Alejandro Amenábar celebra 30 años de 'Tesis': "José Luis Cuerda me dijo que era la mayor tontería que se me había ocurrido en la vida"

- Carlota Pereda: "Las películas dirigidas por mujeres no son un género. A mí me encantan Carla Simón y Alauda Ruiz de Azúa, pero no creo que hagamos el mismo tipo de cine"
- Javier Botet: "Es algo de lo que se quejan muchos actores, pero lo más maravilloso que te puede pasar es que te encasillen. Que hagas en todas las películas de monstruo, de cojo o de lo que sea"
- Maribel Verdú: "Nosotras no somos unas taradas de esas que se olvidan de que están actuando. Hay que tener cuidado, no se puede hacer daño"
Treinta años después de que ‘Tesis’ sacudiera el cine español con la pregunta de qué estamos dispuestos a mirar, Alejandro Amenábar y Eduardo Noriega se reencontraron con el público del Festival de Sitges para celebrar el aniversario de una película que sigue funcionando incluso para espectadores que no habían nacido cuando se estrenó y que miran sus cintas de vídeo, walkmans y televisores de tubo como reliquias de otra civilización.
En el encuentro con los fans, director y actor repasaron el origen casi milagroso de aquel debut, desde los cortometrajes en Hi8 y el primer contacto entre ambos en la RESAD hasta la llamada de José Luis Cuerda, la escritura febril de un guion que pudo acabar en un cajón, el rodaje contrarreloj de cinco semanas y media, y la mezcla de cine de terror, suspense, sucesos y realidad universitaria que convirtió la película en una pieza clave del fantástico español de los 90.

La nueva copia de ‘Tesis’ y el problema original de sonido y velocidad
Alejandro Amenábar: Las copias, las versiones Blu-ray, etcétera, se veían perfectamente y se escuchaban bien, pero las dinámicas no eran las correctas. Recuperamos los másteres de sonido, accedimos a la mezcla original y lo que hemos hecho literalmente ha sido devolver los valores de la mezcla de sonido de 1996. Y ya de paso, como la película nació con un defecto de forma para mí, que es que se rodó a 25 imágenes por segundo porque rodábamos muchas imágenes de televisión y tomamos en algún momento la mala decisión de rodar toda la película a 25, decidimos corregirlo. Eso significa que la película discurre un 4% más despacio cuando la proyectas a 24 imágenes por segundo. Así que dije: “Vamos a acelerar la película recuperando ese 4%”. Ahora la nueva versión dura cinco minutos menos, simplemente porque los actores y actrices hablan a la velocidad a la que interpretaron la película. Ese ha sido un poco el proceso.
‘Tesis’ 30 años después y su conexión con el público joven
Eduardo Noriega: Yo empecé los homenajes el año pasado. Fui a Puerto Rico a una proyección de ‘Tesis’ y hay una cosa maravillosa, que es poder verla con un público muy joven. No es que no hubieran nacido: es que toda la parte tecnológica de la película es de otra época para ellos. No saben lo que es un vídeo o un walkman con esos auriculares que teníamos. Y, sin embargo, el thriller, el suspense, la película, sigue funcionando igual de bien. Yo creo que por eso estamos aquí 30 años después, celebrando un pase de ‘Tesis’ en Sitges.

