Cómo se forjó el vínculo de García Lorca con América Latina (y el viaje a México que nunca hizo y que podría haberle salvado la vida)

- Autor, Facundo Macchi
- Título del autor, BBC News Mundo
Fecha de publicación
Tiempo de lectura: 9 min
"Esta isla es un paraíso. Si yo me pierdo, que me busquen en Andalucía o en Cuba".
Cuando Federico García Lorca escribió estas palabras a su familia desde La Habana, en 1930, llevaba toda la vida imaginándose en la isla.
La había descubierto de niño en las coloridas ilustraciones que adornaban las cajas de puros habanos que llegaban a casa de su padre, en Fuente Vaqueros, pueblo natal del célebre poeta de cuya ejecución en la Guerra Civil española se cumplen este martes 90 años.
Más tarde se obsesionaría con las habaneras que entonaban sus tías en la guitarra durante las interminables tardes del verano granadino. Y luego con los relatos que escucharía de sus amigos cubanos en Madrid.
Fue así que cuando el dramaturgo español por fin desembarcó en La Habana a sus 31 años, sintió que llegaba a un lugar que ya conocía.
Venía de pasar una temporada gris en Nueva York, y lo de Cuba, en cambio, fue apabullante.
En la isla, escribió, encontró un ritmo "acariciador, suave, sensualísimo"; un ambiente que le recordaba a su querida Andalucía.
Estaba, en palabras del historiador y biógrafo Ian Gibson, "en su salsa".
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Fuente de la imagen, Fundación Federico García Lorca
La aventura americana
Aquel viaje no fue un capricho pasajero. Fue el inicio de una intensa relación con América Latina que transformaría la vida y obra de Lorca para siempre.
Allí dejó de ser una de las voces más prometedoras de la literatura española para convertirse en un fenómeno cultural global.
"En América hubo una entrega y recepción muy entusiasta", le dice a BBC Mundo Andrés Soria Olmedo, profesor emérito de Literatura Española de la Universidad de Granada. Y agrega: "Allí, Federico experimenta exposición a la diversidad, la expansión de su lenguaje y una fuerte libertad personal".
En los años siguientes a su primera aventura americana, Lorca viajó también por Argentina y Uruguay.
En Buenos Aires alcanzó el pico de la popularidad: sus obras llenaron teatros durante meses, los periódicos siguieron cada uno de sus movimientos y las ovaciones se escucharon desde todos los rincones de la ciudad.
En Montevideo avanzó en la escritura de una de sus obras más revolucionarias y comprobó, por primera vez, que la literatura también podía darle independencia económica.

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La lista de países y ciudades podría haber incluido viajes a México o Chile o Colombia, lugares en los que Lorca estaba seguro que alguna vez podría desembarcar personalmente con su arte.
Pero esas visitas nunca sucedieron. Y es el viaje irrealizado a México el que levanta la pregunta sin respuesta de si podría haberle salvado la vida.
En agosto de 1936, un mes después del estallido de la Guerra Civil española, a Lorca lo asesinaron los fascistas granadinos por subversivo y homosexual. Tenía 38 años.
En el 90 aniversario de la ejecución, en BBC Mundo repasamos cómo el poeta forjó su historia de amor con América Latina.

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"Exagerados como pocos"
La Habana llevaba días esperándolo.
Cuando Lorca pisó Cuba por primera vez en marzo de 1930, invitado por la Institución Hispano-Cubana, fue recibido como una celebridad.
Ian Gibson rescata en "Vida, pasión y muerte de Federico García Lorca" una carta a sus padres en la que el poeta cuenta, entre divertido y sorprendido, que su llegada había sido "un acontecimiento" porque los cubanos eran "exagerados como pocos".
La fascinación fue mutua y muy pronto Lorca empezó a hablar de La Habana con cierta familiaridad. "Es una mezcla de Málaga y Cádiz, pero mucho más animada y relajada por el trópico", escribió a sus padres.
Durante poco más de tres meses, el poeta se entregó a la trepidante vida cultural cubana. Dio siete conferencias en el Teatro Principal de la Comedia con entradas agotadas y, según la cronología del Centro Federico García Lorca, visitó Cienfuegos, Varadero y los valles de Yumurí y Viñales. Además de una misteriosa estadía en Santiago de Cuba.
Pero el verdadero impacto del viaje no tuvo nada que ver con el éxito público.

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Gibson escribe que fue en la isla donde el poeta empezó a vivir con más alegría y desenfado su homosexualidad.
Tanto es así que Luis Cardoza y Aragón, poeta y diplomático guatemalteco que vivió en La Habana, recordó públicamente que una vez el granadino le contó sin rubor que se había bañado en el mar con un grupo de muchachos negros desnudos.
El profesor Soria Olmedo apunta que "esa liberación personal influyó en su obra" porque allí fue donde Lorca empezó a escribir "El público", una "clase de teatro más libre y experimental" donde se aborda de manera explícita el amor homosexual.
Cuando abandonó la isla, en junio de 1930, el poeta no solo dejó atrás una gira de conferencias exitosa. También se marchó con la sensación de haber encontrado un lugar donde podía ser libre.

