El canciller

Leo y escucho variadas críticas en contra del canciller Pérez Mackenna. Aquéllas se basan, fundamentalmente, en el hecho que se trata de una persona que proviene del mundo privado, donde fue un exitoso ejecutivo, pero que carece de experiencia en el campo exterior. Al respecto me permito, a vía de ejemplo, indicar que Hernán Cubillos y Alfredo Moreno tuvieron el mismo origen y, sin embargo, fueron dos ministros de Relaciones Exteriores sobresalientes. En cuanto a suplir la carencia de experiencia, el canciller actual posee, además, una ventaja adicional, pues ejerce como su subsecretario un brillante funcionario de carrera de gran trayectoria.
Pienso que lo que le falta a Pérez Mackenna es “invertir” parte de su tiempo en concurrir al Congreso Nacional para conversar con los diferentes parlamentarios y así ellos puedan conocerlo y estar enterados de sus proyectos. No debe esperar que estén en tabla iniciativas de ley propias de su cartera. Me permito recordarle que quien fue quizás el más brillante ministro de Relaciones Exteriores de la segunda mitad del siglo XX, don Gabriel Valdés Subercaseaux, todas las semanas “gastaba” parte de su tiempo en caminar las dos cuadras que separaban su oficina del Edificio del Congreso Nacional solo para conversar con parlamentarios interesados en materias internacionales.
Demetrio Infante Figueroa
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