El nacimiento de una nueva sensibilidad en el fantástico español
Alejandro Amenábar: El cine era mi pasión y mi hobby era verlo. Yo me alimentaba de ese tipo de películas. Había crecido influido por ‘Alien’ y por muchísimo cine de terror y de suspense. ‘Tesis’ fue como regurgitarlo de alguna manera. Evidentemente, creo que ‘Tesis’ tiene un mensaje, pero en ese momento lo que a mí me encendía, sobre todo haciendo cortometrajes, era expresar esa pasión. El primero, ya ni te cuento: empezamos sin guion. Era un corto de terror sin guion. No sé ni cómo lo hicimos medio inteligible. Has dicho bien que no fuimos solo nosotros. No fue solo ‘Tesis’. También Álex de la Iglesia, de alguna manera, marcó el camino de una nueva sensibilidad. Y creo que lo que hace especial a ‘Tesis’ es que bebe de todo ese mundo del que yo me había alimentado desde niño, pero trasladado a una realidad muy real, entre comillas, que era mi facultad, donde yo había estudiado. Le dije a Mateo Gil: “¿Aquí no sería guay plantear una trama de películas snuff aprovechando el edificio, esa cosa brutalista que tiene?”. Luego estaba todo el tema del amarillismo en las noticias de sucesos. Todo eso, que era muy de nuestra realidad, estaba mezclado con el género.
El primer encuentro entre Amenábar y Noriega
Eduardo Noriega: Yo estaba en la escuela de arte dramático. No conocía todavía a Alejandro. Era mi primer año en Madrid, finales del 92, y vi un cartel en la RESAD que decía: “Casting para corto en Hi8 sin remunerar”. “Sin remunerar” bien grande. De mi escuela, que era la pública, no fue nadie. Fui yo. Éramos aspirantes, como 30 personas. Nos pusieron en círculo y cada uno se presentaba, decía de dónde venía, si venía del teatro, del cine o de qué escuela. Como yo era el único que venía de la escuela pública, se estableció una especie de debate entre escuelas y me convertí en el defensor de mi escuela. Acababa de llegar y tampoco la conocía muy bien, pero me convertí un poco en el protagonista de esa charla.
Después entrábamos en un cuartito donde nos esperaba el director, Carlos Montero, que hoy es uno de los creadores más importantes de Netflix. Y estaba Alejandro ayudando a Carlos y llevando la cámara. Había que leer un texto de Woody Allen y luego improvisar sobre ese texto. Según entré, Carlos dijo: “Bueno, te voy a dar el protagonista de la película”. Luego me enteré de que Alejandro le daba codazos y le decía: “No, este no, este no”. Me quitó mi primer protagonista. Luego me dio otro, pero ese me lo quitó.

Sin embargo, grabando ese corto, como ya no tenía el protagonista y tenía bastante tiempo libre, se me acercó el que llevaba la cámara, que era Alejandro, y me dijo: “Oye, ¿a ti te gustaría hacer un cortometraje?”. Yo dije que sí. “Tengo un guion que te quiero pasar, pero quiero que veas un corto que ya he hecho”. “Claro, ¿lo quieres ver?”. Me pongo los auriculares, levanto el visor y veo aquel corto. Creo que duraba cerca de 30 minutos. No levanté el ojo en toda la media hora. Cuando lo hice, tenía la marca del visor en la cara.
En ese corto, ‘Himenóptero’, ya había muchas cosas que luego vimos en ‘Tesis’: el thriller, el sonido, la música… Todo lo había hecho él. Alejandro tenía 22 o 23 años. Escribió ‘Tesis’ con 22 y la dirigió con 23. Además compuso la música. Escribió, compuso, dirigió y no sé cuántas cosas más. Éramos muy conscientes de que estábamos ante alguien no sé si superdotado, pero desde luego no era normal que alguien con 23 años escribiera así, dirigiera así y fuera por la vida con esa mezcla de ingenuidad y talento. Nunca hubiéramos imaginado que íbamos a estar 30 años después presentando de nuevo la película, pero sí sabíamos que estábamos ante alguien especial y que teníamos una película distinta entre manos.
José Luis Cuerda y el camino hacia ‘Tesis’
Alejandro Amenábar: Haciendo los cortos, el corto que le mostré a Eduardo llegó a manos de José Luis Cuerda. Yo no se lo envié, alguien se lo hizo llegar. Un día volví de la facultad y mi madre me dijo: “Te ha llamado José Luis Cuerda”. Yo dije: “No, joder”.
Eduardo Noriega: Déjame puntualizar una cosa. Ese corto que yo vi, ‘Himenóptero’, se lo envió a Cuerda el padre de una de las actrices, que no era actriz, sino una compañera de Alejandro. El padre le dijo: “Oye, ¿qué te parece mi hija?”. Y Cuerda dijo: “Tu hija muy bien, pero ¿quién coño ha hecho este corto?”. Enseguida vio que ahí había un director.
Alejandro Amenábar: Cuerda me invitó a un rodaje. Fuimos Mateo Gil y yo. Mateo siempre cuenta que llegó la hora del bocata, se levantó todo el mundo, y cuando Cuerda volvió me vio sentado en la silla de director. Me dijo: “Levántate de ahí”. Yo no me acuerdo, pero por lo visto pasó. Me dijo: “¿Por qué no te has planteado nunca escribir un largometraje?”. Estamos hablando de que en mi primer corto ni siquiera había escrito el guion porque no sabía que había que escribir guiones para hacer cortometrajes. Esto fue en cuarto de carrera. Mateo Gil y yo ya habíamos estado dándole vueltas a la idea. Mateo me llevaba más al cine de arte y ensayo, más al cine de Cannes, y yo era más de Sitges. Esa sinergia funcionó.