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La fama de un torero
Buenos Aires fue la ciudad que lo llevó a la categoría de celebridad.
Cuando Lorca desembarcó en la capital argentina, el 13 de octubre de 1933, su fama ya había cruzado el Atlántico.
En el puerto lo esperaba una multitud de diplomáticos, escritores, fotógrafos y periodistas. Días después escribió a sus padres diciendo que estaba "un poco deslumbrado de tanto jaleo y tanta popularidad". Entre los porteños, confesaba, tenía "la fama de un torero".
Durante casi seis meses, Buenos Aires se rindió a García Lorca.
Sus obras llenaban teatros, las conferencias convocaban a miles de personas y casi que no había un solo periódico que dejara de mencionar alguno de sus movimientos por la capital argentina.
Se escribieron páginas enteras sobre sus paseos por la avenida Corrientes, sus visitas a redacciones de revistas y su asistencia a cenas y reuniones con intelectuales y artistas.
La vorágine llegó a ser tan grande que, según encontró Gibson, el poeta terminó contratando a un secretario para ayudarlo a organizar su agenda.
"Cuando Lorca va a Argentina lo invitan por el éxito que está teniendo 'Bodas de sangre' y lo reciben de manera muy calurosa", explica Soria Olmedo. "Conecta con todos los estratos de la sociedad literaria. Desde Victoria Ocampo y la revista 'Sur', que representaba el ambiente más exclusivo, hasta el teatro más popular", añade.
El reestreno de "Bodas de sangre", a cargo de la actriz Lola Membrives, confirmó que los argentinos estaban bajo un potente hechizo lorquiano. El público del Teatro Avenida lo ovacionó durante cinco minutos y la obra permaneció durante meses en cartel, hasta superar el centenar de funciones.
El dramaturgo reconoció que nunca antes una pieza suya había sido recibida con semejante fervor. "Un escandalazo", como le contó por carta a sus padres.
Pero ese fue apenas el principio.

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"Ya tengo ganas de volver"
A los pocos meses de la llegada del granadino, había en simultáneo cuatro obras suyas presentándose en diferentes salas de la ciudad.
"Su éxito en Buenos Aires le dio mucha seguridad y le sirvió para comprobar que su teatro funcionaba", afirma Soria. "También" —señala— "para ganar dinero, una de sus preocupaciones familiares más grandes".
A pesar de estar sumergida en la "década infame" de su primer golpe de Estado, Buenos Aires era una capital intelectual del mundo hispanohablante, así que los márgenes del círculo de Lorca se ensancharon.
Fue donde conoció a Pablo Neruda. Con el tiempo, el chileno, seis años más joven, se volvería uno de sus amigos más cercanos.
Pero no todos quedaron cautivados por su magnetismo.
Jorge Luis Borges, por ejemplo, le tenía una antipatía particular. "Eran incompatibles, entre otras razones porque ambos necesitaban, en público, ser el número uno, sin que nadie les hiciera sombra", escribe Gibson.
La noche antes de abandonar Argentina, en marzo de 1934, Lorca dijo esto ante los micrófonos de Radio Stentor: "Me voy con gran tristeza, tanta, que ya tengo ganas de volver". Y también: "Yo sé que existe una nostalgia de la Argentina, de la cual no me veré libre y de la cual no quiero librarme, porque será buena y fecunda para mi espíritu".

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"Ahí va Lorca"
En medio del frenesí bonaerense, Lorca se escapó a Montevideo.
Llegó a finales de enero de 1934, cuando Bodas de sangre ya había cosechado un éxito enorme en la capital uruguaya —gracias a la compañía de Lola Membrives—, y su "Romancero gitano" estaba agotado en librerías.
La expectativa por conocer al poeta era tal que la prensa siguió de cerca cada uno de sus pasos, y sus conferencias, una vez más, convocaron a miles de personas.
"Membrives se empeñó en que Lorca terminara una obra de teatro, 'Yerma', y prácticamente lo encerró en el Hotel Carrasco de Montevideo para que la escribiera", cuenta Soria Olmedo.
No fue fácil. Era pleno verano austral, el carnaval llenaba las calles y, según relata Gibson, la alta sociedad montevideana competía ferozmente por la atención del poeta. Cada día le llegaban nuevas invitaciones a recitales, comidas y celebraciones.
Trabajar resultaba casi imposible entre tantos compromisos. Aun así, a las orillas del Río de la Plata, Lorca consiguió avanzar con la escritura de una de las obras más importantes de su carrera.
Antes de partir, tuvo tiempo de visitar la tumba del pintor Rafael Pérez Barradas, a quien había conocido en Madrid un tiempo antes, y de despedirse con otra carta a sus padres: "Lo de Montevideo ha sido un éxito enorme. Fui al desfile en el Carnaval y me tuve que ir a casa, porque la gente me aplaudía en las calles. 'Ahí va Lorca'".
En su investigación, Gibson encontró que al regresar a Madrid, la prensa progresista calificó al poeta como uno de los mejores embajadores jamás enviados por España a Sudamérica.

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El destino pendiente
México ocupaba un lugar especial en el imaginario de Lorca.
Había entablado amistad con artistas de allí, manifestó en varias ocasiones su deseo de viajar y veía con entusiasmo cómo cuatro de sus obras estaban en cartel y conquistaban al público mexicano.
Tras el éxito de "Yerma" en La Habana en 1935 y en medio de la crispación política y social en España, la actriz Margarita Xirgu insistió desesperadamente una y otra vez para que el poeta se reuniera con ella en México.
Pero fue posponiendo el viaje. Seguía inmerso en nuevos proyectos y estaba muy apegado a Rafael Rodriguez Rapún, antiguo secretario de La Barraca con quien mantuvo un vínculo imposible de encajar en una categoría convencional. Por eso no quería alejarse de España.
Lorca nunca llegó a visitar México.
Apenas unos meses después, en julio de 1936, regresó a Granada para pasar unos días con su familia. El golpe militar del 18 de julio lo sorprendió allí.
Un mes más tarde fue detenido y asesinado por los sublevados franquistas.
Es imposible saber qué habría ocurrido si hubiera aceptado la invitación de Xirgu y viajado con ella.
Con el paso del tiempo, el destino pendiente de Lorca terminó convirtiéndose en una de las grandes ucronías de la literatura en español: América Latina podría haberle salvado la vida.

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