La carrera de José Mourinho
Pocas escenas reflejan mejor el ridículo en el que está cayendo el Real Madrid desde que su presidente decidió no acudir a la gala del Balón de Oro de 2024 que la de José Mourinho cruzando a toda velocidad medio Bernabéu para celebrar un simple gol liguero de Vinicius Jr. ante el Villarreal. La apoteosis de aquella escena delirante llegó cuando el árbitro anuló el tanto y tanto los jugadores blancos como su entrenador perdieron los nervios.
La secuencia del gol anulado a Vinicius y la sanción que le impedirá jugar en el Camp Nou pasarán a la historia como el reflejo de esta época de histeria, en la que el Real Madrid no logra encontrar un patrón de juego que le permita jugar como exigen su hinchada y su propia historia.
Los vídeos sobre Vinicius, su tirón de pelo al jugador Saliba del Villarreal, su histérica reacción a la tarjeta roja y el espectáculo que ha montado Mourinho son dignos de análisis.
Ilustran como nada la rabia, ya no contenida, de la entidad blanca, de sus directivos, de sus profesionales y de los medios de comunicación próximos, ante el dominio aplastante del FC Barcelona en las dos últimas décadas. Es verdad que el Real Madrid ha ganado más Champions, pero sus triunfos no parecen haber cautivado al mundo del fútbol. Un ejemplo es su triunfo en Roma, fue agónico y evitó una crisis que ya se está forjando.
Al final, Gerard Piqué tendrá razón: el Barça, con menos Champions, será más recordado en la historia del fútbol que este Real Madrid. Los blancos pretenden tapar esa realidad con el caso Negreira.
El Real Madrid parece haber olvidado su propia historia. Si el penalti de Guruceta fue una traca, también merece recordarse la relación de algunos altos cargos federativos con el club blanco... durante años y años.
En su relato sobre el polémico caso Negreira, el Real Madrid no ha hecho ningún ejercicio de contrición. Tiene todo el derecho a hablar de Negreira, pero sin olvidar que un presidente del Gobierno llegó a confesar sin rubor: “Hay que ayudar al Real Madrid”.
El Barça se equivocó con Negreira. No hacían falta sus informes. Y pagarlos a través de un tercero, un hombre de paja que se quedaba con parte de los pagos es un asunto que hay que resolver. Pero de ahí a construir una teoría según la cual el Barça de Messi ganó gracias a los árbitros, o a que se compraron partidos, hay un trecho y mantener esa teoría es ridículo.
Hay algo que se repite en el Real Madrid: las consignas. Desde equiparar a Cristiano Ronaldo con Messi hasta sostener que tal o cual jugador blanco merece el Balón de Oro por encima de cualquier otro, pasando por insistir en que los árbitros están contra ellos. Una misma narrativa que jugadores, dirigentes y medios afines parecen reproducir sin apenas fisuras. Lo sorprendente es que nadie levante la voz para cuestionarla. De momento, no parece que vaya a surgir en el vestuario una voz como la de Iker Casillas, que en su momento pidió que se dejaran de hacer y decir tonterías.
Los medios también tienen su parte de culpa. Permitir que profesionales retransmitan los partidos del Real Madrid con la camiseta blanca puede justificarse con la libertad de expresión, pero se aleja de la objetividad que se les supone a los medios de masas. Parece como si la queja del Madrid es la táctica que, a falta de buen juego, sirve para justificar el fracaso deportivo de Florentino Pérez en los últimos años.
Veremos qué ocurre finalmente con la sanción a Vinicius y si Mourinho vuelve a protagonizar escenas como la del Bernabéu. Celebrar un gol antes de tiempo puede ser una anécdota. Convertir la queja en una forma de entender el fútbol es otra cosa.
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