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Saturday, October 3, 2026

Pam Johnson-Bennett, experta en gatos: “Castigar a tu gato es un error porque no actúan por despecho ni desobedecen aposta; su conducta cumple una función”

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Pam Johnson-Bennett es una de las pioneras del asesoramiento sobre comportamiento felino. Cuando comenzó a visitar hogares en 1982, esta especialidad apenas estaba desarrollada. Su trabajo contribuyó a sentar sus bases y, a lo largo de más de cuatro décadas, ha promovido una manera de comprender a los gatos que parte de sus necesidades y de la función de su conducta.

Autora de obras de referencia como Think Like a Cat y Cat vs. Cat, fue vicepresidenta de la Asociación Internacional de Consultores de Comportamiento Animal (IAABC), donde fundó y dirigió la división felina. Su trayectoria ha ayudado a cambiar nuestra forma de interpretar el comportamiento de los gatos y de convivir con ellos.

El entrenamiento forma parte de ese enfoque: un aprendizaje positivo y gradual que facilita la vida cotidiana, respeta las necesidades del gato y mejora la comunicación con quienes lo cuidan. Aunque ya no realiza consultas privadas, continúa compartiendo su experiencia a través de la divulgación.

Su nuevo libro, Tender Loving Cat, recién publicado, explora cómo favorecer la felicidad del gato en su día a día y fortalecer el vínculo con quienes lo cuidan. En esta entrevista, hablamos con ella sobre lo que todavía nos cuesta comprender de los gatos y qué podemos cambiar para que vivan mejor a nuestro lado.

Es alentador que cada vez más clínicas participen, por ejemplo, en el programa Fear Free. Foto: FB/Pam.JohnsonBennett

Después de más de 40 años trabajando con gatos, ¿qué es lo que más ha cambiado en nuestra manera de comprenderlos?

Me encanta ver que cada vez más personas reconocen la importancia de mejorar la vida emocional de los animales. También se presta más atención a reducir el estrés en las clínicas veterinarias. Es alentador que cada vez más clínicas participen, por ejemplo, en el programa Fear Free. Además, cuando empecé a hacer consultas, casi todos mis clientes eran muy escépticos: dudaban de que fuera posible modificar el comportamiento de sus gatos o incluso entrenarlos.

¿Y qué creencia equivocada ha sido más difícil de desterrar?

La creencia equivocada sobre la que todavía hace falta insistir es que los gatos se portan mal a propósito y que hay que castigarlos por ello. Sigo intentando explicar que el castigo no tiene cabida, pero sigue siendo una tarea difícil.

Visitar a los gatos en sus hogares se convirtió en parte central de su trabajo. ¿Qué descubriría allí que nunca habría revelado una simple descripción de la «conducta problemática»?

No hay nada más revelador que observar directamente la dinámica del hogar y la relación entre el gato y la familia. Una persona puede decirte que el arenero está limpio y resulta atractivo para su gato, pero, cuando lo ves (y lo hueles), ves que la realidad es distinta. Lo que más me gustaba de acudir a los hogares era que a las familias les resultaba más fácil aplicar mis recomendaciones si las acompañaba de una habitación a otra y les mostraba cómo hacerlo. También he encontrado a personas tan angustiadas por el problema de su gato que cogerles la mano, darles un abrazo o simplemente escucharlas les devolvía la esperanza ante el trabajo de modificación de conducta que estábamos a punto de comenzar. Aunque debemos querer a nuestros gatos como miembros de la familia, es importante reconocer sus necesidades como gatos.

En todos los casos que ha conocido, ¿qué solían pasar por alto las personas sobre el entorno que habían creado para su gato?

Un ejemplo es el arenero. Muchas personas dan por hecho que sus gatos desean la misma intimidad que nosotros cuando vamos al baño. Por eso les ponen un arenero cubierto o lo colocan en una zona apartada. Sin embargo, para los gatos, la seguridad es más importante que la intimidad al utilizar el arenero. No quieren sentirse atrapados ni expuestos a que otro gato les tienda una emboscada. Además, cuando el arenero está cubierto o en un lugar poco práctico, es más fácil descuidar la retirada de los residuos y la limpieza. Lo veía a menudo en las consultas. El tamaño y el tipo de arenero, su limpieza, la arena y su ubicación deben responder a las necesidades del gato.

