Un ganadero de Vermont está obligado a vender sus 50 vacas tras mantener su tambo por medio siglo: cuando empezó, su pueblo tenía 30 granjas lecheras y en 2026 solo quedan dos

En Vermont, la industria lechera permanece como uno de los pilares tradicionales de la economía. Pero, en los últimos años, el estado ha perdido cientos de granjas lecheras, mientras las que permanecen afrontan mayores costos, falta de relevo generacional y presión sobre las tierras agrícolas.
Un informe oficial afirma que, en Vermont, el 73% de las granjas lecheras tiene menos de 200 vacas y la cantidad de explotaciones ha caído en picada. En solo 10 años, pasaron de 838 a 500. Además, la edad media de los granjeros es de 58 años, lo que plantea interrogantes sobre el futuro de la actividad.
La concentración del sector permite que las granjas más grandes tengan ventajas de escala, mientras las pequeñas deben afrontar inversiones, mayores costos laborales, mantenimiento de instalaciones y, sobre todo, dificultades para encontrar sucesores.
La situación en Craftsbury es un ejemplo de todo ello. Hace medio siglo, allí había 30 granjas lecheras. El cierre de una de ellas dejaría a la localidad con solo 2.
¿Por qué vende su rebaño?
La Bailey Farm es una de las pocas granjas que quedan en Craftsbury. Sus establos son testigos de la historia de varias generaciones que siempre han vivido de las vacas. Su actual propietario, John Bailey, comenzó a ordeñarlas a mano cuando tenía siete años. Creció trabajando junto con su padre y, a los 25, asumió el control de la explotación familiar. Ahora, cerca de cumplir 75, ha tomado una decisión: vender el rebaño, según un informe de WCAX TV.
Los motivos tienen que ver con el estado de salud de Bailey y también con la decisión de sus hijos de negarse a continuar con la granja. Según ha dicho Bailey, ellos no tienen interés en irse a vivir cerca de Craftsbury, una pequeña localidad del condado de Orleans donde había 1.343 habitantes según el censo de 2020.

Los cinco núcleos urbanos (Craftsbury Common, Craftsbury Village, East Craftsbury, Collinsville y Mill Village) están rodeados de granjas familiares y terrenos agrícolas. El río Black atraviesa el valle, mientras las colinas y bosques característicos del llamado Northeast Kingdom forman el paisaje de la zona.
En la granja, desde hace 50 años, la jornada laboral de Bailey comienza antes del amanecer, poco después de las cuatro de la mañana. Entonces comienza con el ordeñe de medio centenar de vacas, una cantidad que Bailey considera pequeño frente a los estándares actuales del sector.
Su esposa, Cynthia, ha sido testigo de cinco décadas de trabajo. Para ella, la decisión representa mucho más que la venta del rebaño porque, asegura, significa el final de una forma de vida.

De todas formas, Bailey no piensa vender los 300 acres que ocupa el establecimiento familiar. En realidad, quiere transformarlo para comenzar a criar ganado vacuno. De esta manera, piensa John, podrá dormir un poco más y realizar menos esfuerzo físico.
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