Por qué fracasan los tratamientos convencionales para el dolor de espalda crónico, según un estudio

El dolor lumbar es la principal causa de discapacidad en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Cuando se prolonga por más de 12 semanas, se considera crónico y convierte movimientos cotidianos en episodios de intenso malestar.
Ante eso, investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de California en San Diego (UC San Diego) identificaron un mecanismo cerebral que podría ayudar a comprender por qué el dolor resulta tan difícil de tratar.
El estudio, publicado en octubre de este año en la revista British Journal of Anaesthesia, descubrió que los episodios de dolor lumbar crónico provocados por el movimiento activan una red cerebral que normalmente disminuye su actividad ante un estímulo doloroso.
La red cerebral vinculada con la identidad personal
Se trata de la red neuronal por defecto (DMN, por sus siglas en inglés), también conocida como la “red del yo”.
Está compuesta por distintas regiones cerebrales que participan en procesos como la autorreflexión, los recuerdos personales, las emociones y la percepción de la propia identidad.
Habitualmente, esta red aumenta su actividad cuando una persona dirige su atención hacia sus pensamientos y experiencias internas.
En cambio, suele disminuir cuando debe concentrarse en un estímulo externo, como ocurre durante un episodio de dolor agudo.
Sin embargo, los investigadores observaron una respuesta diferente en personas con dolor lumbar crónico: cuando un movimiento desencadenaba un episodio de dolor, la red neuronal por defecto se activaba en lugar de desactivarse.
“En todos los estudios sobre el dolor, cuando se experimenta dolor, la red neuronal por defecto se desactiva. Lo que demostramos por primera vez es que, durante un episodio agudo de dolor, la DMN se activa”, explicó Fadel Zeidan, autor principal de la investigación y profesor del Departamento de Anestesiología de UC San Diego.
¿Cómo se llegó a esa conclusión?
El equipo reclutó a 114 personas con dolor lumbar crónico. Los participantes realizaron una prueba clínica de elevación de piernas, diseñada para provocar episodios de dolor de espalda, mientras los investigadores monitoreaban su actividad cerebral mediante resonancia magnética.
Posteriormente, compararon esa respuesta con la actividad cerebral generada por un estímulo de calor incómodo aplicado en la pantorrilla.
La comparación permitió identificar una diferencia: mientras el dolor provocado por el movimiento aumentaba la actividad de la red neuronal, el estímulo térmico producía la respuesta habitual de reducirla.
Además, los pacientes que presentaban un dolor de espalda más intenso mostraron conexiones más fuertes entre esta red y la corteza somatosensorial primaria, una región encargada de procesar las sensaciones físicas.
Para los investigadores, estos resultados sugieren que el dolor crónico no involucra únicamente la percepción de una sensación física, sino también procesos relacionados con los recuerdos, las emociones y la manera en que las personas se perciben a sí mismas.
Los tratamientos convencionales podrían no ser suficientes
El hallazgo ofrece una posible explicación de por qué algunos tratamientos tradicionales no consiguen aliviar de manera sostenida el dolor lumbar crónico.
“La medicina actual para el tratamiento del dolor se centra en eliminar los síntomas, pero ese no es el origen del dolor crónico. Estos datos sugieren que un brote de dolor crónico también afecta la identidad de la persona”, sostuvo el investigador.
En ese contexto, el equipo está explorando alternativas que no busquen exclusivamente suprimir la sensación física, sino modificar la relación que las personas establecen con el dolor.
Entre ellas se encuentran la meditación de atención plena (mindfulness) y la psilocibina, un compuesto psicodélico que actualmente es objeto de investigación por su potencial para modificar algunos procesos cerebrales.
Ambos enfoques buscan reducir la influencia que el dolor tiene sobre los pensamientos, las emociones y la vida cotidiana. Sin embargo, todavía se necesitan más investigaciones y ensayos clínicos para determinar su eficacia.
“No son una solución milagrosa; no necesariamente eliminas el dolor, pero cambias la relación que tienes con él para que no contamine tu vida diaria”, concluyó Zeidan.
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