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Monday, August 24, 2026

La ciudad que combina arquitectura, una gran represa y el paso de un escritor famosísimo

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Se destaca por su costanera sobre el río Uruguay, un gran lago y las termas que funcionan todo el año

10'minutos de lectura

Si hay algo que ejercitamos en la ciudad de Concordia, Entre Ríos, es mirar para arriba y más allá. Las molduras, las cúpulas, los vitrales... La caminamos con Julia Niez, guía nacida y criada en estos pagos. Antes de arrancar un recorrido que rescata la arquitectura de la ciudad, nos reímos de lo rápido que hablan los concordienses, sin eses ni haches y con un “el” o “la” antes de cada nombre propio. Declarada en 2025 como Ciudad Art Nouveau de América por la Asociación Art Nouveau Buenos Aires (AANBA), Concordia tiene un edificio emblema: la sede del Obispado, que fue donada por la familia Caminal. Construida en 1900, fue la primera casa de la ciudad en tener ascensor y presenta balcones con diseño floral, barandas de hierro con firuletes y molduras con forma de racimos.

La plaza 25 de Mayo es la principal, con la catedral de San Antonio de Padua (1899), que tiene vitrales donados por Flora, la hija de Justo José de Urquiza. Además, está lo que era el Gran Hotel Colón, que alojó a Marcelo T. de Alvear, Carlos Gardel, Juan Domingo Perón y Saint-Exupéry. Todos hechos muy posteriores al gran hito local de 1870, cuando aquí mataron a Waldino Urquiza, mientras asesinaban a su padre en el Palacio San José de Concepción del Uruguay.

La sede del obispado de Concordia era la casa de la familia Caminal.Carolina Castagnola
La represa impacta por sus dimensiones.Carolina Castagnola
El Castillo San Carlos, visita fundamental.Carolina Castagnola

Pasamos también por la plaza Urquiza. Allí, en una esquina, se destaca el Palacio Arruabarrena, gran casona de estilo academicista francés diseñada por el arquitecto Gabriel Dulin. Fue levantada en 1919 por un ganadero de origen vasco, tiene 40 ambientes y, apenas cinco años después de ocuparla, la familia se la vendió al Ejército Nacional. A fines de los 70 estuvo a punto de ser demolida, pero la compró la municipalidad y ahora es museo.

Con 200.000 habitantes y suburbios humildes, Concordia no tiene avenidas en el casco histórico. Hay una peatonal, Entre Ríos, que es muy comercial. Sobre la calle Güemes, Julia nos marca una casa de 1925, muy moderna para la época, que rompe con la típica casa chorizo. La casa, obra del arquitecto uruguayo Alejo Martínez, tiene un friso del escultor Alfredo Bigatti. Desde la calle Corrientes, a metros de la capilla del Santísimo Sacramento, vemos las torres de las iglesias de Nuestra Señora de los Ángeles de los Padres Capuchinos y de la parroquia Nuestra Señora de Pompeya.

Hace casi 200 años, Concordia era un naranjal habitado por 300 guaraníes en ranchos de adobe, resabios de las misiones jesuíticas del norte. Junto al río Uruguay, era parada obligada de descarga de mercadería por los saltos, de hasta 10 metros de altura –Chico y Grande–, que complicaban la navegación. La ciudad se fundó gracias al impulso del presbítero Mariano José del Castillo, el 29 de noviembre de 1831. Se llamó San Antonio de Padua de la Concordia, como anhelo en una época convulsionada. Y mucho más tarde, al escudo municipal se le puso un citrus, aunque hoy la producción ha migrado en buena medida a Federación y Chajarí.

El Colegio San José de las Hermanas Adoratrices tiene una fachada lindísima.Carolina Castagnola
El citrus está presente en murales y cartelería.Carolina Castagnola
Hay una casa que es obra del arquitecto uruguayo Alejo Martínez y tiene un friso del escultor Alfredo Bigatti.Carolina Castagnola

A fines del siglo XIX, Concordia era el tercer puerto más importante de Argentina, después del de Buenos Aires y Rosario. Fue clave para una provincia que recién en 1969 logró conectarse mediante el Túnel Subfluvial que unió Paraná con Santa Fe y, en 1970, llegó a Buenos Aires gracias al Puente Zárate-Brazo Largo. La novedad es que desde septiembre de 2025 se activaron en su aeropuerto vuelos domésticos comerciales. Nutrida e inquieta, cuenta con dos costaneras: la costanera clásica, de la década de 1930, frente al Parque Mitre, y otra más al norte y nueva, la Nebel. Otro punto de encuentro es el lago, al norte de la ciudad, con playas que explotan en verano. Y las termas, que reciben visitantes todo el año.