Habíamos quedado en que, al empezar quinto, escribiríamos la película, pero me vine arriba. Por la mañana estudiaba y por las tardes escribía. Suspendí, obviamente, pero me planté en septiembre con el guion. Ese guion, que prácticamente iba a acabar en un cajón, se lo llevé a José Luis Cuerda. Me dijo: “Bueno, sí, pero luego no me vayas persiguiendo, déjame en paz, ya veré cuándo te contesto”. Se lo di un sábado y me contestó el domingo con la propuesta de convertirse en productor de la película. La película se montó en régimen de cooperativa. Todos los jefes de equipo cobramos la mitad de nuestro sueldo. Pudimos hacerla por la subvención que nos dieron en aquel momento. La facultad, afortunadamente, nos dejó ese espacio, que era fundamental. Ahora me doy cuenta, porque a lo largo de mi carrera me ha costado tantísimo levantar otros proyectos, de la inmensa suerte que tuvimos. El proyecto se levantó muy rápido.
Eduardo Noriega: Yo creo que fue muy importante la visión de las hijas de Cuerda. Les pasó el guion, ellas tendrían 15 o 16 años, y le empujaron también. Era un cine en las antípodas de lo que podía hacer José Luis. De hecho, José Luis en algún momento dijo: “Esta es una película que creo que he sabido producir, pero no habría sabido dirigir”. Yo pensaba: “Coño, si es José Luis Cuerda, ¿cómo no va a saber dirigir esto?”. Pero ahora me doy cuenta de que la película estaba en las antípodas de lo que él consideraba como director.
Los consejos de Cuerda y el montaje
Alejandro Amenábar: Con José Luis aprendí mucho. En rodaje, intromisión cero. Me dio solo un consejo antes de comenzar. Me dijo: “Cada mañana, antes de empezar, ve al camerino a saludar a las actrices y los actores, que se sientan arropados”. Y luego me dijo: “Si tienes alguna vez una bronca con un actor, que no sea delante del equipo, porque el equipo se va a poner de su lado”. Eso lo decía él, que luego tenía unas broncas de cuidado.
Aprendí mucho de montaje con él. En ‘Tesis’ teníamos el problema de que la película duraba más de dos horas. Duraba 124 minutos porque discurría un 4% más despacio, y con 124 minutos no podíamos tener cuatro pases en las salas. La obsesión de José Luis era recortar esos cuatro minutos que sobraban. Yo decía: “Es que daño a la película”. Pero había un plano concreto de Ana Torrent mirando por una ventana mientras llueve que me decía: “Este plano no aporta nada”. En la sala de montaje pegó un puñetazo, supuestamente porque yo me había llevado el plano, aunque no me lo llevé. Hubo que reconfigurar el ordenador. Ahora, con la revisión de la película, digo que la verdad es que tenía razón.

