Cómo son los nuevos restaurantes en edificios centenarios que estaban cerrados al público
Con fachadas estandarizadas y “platos commodities” (pollo frito, hamburguesa, pizza, empanada, latte...), los locales de las grandes cadenas florecen dentro y fuera de los polos gastronómicos. Así, las avenidas de los distintos barrios se asemejan cada vez más unas a otras, jalonadas cada tanto por alguna casa u edificio que nos recuerda que estamos en Belgrano, en Villa Devoto o en Villa Crespo. Pero conviviendo con ese indudable avance, que trae movimiento y convoca comensales, crece otra tendencia que prefiere hacer de aquellos edificios patrimoniales puntos de encuentro donde convergen gastronomía e historia.
De un tiempo a esta parte, y este año en particular, fueron muchos los desembarcos de bares y restaurantes en espacios únicos, que antaño solo eran accesibles a sus propietarios y que hoy se encuentran protegidos por la Ley N°3056 de patrimonio urbanístico. Las recientes aperturas de Casa República en calle Florida, de Casa Palanti en Barrio Parque de Palermo Chico, de Villa Fontana en Adrogué, de Mansión Mihura en Recoleta y de Casa Bogotá en Floresta, se suman a otros exponentes de la tendencia, como el Pasaje de los Carruajes que funciona dentro del Teatro Colón, los Croque Madame de Palacio Paz y Palacio Errázuriz, o Los Jardines de las Barquín en el Museo Fernández Blanco.
Casa República
En el número 460 de Florida, en pleno Microcentro, asoma la fachada de un notable e imponente edificio de estilo academicista francés. Ejemplo de la arquitectura residencial de la Belle Époque porteña, el Palacio Peña abrió por primera vez sus puertas en 1913 como hogar urbano de una de las familias terratenientes más importantes de su época, para poco tiempo después convertirse en sede de la Sociedad Rural Argentina. Tras 16 meses de restauración, el edificio construido por el mismo arquitecto que puso su firma en la conclusión del Teatro Colón (el belga Julio Dormal) reabrió sus puertas a principios de julio bajo el nombre de Casa República.
“No se trata únicamente de abrir un restaurante dentro de un edificio histórico, sino de recuperar un patrimonio arquitectónico emblemático y ponerlo nuevamente en circulación a través de una experiencia viva, contemporánea y profundamente argentina. En ese recorrido, la cocina ocupa un lugar central”, comentó en su evento de apertura Nicolás de la Cruz, a cargo de la curaduría general de Casa República, que funciona dentro del edificio protegido por la ley N°1227 de Patrimonio Histórico.
Con una propuesta gourmet curada por Martiniano Molina y ejecutada por un equipo conducido por los chefs Sebastián Raggiante y Nicolás Raimundo, Casa República hace pie en algunos de los platos más representativos de la cocina argentina. Allí está la empanada tucumana, el pastel de papa, el revuelto gramajo, la milanesa de bife de chorizo y los distintos cortes de parrilla en los que se echa mano a carnes provenientes de algunas de las cabañas Angus y Hereford más representativas del país.
Villa Fontana
No es la única casona de época de Adrogué, pero sin dudas es la que le ha devuelto el brillo a este rincón del barrio, de calles arboladas y ritmo apacible. El más reciente restaurante all day de la cadena Croque Madame abrió hace un par de semanas en el número 662 de Nicolás Avellaneda, a cuatro cuadras de la estación Adrogué del tren Roca, en una casa centenaria que los vecinos conocen como Villa Fontana porque el predio contaba con una fuente.
“No conocemos con exactitud cuándo fue construida, pero por su estilo italianizante, entendemos que es de principios del siglo XX, quizás de los años 20”, comentan Alejandro Pereiro y Gustavo Cerrotti, arquitectos del Estudio Pereiro - Cerrotti y Asociados, que estuvieron a cargo del proceso de refacción y puesta en valor del inmueble que demandó unos cinco años.
Estudio detrás de la recuperación de bares y restaurantes icónicos, como La Ideal, La Giralda o La Ópera, en esta ocasión reconvirtieron una deteriorada propiedad de uso residencial en un restaurante a tono con otros locales de la cadena, como los que funcionan en el Palacio Paz o en el Museo de Arte Decorativo.
Un detalle que ilustra el trabajo fue el desarrollo de un recubrimiento para refaccionar la fachada y al mismo tiempo devolver a la casa su color original. “Nos reunimos con la gente de Tarquini, que incluso visitó la propiedad durante la obra, y nos produjo especialmente un recubrimiento plástico muy fino que emula la terminación de la piedra París que era el recubrimiento original”, cuentan los arquitectos. Desde su apertura, este nuevo Croque Madame, con su propuesta de patisserie y cafetería que se complementa con opciones de almuerzo, se ha convertido en un atractivo para los vecinos pero también para los barrios aledaños.
