a Papá Noel le alegrará saberlo.

Vista lateral de guepardos persiguiendo a un impala en un terreno, Reserva Nacional Masái Mara, Kenia

Fuente de la imagen, Getty Images

Pie de foto, El guepardo corre para poder alimentarse.

¿Pero qué ocurre con las distancias más largas?

Las carreras de velocidad son una actividad anaeróbica que requiere las llamadas "fibras musculares de contracción rápida", explica Andy Baddeley, exatleta olímpico en la prueba de 1500 metros y cofundador de The Running Channel, una plataforma que ofrece consejos y recomendaciones para corredores.

"Las fibras de contracción rápida son más explosivas, pero se fatigan mucho antes; están más asociadas al levantamiento de pesas y a las carreras de velocidad", señala.

"Las fibras de contracción lenta tardan más en activarse y son menos explosivas, pero permiten mantener el esfuerzo durante mucho tiempo sin fatigarse", explica.

Esto significa que un velocista puede acelerar rápidamente y alcanzar velocidades punta muy elevadas, pero sus músculos —entrenados para la explosividad— se fatigan pronto en distancias más largas.

Baddeley ilustra esta diferencia basándose en su propia fisiología como corredor. Estima que, en su etapa como atleta olímpico de media distancia, era capaz de completar los 100 metros en unos 11,7 segundos (lo que, dicho sea de paso, daría lugar a una carrera muy reñida contra un gorila). Es un tiempo más lento que el de un velocista de élite.

Sin embargo, él cree que podría competir de igual a igual con un velocista de élite en una prueba de 500 metros, y que, sin duda, superaría a cualquier velocista —incluso al más rápido del mundo en la actualidad— en su distancia de especialidad, los 1500 metros, gracias a la capacidad de su cuerpo para mantener la velocidad durante más tiempo.

Un avestruz macho protegiendo a sus crías

Fuente de la imagen, Getty Images

Pie de foto, Se necesita más tiempo para poner en movimiento un cuerpo grande a la misma velocidad que uno pequeño.

Lo mismo ocurre en el reino animal. Un estudio realizado con guepardos, mediante el uso de collares con GPS, reveló que estos animales suelen mantener su velocidad máxima solo durante un par de segundos, y que la distancia recorrida en una cacería típica es inferior a los 200 metros.

Son velocistas, no atletas de resistencia (o, al menos, no tienen la inclinación ni la necesidad de correr distancias mayores).

Por el contrario, se ha registrado que los antílopes americanos pueden correr 11 kilómetros en 10 minutos, a una velocidad media de 65 km/h. Como señala Hirt, remitiéndose a un viejo adagio: "Para el depredador, se trata de su comida; para la presa, de su vida. Por tanto, la presión por ser rápido es mucho mayor en la presa que en el depredador".

Evolución del ser humano

En general, los seres humanos estamos mejor adaptados a la carrera de resistencia que a la velocidad explosiva, gracias a nuestra biomecánica y al hecho de que carecemos de pelaje en gran parte del cuerpo y sudamos.

Algunos biólogos evolutivos sugieren que estas adaptaciones surgieron para permitirnos perseguir y agotar a nuestras presas a lo largo de muchos kilómetros.

Entonces, ¿podríamos ganar la medalla de oro en una carrera de larga distancia frente a otros animales? Depende.

Para empezar, no contamos con muchos datos científicos al respecto. Los animales no humanos no tienen ningún interés en esforzarse al máximo para lograr una marca personal en un maratón (42,2 kilómetros).

En un entorno de laboratorio, obligarlos a hacerlo resultaría poco ético; en la naturaleza, la mayoría se detendría o reduciría el ritmo mucho antes de llegar a la meta.

Un elefante Mahomet al galope corto.

Fuente de la imagen, Getty Images

Pie de foto, Podemos afirmar con seguridad que los seres humanos no seríamos los mejores corredores de maratón del reino animal

Existen bases de datos científicas que recopilan las "velocidades de desplazamiento" de los animales: el ritmo aeróbico sostenido al que estos se desplazan habitualmente y con comodidad a lo largo de distancias considerables.

Por ejemplo, aunque un oso negro puede alcanzar una velocidad máxima superior a la de un ser humano, su velocidad de desplazamiento es menor: 2,6 km/h. Por su parte, la velocidad de desplazamiento del tigre es de 3,5 km/h, la del dromedario, de 6,3 km/h y la del lobo gris, de 7,9 km/h.

