Complicaciones con los trámites migratorios en EE.UU. y la nueva política del ICE

Durante años, miles de argentinos construyeron su vida en Estados Unidos confiando en una lógica que parecía razonable: si tenían un trámite migratorio en curso o un permiso de trabajo vigente, estaban “en regla”. Esa lógica se está resquebrajando. En las últimas semanas, varios ciudadanos argentinos —entre ellos una mujer de 30 años detenida en el aeropuerto de Filadelfia cuando viajaba a ver a la Selección en el Mundial 2026— fueron arrestados por ICE pese a tener trámites migratorios pendientes de resolución. Ninguno tenía antecedentes penales. Muchos creían estar protegidos. No lo estaban.
Lo que cambió: una política de arrestos más amplia
No hay una ley nueva del Congreso detrás de este fenómeno, sino un cambio en la práctica de aplicación de ICE. Un memorando interno del 18 de febrero de 2026, firmado por el director de USCIS, Joseph Edlow, y el director interino de ICE, Todd Lyons, autorizó a los agentes a “arrestar y detener” a refugiados reasentados que no hayan ajustado su estatus a residencia permanente dentro del año de admisión. Antes, esos refugiados debían ser liberados dentro de las 48 horas o el DHS debía iniciar directamente el proceso de deportación; hoy pueden quedar detenidos mientras se completa una nueva inspección. La medida ya está judicializada: en Minnesota, organizaciones de asistencia a refugiados solicitaron a un juez federal que la declare ilegal.
Pero el patrón que más golpea a la comunidad argentina es más amplio: según reportes de prensa y testimonios de abogados de inmigración, ICE está deteniendo, en aeropuertos y controles de rutina, a personas con visas vencidas que además tienen casos de asilo, ajustes de estatus (I-485) u otras peticiones pendientes ante USCIS, independientemente de que ese trámite esté activo. USCIS confirmó que tiene más de 1,4 millones de solicitudes de asilo afirmativo pendientes de resolución, muchas iniciadas hace años, y que los solicitantes no quedan exentos de arresto por ese solo hecho. El mensaje de las autoridades, transmitido a la prensa en más de un caso reciente, es explícito: una solicitud de alivio migratorio pendiente no confiere ningún tipo de estatus legal en Estados Unidos.
Dos conceptos que no son lo mismo
Existe una confusión extendida, comprensible, pero hoy peligrosa, entre dos conceptos distintos. Estatus legal es el que surge de un caso ya aprobado por USCIS: una residencia permanente otorgada, una visa vigente y aprobada, un asilo concedido. Estadía autorizada (authorized stay) es la situación de quien tiene un trámite en curso, una solicitud de asilo, un I-485, u otra petición pendiente que por sí sola no otorga estatus legal, aun cuando venga acompañada de un permiso de trabajo o de un documento de viaje.
Tener el permiso de trabajo no significa tener estatus. Poder viajar con un documento de viaje no significa estar protegido de una detención. Esta distinción, hasta hace poco casi un tecnicismo, hoy puede determinar si una persona duerme en su casa o en un centro de detención.
El aeropuerto como punto de riesgo. El patrón se repite en distintas ciudades: personas con trámites pendientes son interceptadas al abordar vuelos domésticos, muchas veces después de haber hecho ese mismo trayecto sin inconvenientes en el pasado. Hay reportes de un aumento de detenciones en aeropuertos de al menos una quincena de ciudades. La recomendación que hacemos hoy desde el ejercicio profesional es clara, y honestamente dolorosa: evitar viajes domésticos si no se cuenta con un estatus ya aprobado. Un vuelo de rutina puede convertirse en el punto de quiebre de un proyecto de vida construido durante años.
Visas de trabajo y de estudio. En materia de visas de trabajo, reportamos un aumento sostenido de pedidos de evidencia adicional (RFE), con exigencias más estrictas para acreditar elegibilidad en categorías que antes se aprobaban con mayor fluidez.
En las visas de estudiante, el cambio ya tiene fecha: el 17 de julio de 2026, Se publicó una regla final que pone fin al sistema de “duración de estatus” para visas F-1 y J-1, vigente desde hace décadas. Desde el 15 de septiembre de 2026, estas visas quedarán limitadas a un período fijo de hasta cuatro años, o la duración del programa, lo que sea menor, y quien necesite más tiempo deberá tramitar una extensión ante USCIS. El período de gracia posterior a la finalización de estudios también se redujo, de 60 a 30 días.
En carga pública el cambio es distinto: no es una regla más estricta y detallada, sino la eliminación de la regla vigente. DHS anunció el 20 de julio de 2026 que rescindía el marco de 2022, predecible y acotado, con vigencia desde el 18 de septiembre de 2026. Desde esa fecha, USCIS tendrá discrecionalidad mucho más amplia para evaluar, caso por caso, si un solicitante de residencia es propenso a depender de asistencia estatal, sin el marco estructurado que existía hasta ahora. En la práctica, esto genera más incertidumbre, no menos.
La contracara: Estados Unidos sigue queriendo inmigración calificada
Sería un error leer este endurecimiento como un cierre total de puertas. Estados Unidos continúa siendo un país que busca activamente inmigración calificada: profesionales, empresarios, inversores e investigadores siguen logrando instalarse y trabajar legalmente cumpliendo con la normativa vigente. Las categorías de talento extraordinario, las visas de inversión, los procesos de empleo especializado y la planificación patrimonial siguen su curso, y numerosas familias y empresas argentinas alcanzan sus objetivos migratorios mes a mes. La diferencia entre lograrlo y no lograrlo, hoy más que nunca, está en la estrategia legal detrás del caso.
costo de improvisar. Contratar a alguien sin matrícula vigente en Estados Unidos ni experiencia específica en inmigración no es un ahorro: es, lisa y llanamente, un suicidio migratorio. Cada escrito mal respondido, cada viaje mal aconsejado, cada trámite presentado sin estrategia, puede desmoronar sueños que profesionales, empresarios y familias enteras construyeron con años de esfuerzo y sacrificio. La recomendación es siempre la misma, aunque hoy tenga más urgencia: antes de viajar, antes de presentar un trámite, antes de asumir que “estar en proceso” equivale a “estar protegido”, hay que asesorarse con un abogado matriculado en Estados Unidos y especializado en inmigración. No es un lujo. Es la diferencia entre construir un futuro y perderlo.
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