Chile tiene la tasa de desempleo más alta en la región y es segundo entre países de la Ocde
Definitivamente, el mercado laboral es la principal preocupación de los chilenos, como lo muestran las distintas encuestas. Es que el 9,6% que registró en el trimestre móvil junio-agosto es su nivel más alto en cinco años y, además, por segundo mes consecutivo de destruyeron empleos.
En términos comparativos, y considerando los últimos registros oficiales de cada nación, Chile es el país con la tasa de desempleo más alta de la región. Le sigue de cerca Colombia con 9,4% y más atrás, Argentina, con 7,9%. Uruguay está en el cuarto lugar con 7,2%; Brasil tiene 5,3%; Perú, 4,2%; Paraguay, 4,1%; Bolivia, 3,4%, y, por último, México y Ecuador tienen un 3%.
Ahora, si se analiza la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde), Chile tiene la segunda tasa más alta entre 38 naciones, sólo superado por España, con 10%, y se ubica por sobre el promedio de 5,9%.
El tercer país Ocde con el desempleo más alto es Colombia, con 9,4%. Le siguen Finlandia (9,1%), Suecia (8,5%), Francia (8,3%), Turquía (7,8%), Grecia (7,4%), Austria (7,1%) y Letonia (7%). Entre los países con la tasa más baja de desempleo están Japón con 2,4%, y Dinamarca y Corea del Sur con, 2,7%.
Juan Bravo, director del OCEC-UDP, sostiene que “la tasa de desempleo en Chile se ha desacoplado respecto a lo observado en la Ocde. En la década 2010-2019 la tasa de desempleo en Chile promedió 6,9% y en la OCDE fue 7%. Sin embargo, mientras en la Ocde la trayectoria de la tasa de desempleo ha ido a la baja, en Chile la tendencia es la opuesta”.

Por ello, para el economista “el problema de Chile es eminentemente interno”, ya que que no hay una tendencia generalizada al alza en el desempleo entre sus pares. “El paupérrimo desempeño de la actividad económica en 2026 ha profundizado el debilitamiento del mercado laboral que ya venía desde antes. A ello se suma un alza de costos laborales que no ha ido de la mano de un aumento equivalente en la productividad laboral y cuyo desequilibrio se ha ido acrecentando en los últimos años”, afirma.
La directora ejecutiva de Horizontal, María José Abud, añade que esto se debe a una combinación de factores cíclicos y estructurales. En ese sentido, plantea que, por un lado, “la economía ha crecido poco, en torno a 1,9% promedio en los últimos cuatro años, lo cual ha dificultado la creación de empleo. Adicionalmente, el crecimiento desde la pandemia ha perdido su capacidad de generar puestos de trabajo. Detrás de eso hay varios factores que influyen, entre ellos el aumento de los costos laborales, una regulación más rígida que el promedio de los países de la Ocde y de la región, y un mercado laboral que no se ha adaptado a las nuevas formas de trabajo”.
Exequiel Cáceres, economista de LyD, plantea que “el factor de primer orden en la explicación son los crecientes costos laborales inducidos por las reformas de los últimos años. La automatización y la IA son un shock real, pero secundario: también afectan a nuestros vecinos y a la Ocde, que tienen tasas de desempleo muchos menores”.
Problema estructural
Los economistas coinciden que es un problema estructural que, por lo mismo, requiere cambios también estructurales.
“La recuperación del mercado laboral tardará mucho tiempo, puesto se requiere elevar sustancialmente la capacidad de crecimiento de mediano plazo del país. Además, es necesario realizar reformas al mercado laboral que reduzcan los desincentivos a la contratación formal y emprender políticas activas para elevar la productividad laboral de los trabajadores”, dice Bravo.
La misma visión entrega Abud: “Eso es lo más preocupante. El Banco Central estima que el desempleo compatible con una inflación estable subió entre uno y dos puntos en la última década y hoy se ubica entre 8,2% y 8,8%. Esto significa que la recuperación económica, por sí sola, solo bajaría el desempleo hasta ese nivel”.

La economista apunta a que para para volver a los niveles de hace una década se necesitan reformas estructurales: modernizar la indemnización por años de servicio, una sala cuna que no encarezca la contratación de mujeres, más adaptabilidad laboral y una capacitación que funcione.
Y Cáceres acota que se debe avanzar en la flexibilización del cálculo de las 40 horas, sala cuna universal, contratos por hora y cambios a la indemnización por años de servicio, entre otras.P
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