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«Piensa como un gato» se ha convertido en la idea que define su trabajo. Cuando alguien pregunta: «¿Cómo consigo que mi gato deje de hacer esto?», ¿qué debería preguntarse realmente?

Cuando tu gato muestra una conducta no deseada, es necesario cambiar de perspectiva. ¿Por qué necesita comportarse así? ¿Qué función cumple esa conducta? Los animales no actúan por despecho ni desobedecen deliberadamente. Toda conducta cumple una función, aunque no nos guste. Lo primero es valorar si hay una causa médica. Después, hay que preguntarse qué obtiene el gato con esa conducta. Tiene que aportarle algún beneficio; de lo contrario, no la repetiría. Una vez que identificas el motivo, puedes cambiar las circunstancias y ofrecerle una alternativa mejor. Por ejemplo, si tu gato araña los muebles, no lo hace porque sea malo, sino porque los gatos tienen una necesidad natural de arañar. Si no le has proporcionado un rascador adecuado, buscará otro objeto que cumpla esa función. Consigue uno más adecuado y tu gato ya no necesitará arañar los muebles. Analizar la conducta desde el punto de vista del gato ayuda a resolver mejor los problemas y fortalece el vínculo.

Arañar, esconderse, bufar, morder u orinar o defecar fuera del arenero suelen considerarse problemas que hay que eliminar. ¿Qué puede estar comunicando un gato con estas conductas y qué daño podemos causar si intentamos que deje de hacerlas?

La conducta es una forma de comunicación, y los gatos son expertos en comunicarse. El problema es que no dedicamos tiempo a comprender lo que nos dicen con su comportamiento o, sencillamente, ignoramos el mensaje. Cuando un gato muerde, solemos reaccionar castigándolo, en lugar de preguntarnos qué le ha llevado a sentir que necesitaba hacerlo. ¿Habíamos ignorado sus primeras señales de advertencia? ¿Morder fue la única manera que encontró de conseguir que dejáramos de hacer lo que estábamos haciendo? Si quieres ganarte la confianza de tu gato y construir un vínculo sólido con él, aprende a prestar atención a sus señales de comunicación. El entrenamiento debe ser siempre cariñoso, amable y positivo. Aprende qué necesitan los gatos para poder ofrecérselo de una manera que funcione para ambos. Intentar impedir una conducta normal y necesaria porque no te gusta o no comprendes su función hará que tu gato se sienta frustrado, confundido y, muy a menudo, que te tenga miedo.

Mencionas el entrenamiento. ¿Qué significa entrenar a un gato desde su enfoque? Más allá de ayudarlo a sentirse cómodo cuando lo tocamos o lo cogemos en brazos

Cuando hablo de entrenamiento, me refiero a la comunicación entre tú y tu gato. Mi enfoque tiene dos vertientes. La primera consiste en ayudar al gato a sentirse cómodo en situaciones cotidianas o ante otras que puedan presentarse en el futuro. Por ejemplo, si enseñas a tu gato a sentirse cómodo dentro del transportín y al viajar en coche, la experiencia será mucho menos estresante que si lo metes a la fuerza en el transportín cuando toca ir al veterinario. Si se hace de forma gradual y positiva, enseñarle a aceptar el transportín y los desplazamientos hará que la experiencia resulte mucho menos aterradora para todos. Ayudarlo de forma gradual y positiva a aceptar que le cortes las uñas, lo cepilles, lo cojas en brazos o le administres medicación, así como enseñarle a responder cuando lo llamas por su nombre, entre otras cosas, hará que la vida sea más feliz tanto para tu gato como para ti. La segunda vertiente consiste en establecer normas de convivencia en casa y facilitar que el gato pueda seguirlas. Esto incluye trabajar conductas como subirse a la encimera de la cocina, salir corriendo por la puerta en cuanto se abre o pedir comida. Empieza por identificar por qué realiza esa conducta, ofrécele después una alternativa mejor y sé constante.

¿Cómo podemos reconocer si un gato desea que lo toquemos?