En Concordia también se puede visitar el complejo Salto Grande. La historia del lugar dice que a fines del siglo XIX, el hacendado argentino Gregorio Soler había propuesto aprovechar los rápidos del río Uruguay. En 1936 se firmó el primer acuerdo entre Argentina y Uruguay y, diez años más tarde, se creó un organismo binacional para coordinar los estudios y la obra. Recién en 1974 se empezó a construir el complejo y en 1979 comenzó a dar energía. Las turbinas se fueron poniendo en funcionamiento a medida que se instalaban, hasta que el 27 de mayo de 1983 las 14 máquinas trabajaron juntas por primera vez; esa fecha se tomó como la inaugural.

Las piletas de agua termal del Mayim Hotel Termal & Spa.Carolina Castagnola
La plaza 25 de Mayo es la más importante de la ciudad.Carolina Castagnola
La Catedral San Antonio de Padua está en el centro de Concordia.Carolina Castagnola

La visita al complejo incluye un museo, un puente, las vistas desde miradores y las turbinas desde los balcones. “Estamos en un predio binacional con oficinas compartidas entre uruguayos y argentinos”, destaca Eugenia Busch, guía de sitio. Apunta que ya no es necesario hacer aduana al visitar este hito de la ingeniería que tiene 43 años. Subimos y bajamos escaleras en esta represa, que cuenta con 14 unidades hidrogeneradoras repartidas en dos salas. “Aprovechan el agua que se acumula en el dique del río Uruguay, que nace en Brasil y se nutre de lluvias. A veces trabajan todas, a veces solo algunas, dependiendo de la demanda de energía de los dos países... porque la energía no se almacena. Hay 19 compuertas que se abren para dejar pasar el agua cuando sobra. Y los dos países tienen entes que regulan la distribución. Así y todo, Salto Grande aporta el 3% de la energía de nuestro país”, detalla Eugenia.

Junto con la represa, el castillo San Carlos es otro sitio ineludible en Concordia. Se emplaza sobre un bellísimo parque con el mismo nombre y en 2013 fue puesto en valor. Lo que quedan son las ruinas y una sala museo, muy bien reacondicionada, con magnífica vista al río, suficiente para imaginar algo de aquello que cautivó al francés Antoine de Saint-Exupéry.

Julia Niez, nuestra guía en Concordia, repasa la historia del lugar. En el portón de hierro de la entrada, las iniciales E y D refieren al excéntrico Édouard Demachy, que en 1888 mandó a construir esta casa de 27 ambientes. Hijo del dueño de uno de los bancos más importantes de Francia, vino por un saladero familiar. O porque se había casado con una mujer de mala reputación... O por las dos cosas. Lo cierto es que para su caserón –rebautizado castillo por los locales– usó piedra y ladrillos de la zona, pero trajo todo el resto de Europa. Había paredes cubiertas de boiserie, forradas con terciopelo o pintadas en azul, el color más caro de la época. “Hace más de 100 años era increíble llegar acá y encontrar semejante casa”, desliza Julia. Y agrega que los Demachy (Édouard, su mujer Yoland y Charles, hijo de la pareja) abandonaron el lugar de la noche a la mañana, en 1891. Dejaron algunas deudas y, durante años, no se supo nada de ellos. Recién ahora hay certeza de que están enterrados en el cementerio Père-Lachaise de París.

Acreedor de la casa, el Banco Hipotecario Nacional la puso a la venta y pasó por un par de dueños hasta que, en 1920, la compró la Municipalidad de Concordia, que la alquiló durante años y la vio sufrir un incendio que la deterioró. El detalle es que entre aquellos inquilinos se encontraban los Fuchs Vallon, quienes en octubre de 1929 fueron los honorables anfitriones de Antoine de Saint-Exupéry.

El aviador –nacido el 29 de junio de 1900 en Lyon, Francia– se había formado en colegios jesuíticos y maristas y había cursado sus estudios de Beaux Arts en París, hasta que ingresó a la Fuerza Aérea cuando tenía 21 años y se fue como piloto a Marruecos. Trabajaba para la compañía Aeropostal, que traía el correo de Asunción del Paraguay a Buenos Aires. Se cree que sufrió un desperfecto y, por eso, aterrizó en estos jardines. Las hijas de la familia, que tenían 8 y 12 años, vieron bajar el avión y se acercaron. No hay registro certero, pero dicen que una le comentó a la otra, en francés: ´El abombado no vio la vizcachera’, por una rueda que quedó enganchada.

