Kimi Antonelli, nuevo rey de la F1
Cuando a alguien del paddock le hablas de Andrea Kimi Antonelli, lo más normal es que esboce una sonrisa. Es un chico amable, risueño, cercano y es imposible encontrar a alguien en la F1 al que le caiga mal. Incluso entre los pilotos es alguien muy querido, al que todos arropan. Genera empatía y ternura, por mucho que cuando se ponga el casco, sea todo lo contrario, un ‘killer’.
Recuerdo estar fuera de la sala de prensa, el pasado año en Silverstone, y ver a Kimi sentado en una escalera del camión de Mercedes, junto a su padre. Parecía preocupado. Venía de abandonar en Austria por un choque y su primer año estaba siendo irregular. A su lado, su padre, Marco Antonelli, su gran apoyo, charlaba con él en un momento lleno de presión. Meses después, estaba aplastando en la F1 y superando cualquier registro de precocidad. Y en esa remontada, Marco fue crucial, igual que su fuerza mental.
Él es mi roca y mi apoyo junto a mi madre y mi familia. Ellos saben cómo llevarme en ciertas situaciones. Mi padre es quién me ha enseñado todo de carreras y de la vida
Kimi Antonelli, sobre su padre
“Es mi roca y mi apoyo junto a mi madre y mi familia. Ellos saben cómo llevarme en ciertas situaciones. Mi padre es quién me ha enseñado todo de carreras y de la vida”, decía hace semanas sobre Marco, que cuando su hijo era pequeño, se oponía a la idea de que fuera piloto.
“Cuando era pequeño no quería que yo compitiera, porque este puede ser un deporte muy cruel y financieramente muy complicado. Si no tienes el apoyo adecuado, no llegas. Sin Mercedes no hubiéramos llegado. Cuando él competía, se enfrentó a esta realidad y no pudo seguir adelante por falta de apoyos. No quería que yo me enfrentara a sus mismas decepciones. Fue muy duro para él aceptar todo esto y quería protegerme, pero vio mi pasión y me dejó intentarlo”, destacó un Kimi que se subió por primera vez a un kart a los 5 años. A los 8 debutaba en competición. Pero hubo un día en el que su padre se dio cuenta que su hijo era distinto.
Marco, que había fundado su propio equipo de GT y karting, le dejó ponerse al volante de un Lamborghini de carreras en el circuito de Adria con 10 años. Tuvo que ponerse en el mismo asiento, tras su hijo, para que el pequeño llegara al volante y los pedales. “Pilotó en mis brazos y allí comprendí que podría llegar a destacar”. No falló.
Pilotó un Lamborghini de carreras con 10 años, en mis brazos. Allí comprendí que podría llegar a destacar
Marco Antonelli, padre de Kimi
Kimi también quiso destacar la figura de su abuelo: "Ha sido muy importante. Desafortunadamente, no está conmigo aquí hoy, pero seguro que me ve desde ahí arriba", dijo en 'DAZN'.

Mercedes invirtió unos 15 millones en su formación
En su desarrollo, clave fue Mercedes. Se calcula que desde que lo ficharon con 12 años, los de la estrella han invertido unos 15 millones de euros en su formación, sobre todo, con el programa de test sobre un F1 en 2024, preparándolo para su salto final. Hizo 9.000 km de test (distancia equivalente a unas 30 carreras) con varios F1 antiguos.

Una mente pridigiosa y una habilidad que sorprende
Su nombre es de campeón, pero no tiene nada que ver con el rey de 2007. “No se refiere a Raikkonen. Lo propuso un amigo de la familia. Mis padres no sabían qué segundo nombre darme. Él tuvo esta idea y sonaba bien”, explicó Andrea, que destaca por su mente prodigiosa.
Ejemplo de ello es que puede recordar sus mejores tiempos por vuelta en las pistas que ha competido en distintas categorías de monoplazas, como demostró en un vídeo que se hizo viral hace unos años.
Y muestra de esa mente distinta y sangre fría fue el momento que presenció MD en el pasado GP de Italia, en Monza, donde iba a salir desde el fondo por cambio de motor. En plena rueda de prensa previa en el hospitality, soltó un “intentaré ganar, porque Mercedes lleva desde 1955 sin ganar aquí”. Su responsable de prensa lo miró y sonrió, sorprendido. Se tapaba los ojos a la vez que reía, de incredulidad, por ver a un chico tan joven recordar ese dato en un momento de máxima presión para él, al llegar como líder del Mundial a la carrera de casa. Lo tiene todo en la cabeza.
Y tres días después, logró pasar a todos sus oponentes hasta el triunfo en lo que fue la segunda mayor remontada de la historia, eso sí, ayudado por un coche que era un cohete y un reglamento que facilitaba los adelantamientos en el 'Templo de la Velocidad'.

Muchos son los que no saben cuánto mérito ponerle al piloto en este título porque dispuso del mejor coche. Quizás le faltó un rival a su altura o medirse a un Max Verstappen con coches similares para medir su talento. Pero tiene tiempo por delante para hacerlo. Y sobre todo, aplastó a su compañero pese a su menor experiencia. Aguantó la presión del título. Hizo un año perfecto. Arrasando cuando podía, y minimizando pérdidas cuando no estaba en la lucha por ganar.
No hizo ni más ni menos que en los 6 títulos que Hamilton logró en Mercedes (de sus 7 totales) o en los cursos en los que Michael Schumacher era imbatible con Ferrari, o en los años en los que Vettel arrasó con el mejor coche, igual que Verstappen con Red Bull. Tuvo un coche ganador y lo aprovechó, sin fallos y sin dejar opción alguna a sus rivales. Sí, lo hizo en una F1 diferente, de mayor gestión. Pero lo bordó. Eso es lo que hacen los campeones. Ahora es el nuevo rey.
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