La estrategia de un Madrid desquiciado de pies a cabeza
Courtois, Valverde, Konaté, Rüdiger, Cucurella; Tchouameni, Bernardo, Bellingham, Arda Güler, Mbappé y Vinicius. El Real Madrid tiene equipo, y plantilla, para ganar la Liga, la Champions y a cualquier rival, incluso a este Barça sublime. Eso sí, tienen que jugar al fútbol y olvidarse de todo lo tóxico. Pero, hoy por hoy, con Mourinho en el banquillo y tras dos años en blanco, han creído que tensionarlo todo y obsesionarse con una persecución arbitral inexistente iba a ser el punto de inflexión para lograr títuos. Y, al contrario. A cada partido dejan más imágenes de equipo pequeño, crispado y resentido, con un algo de berrinche infantil y un mucho de macarra ajusta cuentas.

Antes era Vinicius. Ahora ya no es solo Vinicius. Mourinho y su staff lo protestan todo desde el minuto de silencio. Cualquier fuera de banda es un aspaviento, por cualquier falta piden tarjeta, rodean al colegiado e intentan amedrentarle. Incluso Chendo, el delegado, pierde los papeles. Ni la campaña infinita por Negreira, ni las arengas indecentes de Real Madrid TV, ni los comunicados de ocho páginas de Florentino contra el CTA han hecho efecto alguno.

Al contrario, les ha sacado de quicio. Y, en lugar de jugar al fútbol y demostrar lo buenos que pueden llegar a ser, se pierden en protestas, pataletas y tanganas. Bellingham y Cucurella no se callan en todo el encuentro. O miran mal al rival o amenazan al árbitro. Konaté y Rüdiger, a cada córner a favor, son un festival de lucha libre para, luego, poner cara de angelitos cuando se les riñe. De tensionar, tensionan. Antes, durante y después de los partidos. Pero no hacen ningún favor a sus intereses. Ojalá sigan así, sumergidos en el espiral delirante de sus propias excusas.
KioskNews shows a cleaned-up reading view extracted from the publisher’s page — the original always lives on their site, not ours.