Estas cifras son inferiores al ritmo medio de los participantes en el Maratón de Londres, que ronda los 9 km/h. Y son mucho más lentas que el récord mundial de 1:59:30, establecido este año, logrado con un ritmo medio de 21 km/h.

No obstante, la "velocidad de desplazamiento" no representa necesariamente la rapidez máxima a la que un animal podría recorrer largas distancias; equivale más bien a la acción de caminar en los seres humanos.

Es probable que un oso pudiera cubrir una larga distancia a una velocidad superior a su ritmo habitual de desplazamiento, pero resulta difícil determinar con certeza si sufriría un sobrecalentamiento o un agotamiento extremo si corriera un maratón al mismo ritmo que nosotros.

En cualquier caso, a pesar de las lagunas en los datos sobre la velocidad animal, podemos afirmar con seguridad que los seres humanos no seríamos los mejores corredores de maratón del reino animal, a pesar de nuestras adaptaciones para la resistencia y de la fuerza mental necesaria para recorrer distancias tan largas.

Un trineo en Finlandia tirado por perros husky

Fuente de la imagen, Getty Images

Pie de foto, Los perros husky pueden recorrer distancias muy largas a gran velocidad.

Los perros husky, por ejemplo, pueden recorrer distancias muy largas a gran velocidad. Si nos basamos en los tiempos que logran en carreras de trineo de una longitud equivalente a un maratón, podrían superar el récord mundial humano por más de media hora. Si no tuvieran que arrastrar peso, probablemente serían aún más rápidos.

Un caballo entrenado para la resistencia también podría superar a la mayoría de los seres humanos en un maratón sobre terreno llano, aunque esto depende del tipo de terreno.

Cada año, en Gales, se celebra una carrera entre humanos y caballos a través de un recorrido montañoso de unos 35 kilómetros. Por lo general, gana el caballo, pero en ocasiones los humanos han llegado primero.

Resulta aún menos claro qué lugar ocuparíamos en la clasificación animal en distancias realmente largas, como en los ultramaratones o pruebas de mayor recorrido.

De nuevo, es probable que los husky nos superen: la carrera de trineos tirados por perros Iditarod, en Alaska, cubre una distancia de 1.600 kilómetros. Aunque se trata de una prueba por equipos, algunos perros recorren la distancia completa, y el récord de la prueba es de siete días y 14 horas.

A modo de comparación, el récord del Iditarod Trail Invitational —una carrera de longitud similar, disputada en condiciones propias de Alaska y que algunos humanos completan a pie— es de 19 días, 9 horas y 38 minutos.

Aun así, probablemente no existan muchos animales capaces —o, de hecho, dispuestos— a correr ultramaratones. Además de nuestra resistencia fisiológica, el cerebro humano constituye, por sí mismo, un superpoder ante tales distancias.

Pensemos en la carrera Self-Transcendence 3,100 Mile Race: una prueba de 4.989 kilómetros que consiste en dar vueltas alrededor de una misma manzana en Queens, Nueva York.

El actual poseedor del récord corrió durante más de 40 días para completarla (con descansos nocturnos de seis horas), manteniendo un ritmo promedio de unos 6,9 km/h mientras estaba en movimiento.

Soportar el dolor y seguir corriendo

"En última instancia, las carreras de larga distancia se reducen a: ¿te sientes cómodo estando incómodo? ¿Estás sufriendo?" dice Baddeley.

"Todavía existe esa capacidad de acceder a otro sistema de energía al final de una carrera larga: soportar el dolor y seguir corriendo cuando la línea de meta está a la vista. No sé si se vería eso en el mundo animal".

Desafortunadamente, sin embargo, eso no me ayudaría si saliera a correr y me encontrara con una ardilla gris o un tejón particularmente gruñón. ¿Podría dejarlos atrás si fueran por mí? Probablemente no.

A diferencia de animales más grandes como los elefantes, ambos son lo suficientemente pequeños como para alcanzar su velocidad máxima en una o dos zancadas, y ese ritmo, alrededor de 30 km/h, ya es más alto que mi sprint.

Quizás tenga que empezar a entrenar un poco más.

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