Utiliza técnicas de entrenamiento positivo para ayudar a tu gato a sentirse cómodo cuando lo tocan, lo sostienen en brazos o lo levantan del suelo. Entrenar implica pedir consentimiento: observa su lenguaje corporal para comprobar si desea interactuar e ir aumentando poco a poco la cercanía física. Si a tu gato no le gusta estar en brazos o se tensa cuando lo tocas, empieza despacio: dale una sola caricia suave y, después, una golosina. No te acerques y lo cojas en brazos sin más. Con sesiones de entrenamiento positivas, amables y graduales, irás conociendo sus preferencias y aprenderás a reconocer mejor cuándo quiere interactuar y cuándo prefiere evitar el contacto. Cada sesión debe terminar de forma positiva; así estará más receptivo en la siguiente. Todos los animales se sienten más seguros y cómodos cuando pueden elegir.

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Muchas personas creen que su gato es feliz porque come, duerme, utiliza el arenero y no causa problemas evidentes. ¿Basta con que no haya problemas de conducta para afirmar que el gato está bien?

Las conductas que describes responden a la supervivencia, y los gatos tienen un fuerte instinto de supervivencia. También necesitan oportunidades para jugar, relacionarse y disfrutar del afecto de la manera que les resulte más cómoda. El término «enriquecimiento ambiental» se ha popularizado en las últimas dos décadas, a medida que hemos comprendido que los gatos necesitan algo más que un refugio, comida, agua y un lugar donde hacer sus necesidades. Que no veas un problema de conducta evidente no significa que tu gato esté libre de estrés, miedo, intimidación o incluso aburrimiento. En realidad, conoces a tu gato mejor de lo que crees. Dedica tiempo a observar si se siente feliz y seguro y lleva una vida plena como gato, o si hace falta ajustar algunos aspectos de su entorno y de tu manera de entrenarlo.

En su nuevo libro, Tender Loving Cat, exploras cómo fomentar la felicidad y fortalecer el vínculo. Después de una carrera dedicada en gran parte a resolver problemas de conducta, ¿por qué quiso centrarsee en la felicidad, la confianza y el amor?

A lo largo de mis años de consulta, he conocido a muchas personas que no entendían por qué no tenían con sus gatos esa relación cariñosa y feliz que parecían tener sus amigos o vecinos. Quiero que las personas disfruten plenamente de lo que significa compartir la vida con un gato. La cercanía, la comunicación y la alegría que surgen de esa relación son muy gratificantes, tanto para el gato como para su familia humana. Creo que, cuando acoges a un animal de compañía en tu hogar, tienes la obligación de atender sus necesidades físicas, nutricionales y médicas, pero también las emocionales. Los animales nos dan muchísimo, de forma desinteresada e incondicional. Merecen ser felices y sentirse queridos. ¿Y sabes qué? La alegría y la satisfacción de saber que tu gato es feliz te recompensan con creces. ¡Todos salimos ganando!

También fue pionera en estudiar la complejidad de los hogares con varios gatos. Si no se pelean abiertamente, ¿cómo podemos saber si están bien juntos o si simplemente se evitan?

En general, los gatos recurren a las posturas corporales y al marcaje para intentar evitar un enfrentamiento físico. En un hogar con varios gatos puede haber tensión e intimidación que pasen desapercibidas porque no vemos peleas ni mechones de pelo volando. Un ejemplo sería que un gato no entrara en la cocina a comer hasta que el otro hubiera terminado y marchado. La intimidación puede ser tan sutil como que un gato se tumbe tranquilamente delante de una habitación donde hay un recurso valioso. Puede parecer casual, pero en realidad podría estar bloqueando el acceso de forma intencionada. Es importante aprender a interpretar su lenguaje corporal.

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Después de todo lo que los gatos le han enseñado, ¿cuál es el cambio más importante que pediría a las personas?

Que recuerden que toda conducta cumple una función. Un comportamiento que no deseas puede frustrarte o enfadarte, pero lo que hace tu gato es completamente normal. Tu tarea consiste en entender qué te está diciendo con su conducta. Tu gato depende de ti: sé su defensor, no su enemigo.

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