Felipe Ávila*: Lázaro Cárdenas y la soberanía
l 19 de octubre de 1970 falleció el general Lázaro Cárdenas del Río, el mejor presidente mexicano del siglo XX. Su gobierno fue el punto más alto de la Revolución Mexicana. Realizó una profunda reforma agraria, destruyó el latifundismo, distribuyó entre los campesinos las tierras más ricas y fértiles. Expropió el petróleo, que ha sido desde 1938 el eje para el desarrollo de la industria nacional.
Pudo hacer esas transformaciones porque su gobierno fue del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Entendió las demandas de la sociedad mexicana y supo canalizarlas. Entregó al final de su gobierno un país con crecimiento económico, finanzas públicas sanas, sin deuda, con infraestructura productiva y educativa que sería el soporte del desarrollo de México en el siglo XX.
Sacó adelante al país en una situación internacional y nacional muy complicada, con amenazas para la humanidad con el avance del nazifascismo; con presiones económicas, políticas y diplomáticas de Estados Unidos, y con los conservadores mexicanos que buscaban desestabilizar a su gobierno.
Cárdenas defendió los principios de la Revolución Mexicana de libertad, democracia, justicia social, independencia y soberanía. Fue un férreo defensor de nuestra soberanía. Cuando expropió la industria petrolera expresó: “La soberanía de la nación quedaría expuesta a maniobras del extranjero que pretende eludir los mandatos y las obligaciones que imponen las autoridades del propio país”.
Explicó que la expropiación había sido un acto de soberanía, dignidad y justicia, que las empresas extranjeras tenían que acatar las leyes mexicanas. El 12 de marzo de 1939, ante el Congreso de la Unión, señaló: “Nuestro territorio, con valiosas riquezas en sus entrañas, fue objeto de la penetración de empresas que se habían acostumbrado a considerar a los países hispanoamericanos como simples colonias de explotación, constituyéndose en fuerzas económicas superiores al poder soberano de los estados. Frente a este problema, el gobierno de la Revolución acudió a la aplicación de la Carta Magna de 1917 que recuperó para la República, en forma inalienable, el dominio directo del subsuelo”.
El presidente Cárdenas no sólo defendió la soberanía de nuestro país ante amenazas del exterior, también defendió la soberanía de otros pueblos e hizo de esta postura uno de los principios de su política exterior. El 23 de junio de 1940, condenó las agresiones de las potencias imperialistas contra Abisinia, Austria, Checoslovaquia, Polonia, Finlandia, Noruega, Dinamarca, Holanda, Bélgica, Luxemburgo y Francia. Ofreció la solidaridad de México en defensa de la libertad, la democracia, la soberanía y la autodeterminación de los pueblos: “México expresa su pública condena de toda guerra de conquista o de invasión a la soberanía de los pueblos… El pueblo de México debe saber que el gobierno no hará ningún tratado internacional que lesione su soberanía y decoro”.
El 15 de septiembre de 1939, dijo: “Más que nunca, México necesita, para consolidar su derecho a ser un pueblo libre y soberano y para defender los principios de justicia social, que los mexicanos nos mantengamos firmemente unidos… Quienes sueñan en las restauraciones coloniales o propugnan por una política de conquistas territoriales se hallan de espaldas a las realidades de nuestro continente y no entienden que la solidaridad de los pueblos de América, descansando en la soberanía de las naciones, es una fuerza inquebrantable…”
Cuando México entró a la Segunda Guerra Mundial del lado de los aliados, Cárdenas ofreció sus servicios al presidente Ávila Camacho para defender a la patria. Fue comandante en la Región del Pacífico, con base en Baja California, región estratégica para prevenir y contrarrestar algún ataque japonés y mantener a raya a Estados Unidos, que quería establecer bases militares en esa península, lo que representaba un riesgo para el país. Cárdenas fue un baluarte en garantizar la soberanía de esa zona. El 14 de enero de 1942 informó: “La misión que se confía a la Región Militar del Pacífico es la más delicada y la que más cuidadosamente debe ejecutarse, con objeto de evitar actos que pudieran lesionar la soberanía nacional”. Una de las tareas que debía hacerse era “explicar al soldado y al pueblo qué es el nazifascismo y cuál es su plan de dominio”
Cuando supo que había un grupo de oficiales y soldados de Estados Unidos vestidos de civil y sin armas, que realizaban en Baja California una misión para detectar agentes japoneses que pudieran hacer sabotaje contra Estados Unidos, Cárdenas les dijo que debían salir del país. Esa investigación la haría personal mexicano.
Cuando se enteró de que el jefe del Estado Mayor Presidencial había autorizado al ejército estadunidense hacer reconocimiento para establecer una base naval en Bahía Magdalena, Cárdenas se reunió con ese general y lo convenció de que en lugar de eso “se establezca en el proyecto de plan de colaboración con el ejército norteamericano que la vigilancia y patrullaje de nuestras costas y territorio se hará por elementos nacionales y que toda clase de informes que se requieran se soliciten del comando respectivo en vez de autorizar expediciones extranjeras”.
La postura de Cárdenas quedó plasmada en el acuerdo de colaboración militar de México y Estados Unidos, que estableció: “Las bases aéreas y navales en la Región Militar del Pacífico serán construidas con personal mexicano y quedarán bajo el mando de las autoridades mexicanas”.
Cárdenas dio ejemplo de firmeza y dignidad al defender nuestra soberanía ante graves amenazas internas y externas. Representa un ejemplo a seguir en los momentos actuales, en que existen también grandes desafíos para México.
* Director del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México
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