Enterraron un auto en 1957 como cápsula del tiempo, pero al abrirlo 50 años después se llevaron una sorpresa

Las cápsulas del tiempo son una de las formas más curiosas de conservar objetos del pasado para las generaciones futuras. Fotografías, documentos, cartas y pertenencias personales suelen formar parte de estas iniciativas, que buscan mostrar cómo era la vida décadas atrás. Sin embargo, en 1957, una ciudad de Estados Unidos decidió llevar esta tradición a otro nivel: enterró un auto nuevo con la intención de recuperarlo 50 años después.
El protagonista de esta historia fue un Plymouth Belvedere, un vehículo representativo de la industria automotriz estadounidense de mediados del siglo XX. Para garantizar su conservación, los organizadores construyeron una bóveda de hormigón de aproximadamente 3,7 metros de ancho por 6,1 metros de largo, dimensiones suficientes para alojar el automóvil y otros elementos de la época.
Según describió Associated Press, la estructura había sido diseñada para resistir incluso un eventual ataque nuclear, una preocupación que reflejaba el contexto internacional de aquella época con la Guerra Fría. Antes de cerrar la bóveda, el vehículo fue protegido con una cubierta para evitar que la humedad y otros factores ambientales deterioraran su carrocería.
Pero el proyecto no consistía únicamente en conservar un auto. Las autoridades también organizaron un concurso para los habitantes de Tulsa. Los participantes debían adivinar cuántas personas vivirían en la ciudad en 2007. Quien lograra acercarse más a la cifra real recibiría como premio el vehículo y una cuenta de ahorros de 100 dólares. Entre las predicciones registradas estuvo la de Raymond Humbertson, quien calculó que Tulsa tendría 384.743 habitantes al cumplirse los 50 años, quien se convirtió en la ganadora por aproximación.
El auto quedó enterrado mientras la ciudad crecía y se transformaba. Durante cinco décadas, nadie pudo comprobar qué estaba ocurriendo dentro de la bóveda. La expectativa era que, al abrirla, los habitantes encontraran un vehículo prácticamente nuevo, conservado como una muestra del diseño y la tecnología automotriz de 1957. Sin embargo, la realidad fue completamente diferente.
El 15 de junio de 2007, exactamente 50 años después del entierro, miles de personas se reunieron en Tulsa para presenciar la apertura de la cápsula del tiempo. La ceremonia despertó una enorme expectativa, sobre todo entre los fanáticos de las reliquias automotrices.

No obstante, cuando los trabajadores comenzaron a retirar la estructura protectora, descubrieron que la bóveda se había inundado. Según los reportes de la época, dentro del compartimiento se habían acumulado aproximadamente 7570 litros de agua, que alcanzaron una profundidad cercana a 1,2 metros. La humedad había penetrado la protección y provocado un avanzado proceso de corrosión.
Cuando retiraron la cubierta, los espectadores encontraron un auto todo oxidado, con importantes daños en la carrocería y numerosos componentes deteriorados. Incluso el vehículo no pudo ponerse en marcha y su estado obligó a los especialistas a tomar precauciones para su traslado.
A pesar de la decepción, el acontecimiento se convirtió en un momento histórico para la ciudad. Dave Stragand, un aficionado a los automóviles que asistió a la ceremonia, comparó el descubrimiento con la apertura de una antigua tumba egipcia. “Es la tumba de nuestro rey Tutankamón”, manifestó en declaraciones recogidas por NBC News.
Debido a los daños ocasionados por el agua, restaurarlo por completo resultó imposible. Sin embargo, los especialistas consideraron que el vehículo tenía un importante valor histórico y decidieron trabajar para evitar que continuara deteriorándose. La empresa Ultra One se encargó de realizar tareas de limpieza y estabilización. El objetivo principal no era devolverle su funcionamiento original, sino conservar la mayor cantidad posible de componentes y mantener su estructura para ser trasladado al Historic Auto Attractions Museum de Roscoe, ubicado en Illinois.
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