Un rodaje contra el reloj
Alejandro Amenábar: El mayor reto de ‘Tesis’ era que se iba a rodar en cinco semanas y media. Se debió rodar con el dinero de la época, no llegaría a los 800.000 euros. No había dinero para nada y, sobre todo, no había tiempo. Yo tenía mi lista de planos. Siempre he sido muy metódico y específico con el guion técnico y los planos que necesito. El reto era conseguir ese nivel de planos todos los días. Ensayábamos muchísimo con Ana, Eduardo y Fele. Recuerdo decirles: “Cuando estemos rodando no voy a poder repetir por vosotros. Voy a poder repetir si hay algún problema técnico, pero quiero no tener que repetir por vosotros”. Emiliano Otegui, que es director de producción y ha hecho varias películas mías, dice que en ‘Tesis’ no hacíamos más de tres tomas. Entre una y dos, y a veces tres, por plano. El clímax final, donde Eduardo lanza todos sus discursos, se rodó prácticamente de una vez, porque no teníamos tiempo material. Ese era el gran reto: conseguir algo lo suficientemente expresivo con muy poquísimo tiempo.
Amenábar visto por Noriega durante el rodaje
Eduardo Noriega: Nosotros estábamos encantados, sobre todo Fele y yo. Recuerdo que Alejandro me dijo: “Yo quiero que hagas la película tú, pero igual, cuando esto se ponga en marcha, el productor va a querer gente conocida”. Yo no estaba 100% seguro de que fuera a hacerla. Cuando entró Ana Torrent, pensé: “Bueno, ya tiene a la famosa”. Creo que Fele y yo pasamos, y así fue.
Lo que recuerdo del rodaje es a este señor con 23 años, sin ninguna experiencia profesional, rodeado de gente que llevaba 20 años en la industria: Ricardo Steinberg, Hans Burmann, Julio Madurga, Emiliano Otegui… Gente que llevaba 20 años trabajando. Y todos estaban en silencio escuchando las órdenes de este señor, que estaba cero nervioso. No había un grito, todo era con calma, a pesar de que iba a hacer 20 planos cada día. Todo el mundo seguía sus órdenes. Todo el mundo entendió que había alguien que tenía las cosas muy claras, mucho talento y que sabía cómo quería contar el cuento. Era fascinante ver a gente tan experimentada siguiendo las órdenes de este niño con una tranquilidad como si llevara toda la vida haciendo películas. Y, como he dicho antes, sí éramos conscientes de que teníamos algo interesante entre manos.

Amenábar y el miedo a no ser escuchado
Alejandro Amenábar: Yo tenía miles de miedos. Mi paranoia era que, al tener un equipo de veteranos y veteranas, no me harían caso. José Luis Cuerda me dijo: “Esta gente tiene el culo pelado de hacer películas. Tú di lo que quieres y punto”. Me acuerdo perfectamente del primer plano de la película. Era una panorámica: Ana Torrent sale corriendo del despacho de Castro y él la persigue. Colocaron la cámara. En ese momento no había combo, no podías ver la señal de vídeo. Le dije a Emilio que al día siguiente necesitaba combo, necesitaba ver lo que se estaba rodando. Llegamos a un acuerdo para no perder tiempo: iba a haber combo y yo iba a poder ver la imagen, pero no se podía grabar, con lo cual no podíamos rebobinar ni ver lo que habíamos hecho.
Aquella mañana colocaron la cámara y dije: “¿Podríais bajarla un poquito?”. La bajaron. “¿Podríais bajarla otro poquito?”. La volvieron a colocar. Y entonces Julio Madurga me dijo: “Tú di a qué altura la quieres”. Dije: “Aquí”. Y me dijo: “Vale”. En ese momento entendí que tenía que decir lo que quería, cómo lo quería y se acabó. Yo en realidad no intervengo en temas de fotografía porque no controlo absolutamente nada, pero sí soy muy específico con lo que se ve en pantalla y con la coreografía de la cámara.
La industria actual y el consejo a los nuevos cineastas
Alejandro Amenábar: La crisis en el cine español ha sido endémica. Desde que me dedico a esto se habla de crisis, de que no hay realmente industria, etcétera. Ahora sucede una paradoja: se hace más ficción que nunca y es difícil encontrar técnicos. Cuando vas a planear una película tienes que asegurarte de que no estén metidos en alguna serie de Netflix. La industria está trabajando, pero depende de la carrera que quieras hacer. Si quieres dedicarte a un aspecto técnico, perfecto. Yo, antes de hacer la película, me planteaba estudiar en la escuela de cine y especializarme completamente en sonido, que es un apartado que me interesa muchísimo. Si quieres ser creador o contador de historias, las historias se aprenden viendo y leyendo muchísimo y absorbiendo el mundo que te rodea.