El autor de El Principito se inspiró en el Castillo San Carlos.Carolina Castagnola
Las turbinas de la represa de Salto Grande.Carolina Castagnola
La costanera, un clásico para encontrarse y compartir un mate.Carolina Castagnola

Conocedor del idioma, Saint-Exupéry se rio, entró en confianza con las chicas y, durante dos, tres o tal vez más días, se alojó en San Carlos con sus coterráneos. Según testimonios, solía llevar siempre una libreta de notas y una cámara de fotos. En 1939, en su libro Tierra de hombres, en el capítulo “Oasis”, escribió: “Tanto les hablé del desierto que les voy a hablar de un oasis [...] Contaré una breve escala en algún lugar del mundo. Fue cerca de Concordia, en Argentina [...] Había aterrizado en un campo, y no sabía que iba a vivir un cuento de hadas”.

Pero hay más. En 1943, trece años después de pasar por Concordia —y de estar 15 meses en Argentina entre la Patagonia, Buenos Aires y la Costa Atlántica—, publicó El principito, uno de los cinco libros más vendidos y traducidos del mundo. Antes había publicado El aviador (1926), Correo del sur (1929) y Vuelo nocturno (1931). Y se casó con la artista salvadoreña Consuelo Suncín-Sandoval Zeceña en 1931.

Los destellos de inspiración concordiense se observan en que viste al protagonista de El Principito como se vestían las niñas para andar a caballo. Hay baobabs, muy similares a los palos borrachos que abundaban en el jardín. Y hay un zorro, como el que ellas habían domesticado. Pero no hubo tiempo para ahondar en los disparadores de aquel mundo imaginario. Durante la Segunda Guerra Mundial, Saint-Exupéry combatió en África, Cerdeña y Córcega. El 31 de julio de 1944 su avión desapareció en las costas de Marsella. Los restos de la nave aparecieron en el año 2000. Murió sin saber que dejaba semejante legado literario... Aunque tal vez llegó a fantasearlo.

Datos útiles

Mayim Hotel Termal & Spa. De 2017, tiene 31 habitaciones, restaurante, muy buen spa y circuito hídrico con agua termal. Desde $125.000 la doble con desayuno. Av. Monseñor Rosch 4753. T: (345) 403-1036. IG: @mayimhoteltermal

El Ciervo. Frente a la plaza, muy lindo ambiente. Pescado de río, minutas y pastas. Todos los días, de 12 a 15 y de 20 a medianoche. 1 de mayo 59. T: (345) 422-4867. IG: @elciervorestaurante

Il Forno. En zona céntrica, pizza de masa madre. Todos los días, de 7 a 12.30 y de 17.30 a medianoche. Urquiza 998. T: (345) 439-0814. IG: @ilforno.concordia

Jacinto Cocina. De Jacinto Echandía, cocinero que salió cuarto en Masterchef, reversiones de comida de bodegón como lasagna, crepes, colita de cuadril. Todo muy rico y abundante (consultar para compartir). 50 etiquetas de vino. De miércoles a domingos, mediodía y noche. Corrientes 75. T: (345) 626-6762. IG: @jacintococina

Mayim Hotel Termal & Spa tiene habitaciones muy cómodas.Carolina Castagnola

Oficina de Informes al Turista. Asesoramiento y guías. Todos los días de 8 a 20 hs. Pellegrini 660. T: (345) 408-0276. IG: @comparticoncordia

Castillo San Carlos. Hay visitas guiadas. Todos los días, de 9 a 19. Al parque se entra sin pagar; al museo, desde $3.200. Parque San Carlos. T: (345) 422-8587.

Museo y Centro Cultural Salto Grande. Incluye recorrido por el museo, el puente y el sector de turbinas. Todos los días, de 7 a 15 hs. Gratis. Complejo Hidroeléctrico Salto Grande. T: (345) 421-6612. IG: @museodesaltogrande

Termas del Ayuí. Además de las piletas para adultos, muy buen sector para niños. De lunes a jueves de 9 a 19, viernes, sábados y domingos, hasta las 23 hs. Desde $12.000 pesos. Av. Chico Mendes s/n. T: (345) 410-8455.

Palacio Arruabarrena. Museo regional y municipal que habla de la vida local en el siglo pasado. Lunes a viernes, de 7.30 a 12.30 hs. Gratis. Entre Ríos 952. T: (345) 421-1883.

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