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Saturday, November 7, 2026

La costumbre de los antiguos romanos para vengarse de sus enemigos: escribían maldiciones en láminas de plomo y pedían ayuda a los dioses

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Robos, engaños, disputas personales y rivalidades podían terminar con una maldición escrita. Las tablillas conservadas revelan una faceta mucho más íntima y desconocida de la vida cotidiana en el Imperio romano.

Christian Pérez

Publicado por Christian Pérez

Redactor especializado en divulgación científica e histórica

Creado:

Alguien acaba de robarte la ropa mientras disfrutabas de un baño público. No sabes quién ha sido, nadie parece haber visto nada y recuperar tus pertenencias resulta prácticamente imposible. En la antigua Roma, además de buscar al responsable, existía otra posibilidad bastante más inquietante: escribir una maldición, grabarla sobre una pequeña lámina de metal y pedir a una divinidad que se encargara de castigar al culpable.

Aunque hoy pueda parecer una superstición extraña, estas prácticas formaron parte de la vida de numerosas comunidades del mundo grecorromano. Y lo más sorprendente es que muchas de aquellas amenazas han llegado hasta nuestros días, conservando nombres, acusaciones y deseos de venganza escritos hace casi dos mil años.

Los especialistas conocen estos objetos como defixiones, unas tablillas que permiten conocer conflictos personales que difícilmente habrían aparecido en las grandes obras de los historiadores romanos.

Las pequeñas láminas con las que los romanos intentaban perjudicar a sus enemigos

Generalmente se elaboraban con plomo, un material relativamente barato y lo suficientemente blando como para grabar palabras sobre su superficie. En ocasiones también se utilizaban aleaciones que contenían estaño.

Sobre estas láminas se escribían nombres, invocaciones religiosas y peticiones que buscaban influir sobre el destino de otra persona. Algunas eran extremadamente breves; otras contenían fórmulas bastante elaboradas.

Una vez preparadas, podían doblarse, enrollarse o depositarse en lugares considerados apropiados para establecer contacto con las divinidades y otras fuerzas sobrenaturales. Se han encontrado ejemplos en tumbas, pozos, santuarios y manantiales.

No siempre se trataba de provocar la muerte de alguien. Algunas maldiciones pretendían impedir que un adversario ganara un juicio, perjudicar a un rival o conseguir que una persona devolviera lo que había robado.

La práctica tampoco fue una invención exclusivamente romana. Existían antecedentes en el mundo griego, y durante siglos estas fórmulas circularon por distintas regiones del Mediterráneo.

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El lugar donde aparecieron 130 maldiciones escritas hace casi 2.000 años

Uno de los testimonios más extraordinarios procede de la ciudad inglesa de Bath, conocida en época romana como Aquae Sulis. Allí existía un importante complejo termal construido alrededor de un manantial sagrado asociado con Sulis Minerva.

En este lugar se recuperó una colección de unas 130 tablillas, fechadas entre los siglos II y IV d. C., que ofrecen una visión sorprendente de las preocupaciones de quienes acudían a los baños.

Muchas están relacionadas con robos.

Una de ellas recoge la petición de una persona a la divinidad para que castigara a quien le había sustraído una capa con capucha. El autor ni siquiera necesitaba identificar al ladrón: solicitaba que el castigo alcanzara al responsable independientemente de que fuera hombre o mujer, libre o esclavo.

En otras ocasiones sí aparecen nombres concretos de personas sospechosas. Lejos de las grandes conspiraciones políticas que suelen protagonizar los relatos sobre Roma, estos documentos muestran discusiones por prendas de vestir, pequeños objetos y pertenencias desaparecidas.

La colección es tan valiosa desde el punto de vista histórico que fue incorporada en 2014 al registro británico del programa Memoria del Mundo de la UNESCO.

¿Realmente creían que sus maldiciones podían funcionar?

Para comprender estas prácticas hay que recordar que la religión estaba profundamente integrada en la vida cotidiana romana. Las personas podían recurrir a las divinidades para pedir protección, salud, prosperidad o justicia.

Las tablillas de maldición representan una manifestación particular de esa relación con lo sobrenatural.

Imagen 2

En algunos casos, sus autores no consideraban que estuvieran cometiendo una injusticia, sino reclamando ayuda frente a un agravio. Quien había sufrido un robo podía presentarse como víctima y solicitar una intervención divina contra el culpable.

Otras maldiciones, en cambio, buscaban perjudicar directamente a rivales sin que existiera necesariamente una ofensa previa.

Lo que desconocemos es cuántas personas recurrían realmente a estas prácticas y hasta qué punto estaban extendidas entre todos los grupos sociales. Su conservación depende de circunstancias arqueológicas muy concretas.

Pero las tablillas permiten descubrir algo especialmente humano: los romanos también sentían rabia, frustración y deseos de venganza por problemas que hoy nos resultarían perfectamente reconocibles.

Y algunos decidieron dejar sus amenazas por escrito, confiando en que los dioses escucharan aquello que los demás no habían querido resolver.

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