El sonido como centro de ‘Tesis’
Eduardo Noriega: Hay una cosa fundamental en ‘Tesis’: la escena en la que Ana Torrent está en la cafetería, todavía no se atreve a ver las imágenes y se pone el audio. Si no recuerdo mal, cuando Alejandro preparaba ‘Tesis’, una vecina suya le contó una historia porque sabía que iba a hacer una película que tenía que ver con las snuff movies. Le contó algo que sucedió en Berlín, en un club donde había proyecciones en la sala de abajo. Avisaron de que iban a proyectar algo muy heavy y que quien quisiera podía irse. Algunos se fueron y otros se quedaron. Por lo visto era una película o un cortometraje con violencia real, y esta chica decía que, cuando se tapó los ojos, era peor, porque el sonido hace que tu cerebro vaya más allá de lo que estás viendo.
Si ves algo horrible, sea ficción o real, dices: “Qué horror”, pero lo has visto, tiene un fin. Si lo oyes y no lo ves, tu cerebro va más allá. Ese es uno de los puntos fuertes de la película: querer ver, no ver, taparse los ojos. El cartel francés era maravilloso: el ojo de Ana y una mano que tapa ese ojo. “Quiero ver, pero no me atrevo”.
Esa secuencia me parece fabulosa. Ana escucha una cosa y, al mismo tiempo, llega Fele. Cada vez que vemos a Ana, escuchamos lo que está oyendo Fele, que es heavy, y cuando vemos a Fele escuchamos lo que está oyendo Ana. El sonido es fundamental. Lo era en la concepción de ‘Tesis’, en la trama, pero también lo es en los rodajes de Amenábar.
Alejandro Amenábar: José Luis Cuerda me dijo que era la mayor tontería que se me había ocurrido en la vida. Cuerda tenía esas cosas de genio. Quería quitar aquel plano y tenía razón, pero también quería quitar esta escena y no tenía razón.


Fran Chico es experto en cine y series, especializado en divulgación cultural y crítica cinematográfica. Es crítico reconocido en Rotten Tomatoes y Filmaffinity, y votante de los Globos de Oro desde 2025. Aunque su género favorito es el terror, su rango cubre desde el último blockbuster taquillero de Hollywood a la película de autor a reivindicar del circuito de festivales. Además, no hay serie de Netflix, HBO Max, Amazon Prime Video o Disney+ que escape a su radar, profundizando en el catálogo de cada plataforma para recomendar y analizar sus mejores contenidos.
Fran Chico lleva escribiendo en Fotogramas desde 2022, pero sus inicios en el periodismo cinematográfico se remontan a principios de los 2000 en foros y blogs de cine como Planeta Claqueta o Moviementarios. Fue fundador y parte del consejo de dirección de la publicación digital de críticas y análisis fílmico Revista Mutaciones y miembro de la Asociación de Informadores Cinematográficos de España (AICE), la organización que otorga los Premios Feroz. Después de cursar el Máster de Crítica Cinematográfica de la Escuela de Cine de Madrid (ECAM) impartido por Caimán Cuadernos de Cine, ha colaborado y/o cubierto como prensa especializada desde 2010 festivales de cine como San Sebastián, Sitges y Filmadrid, entrevistando por el camino a directores, actores y actrices relevantes de la industria nacional de la talla de Penélope Cruz o Javier Bardem e internacional como Scarlett Johansson, Dwayne Johnson, Margot Robbie o Pedro Pascal.
Sus conocimientos y su experiencia sirvieron para que también fuera videoblogger de cine de Fnac España y director y presentador del podcast Holocausto Zinéfago, con más de 150 programas emitidos y disponibles en los que se mezclan el cine y el humor desde un punto de vista único y original.
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