Afantasía: por qué hay personas que no pueden ver imágenes en su mente, pero sí en sueños
Casi dos de cada tres personas con afantasía dicen soñar con imágenes, según un estudio con 2000 participantes publicado en *Cortex* por el equipo del neurólogo Adam Zeman. La explicación tiene que ver con la diferencia entre imaginar a propósito y soñar, aunque todavía se debate.
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Cierra los ojos e intenta ver una manzana roja. La mayoría de la gente evoca algo: una forma, un color, un brillo. Para una parte de la población esa imagen no aparece, por mucho que lo intente. Sin embargo, muchas de esas personas cuentan que por la noche sí sueñan con escenas visuales. La explicación más citada es que imaginar a voluntad y soñar dependen de mecanismos cerebrales distintos, aunque otros estudios apuntan a que la afantasía también afecta a los sueños.

Persona con los ojos cerrados intentando ver una imagen mental, el gesto con el que se pone a prueba la afantasía. IA
Qué es la afantasía
La afantasía es la incapacidad, total o casi total, de generar imágenes visuales a voluntad. El término lo acuñaron en 2015 el neurólogo Adam Zeman, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Exeter, Michaela Dewar y Sergio Della Sala, en una carta a la revista Cortex en la que describían a 21 personas que nunca habían podido visualizar. Lo tomaron de phantasia, la palabra con la que Aristóteles se refería al «ojo de la mente».
La afantasía no tiene que ver con la inteligencia ni con la creatividad. En su trabajo de 2020, el equipo de Zeman cita al genetista Craig Venter y al neurólogo Oliver Sacks como ejemplos de personas con afantasía y gran capacidad imaginativa. Los autores aclaran que no la consideran un trastorno médico, sino una variación de la experiencia humana comparable a la sinestesia. Tampoco tiene por qué limitarse a la vista: el 54,2 % de sus participantes con afantasía decía no tener imágenes mentales en ningún sentido, mientras que el resto conservaba alguno, sobre todo el oído.
En cuanto a su frecuencia, en una muestra de 1288 voluntarios del biobanco EXTEND, de Exeter, el 0,7 % obtuvo la puntuación más baja posible en el cuestionario de imaginación visual, y el 2,6 % quedó dentro de la franja que el equipo considera afantasía.
Cuántas personas con afantasía sueñan con imágenes
El estudio de 2020 reunió los cuestionarios de 2000 personas con afantasía que se habían puesto en contacto con el equipo entre junio de 2015 y marzo de 2018, tras conocer la investigación por los medios. Los compararon con 200 personas con hiperfantasía (imágenes mentales tan vivas como ver de verdad) y 200 con una imaginación de nivel medio. Para clasificarlas usaron una versión del Vividness of Visual Imagery Questionnaire (VVIQ), en el que cada persona valora la viveza de lo que imagina en una escala de 16 a 80. La afantasía correspondía a puntuaciones de 16 a 23.
El 63,4 % de los participantes con afantasía dijo soñar con imágenes. El 20,7 % contó que soñaba sin ellas y el 7,5 %, que no soñaba. En el grupo de nivel medio, los porcentajes fueron del 89 %, el 6,5 % y el 0,5 %, y en el de hiperfantasía, del 98,5 %, el 0,5 % y el 0 %. Quienes soñaban sin imágenes describían sueños hechos de relato, texto, ideas, sonidos y emociones.

Escena de sueño sobre una persona dormida: casi dos de cada tres personas con afantasía dicen soñar con imágenes. IA
Por qué pueden soñar con imágenes: dos explicaciones
La primera la proponen Zeman y sus colegas. Imaginar a voluntad es un proceso «de arriba abajo», que depende de redes de control de las cortezas frontal y parietal. Soñar es un proceso «de abajo arriba», que se origina en el tronco del encéfalo. Si lo que falla en la afantasía es el control voluntario de las imágenes, los sueños podrían conservarse, porque no necesitan que nadie los convoque. El estudio plantea esta explicación, pero no la pone a prueba.
La segunda procede de otro estudio. En 2020, Alexei Dawes, Rebecca Keogh, Thomas Andrillon y Joel Pearson, de la Universidad de Nueva Gales del Sur (Sídney), compararon a 267 personas con afantasía con dos grupos de control de 203 y 197 personas, en un trabajo publicado en Scientific Reports. Quienes tenían afantasía decían soñar con menos frecuencia, y sus sueños eran menos vivos y con menos detalle sensorial. Para Pearson, eso indica que la falta de imágenes afecta también a procesos involuntarios como soñar, aunque no los anule. El mismo trabajo encontró una excepción: la imaginación espacial (situar objetos y distancias) era similar en los tres grupos, también en los sueños.
Las dos explicaciones pueden ser compatibles: muchas personas con afantasía conservan imágenes en sueños, pero, de media, menos que el resto.

Persona que se despierta por la mañana: lo que sabemos de estos sueños procede de lo que cada uno recuerda al despertar. IA
Cada persona, un patrón propio
En junio de 2026, Derek H. Arnold y Loren N. Bouyer, de la Universidad de Queensland (Australia), y Merlin Monzel, de la Universidad de Bonn (Alemania), publicaron en Scientific Reports el primer análisis de los sentidos presentes en los sueños de personas con afantasía. Compararon a 84 personas con afantasía visual con un grupo de 121 personas sin ella. Para clasificarlas usaron un cuestionario que mide la imaginación en varios sentidos, y entre el 12 % y el 26 % del grupo con afantasía visual decía imaginar con cierta claridad otros sentidos, como el movimiento o el olfato.
Cada participante respondía de forma coherente, pero la relación entre sueños e imaginación despierta variaba mucho de una persona a otra. En unas, los sueños reflejaban lo que podían imaginar despiertas; en otras, apenas había relación. Por eso no hay una única respuesta al «por qué»: depende de cada persona.
Lo que todavía no se sabe
Todos estos datos proceden de lo que cada persona recuerda y cuenta sobre sus sueños, no de una medición durante el sueño. Los propios autores del estudio de Cortex reconocen que los participantes se ofrecieron voluntarios, por lo que pueden no representar a todas las personas con afantasía, y que el VVIQ es un cuestionario, no un diagnóstico. Por eso piden contrastar estos resultados con medidas objetivas, de conducta y de actividad cerebral. El siguiente paso es estudiar en el laboratorio qué ocurre en el cerebro de una persona con afantasía mientras sueña, y comprobar así cuál de las dos explicaciones se sostiene.
Referencias
Zeman, A., Dewar, M. y Della Sala, S. (2015). Lives without imagery – Congenital aphantasia. Cortex, 73, 378-380. doi.org/10.1016/j.cortex.2015.05.019
Zeman, A., Milton, F., Della Sala, S., Dewar, M., Frayling, T., Gaddum, J., Hattersley, A., Heuerman-Williamson, B., Jones, K., MacKisack, M. y Winlove, C. (2020). Phantasia – The psychological significance of lifelong visual imagery vividness extremes. Cortex, 130, 426-440. doi.org/10.1016/j.cortex.2020.04.003
Dawes, A. J., Keogh, R., Andrillon, T. y Pearson, J. (2020). A cognitive profile of multi-sensory imagery, memory and dreaming in aphantasia. Scientific Reports, 10, 10022. doi.org/10.1038/s41598-020-65705-7
Arnold, D. H., Bouyer, L. N. y Monzel, M. (2026). Heterogeneous relationships between the multisensory content of aphantasics’ dreams and their volitional waking imagined experiences. Scientific Reports, 16, 32998. doi.org/10.1038/s41598-026-56386-9
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