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Monday, September 28, 2026

Científicos retiraron más del 70% de los troncos sumergidos de la mitad de un lago de Wisconsin; en dos años, su población de perca amarilla, que antes era dominante, casi había desaparecido

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Desde la superficie, un lago puede parecer inmutable, pero debajo del agua los árboles caídos y los troncos sumergidos cumplen una función clave para los ecosistemas de agua dulce. Así lo mostró un experimento realizado en el lago Little Rock, en Wisconsin, Estados Unidos, donde los científicos retiraron más del 70% de los restos leñosos gruesos de una de sus dos cuencas.

El efecto sobre los peces fue evidente en poco tiempo. En dos años, la población de perca amarilla, que antes era la especie más abundante del lago, casi había desaparecido en la cuenca donde se realizó la intervención.

El estudio, titulado Fish Community and Food Web Responses to a Whole-Lake Removal of Coarse Woody Habitat (Respuestas de la comunidad de peces y la red trófica a la eliminación de hábitat de madera gruesa en todo el lago), buscó determinar qué sucede cuando se elimina una parte importante de las estructuras naturales que sirven de refugio y hábitat para distintas especies.

Un laboratorio natural dividido en dos cuencas

El lago Little Rock tiene 18 hectáreas y está ubicado en el condado de Vilas. Se trata de una masa de agua que no fue urbanizada ni explotada para la pesca. Una gran barrera divide el lago en dos cuencas similares y evita que los peces y el agua pasen de una a otra.

Esa característica permitió establecer una comparación directa. Una de las cuencas fue utilizada como zona de tratamiento y en 2002 se retiró aproximadamente el 70% de los restos leñosos gruesos presentes en la zona litoral poco profunda. La otra permaneció intacta y funcionó como referencia.

El lago Little Rock tiene 18 hectáreas y está en Vilas. Foto: Neon Science

Los troncos y las ramas caídas no son simplemente restos acumulados. Bajo el agua generan estructuras donde los peces pueden esconderse, alimentarse y refugiarse, al mismo tiempo que aumentan la variedad de ambientes disponibles.

Antes de la intervención, las dos cuencas presentaban redes tróficas muy similares y estaban dominadas por presas acuáticas. Después de retirar la madera, la comunidad de peces comenzó a responder de manera diferente en cada sector.

La perca amarilla fue la especie más afectada

El cambio más marcado se produjo entre las percas amarillas. En la cuenca intervenida, su densidad cayó hasta niveles muy bajos. Los investigadores relacionaron el descenso con una mayor depredación y con la escasa o nula incorporación de ejemplares jóvenes a la población adulta.

La situación fue diferente en la cuenca que conservó sus estructuras sumergidas. Allí, las percas amarillas produjeron varias generaciones de crías durante años sucesivos y consiguieron recuperar su población.

Las lobinas de boca grande también modificaron su comportamiento. Después de la extracción de los troncos, consumieron menos peces y pasaron a depender en mayor medida de presas terrestres. Además, su crecimiento fue más lento que el registrado en la cuenca de referencia.

Al retirar la madera, la comunidad respondió distinto en cada sector. Foto: Neon Science

El experimento no produjo, sin embargo, cambios inmediatos en todos los organismos. Durante los dos años posteriores a la reducción del hábitat no se observaron diferencias significativas en la composición, diversidad o densidad de los macroinvertebrados bentónicos entre ambas cuencas.

Los resultados muestran que retirar árboles caídos de las zonas poco profundas puede modificar las relaciones entre depredadores y presas y afectar la capacidad de algunas especies para sobrevivir y reproducirse.

El hallazgo también plantea una advertencia para las costas urbanizadas, donde suelen retirarse árboles caídos del agua por razones estéticas o recreativas. Lo que desde la superficie puede parecer un obstáculo, bajo el agua puede funcionar como una estructura fundamental para la red trófica y para mantener poblaciones de peces saludables.

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