Casa Palanti
Desde la esquina en la que convergen las calles Ortiz de Ocampo y Eduardo Costa, en Barrio Parque, se levanta una de las construcciones más peculiares de la ciudad de Buenos Aires. Apodada “la casa redonda”, su fachada estilo Art Noveau se despega de las vecinas edificaciones estilo tudor y de los petit hotel. Lleva la firma de unos de los arquitectos que han dejado una huella en la ciudad: el italiano Mario Palanti, quien construyó esta casa en 1922 inspirado en la Divina Comedia de Dante Alighieri, aunque no de modo tan directo como lo hizo en su obra más famosa, el Palacio Barolo.
En sus más de 100 años de vida fueron varias las familias que la habitaron, e incluso fue sede de la Embajada de Irán y, en años más recientes, un showroom de muebles de lujo y obras de arte. “La historia de esta casa es, en gran medida, lo que nos llevó a querer recuperarla –dice Pablo Dayan, socio junto a su hermano Diego de Casa Palanti–. Es una casa muy particular, tanto por su arquitectura como por la cantidad de historias que fueron pasando por ella a lo largo de más de 100 años. Lo que más nos interesó fue esa capacidad que tuvo siempre de ser un lugar de encuentro, de recibir gente y de generar experiencias”.
Su reapertura, en noviembre pasado, se hizo bajo la curaduría gastronómica del destacado chef mendocino Juan Ventureyra. Cocina argentina contemporánea, con algunos guiños de autor, es la propuesta que a poco de abrir le valió la recomendación de la Guía Michelin 2026.
Mansión Mihura
Edificio icónico de Recoleta, Mansión Mihura fue construida en 1922 por el arquitecto Eduardo Lanús y ese mismo año obtuvo el segundo Premio a la Mejor Fachada de Buenos Aires (el primero había sido declarado desierto). Con una estructura inspirada en el modelo de petit hotel francés de comienzos del siglo XX, en la mansión vivió primero la familia Mihura y luego la Anchorena, hasta que recientemente fue adquirida por el lindero hotel Recoleta Grand Buenos Aires.
Perteneciente a la cadena de hoteles boutique Tribute Portfolio, fue parte de un ambicioso proceso de restauración del que participó el equipo que estuvo en la restauración del edificio de la Confitería El Molino. ¿El resultado? Cuatro espacios gastronómicos, cada uno con personalidad propia y mucho vuelo.
“En lo que fue el patio de carruajes de la mansión hoy funciona el restaurante The Atrium. Luego está The Dining Room, una propuesta más ambiciosa, de autor, creada por Maximiliano Matsumoto, que es el chef ejecutivo de la mansión”, cuenta su gerente de alimentos y bebidas, el destacado chef Federico Fialayre. “Luego están los dos bares. Una barra imponente al estilo inglés que se llama The Parlor, y el otro es bar y club de escucha de vinilos, que se llama The Serpent Club, con coctelería de autor pensada y llevada a cabo por Guillermina Usqueda”.
Casa Bogotá
En Floresta, en una de las esquinas que miran a la plaza Vélez Sarsfield, los transeúntes suelen observar una de las más tradicionales casas del barrio. De estilo Art Nouveau, en el patio se lucen los pisos en damero de cerámica; en sus salones los de pinotea y los de roble de Eslavonia, junto con los vitrales. Pero sin lugar a dudas, el elemento central es una escalera suspendida de roble macizo, que solía ser motivo de orgullo de sus habitantes.
“Cuando se celebraban casamientos o cumpleaños de 15, la familia les permitía tomar fotografías en la escalera del living y en los jardines”, cuenta Alejandro Raizman, que junto a Nicolás Peria, Daniela Lobeto y José Muñoz, dieron nueva vida a esta tradicional casona construida en 1914 por el arquitecto Juan J. Baroni para la familia de don Antonio Saralegui. Hoy allí funciona Casa Bogotá, un restaurante de autor que lleva adelante una cocina de estilo mediterráneo.
“Somos cuatro amantes de la gastronomía –cuenta Alejandro–. Cuando encontramos esta casa con tanta historia, protegida por la ciudad como parte de su patrimonio, el desafío se volvió todavía mayor. Nuestra apuesta fue lograr que cada persona que ingrese se encuentre con una historia viva, transformada en una propuesta de calidad y con el abrigo de una familia”.
Fueron nueves meses los que demandó su refacción “Las obras fueron arduas, teniendo en cuenta que ni el exterior ni el interior podían modificarse debido al carácter patrimonial de la casa”, agrega Alejandro y concluye: “El barrio recibió nuestra llegada con mucha alegría e ilusión”. Había recuperado, renovada, una de su joyas, con una nueva historia para contar.
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