La advertencia de un experto en maratón sobre el nuevo sistema de hidratación
Hidratarse correctamente durante un maratón no siempre es sencillo. A los miles de corredores que comparten el recorrido, el ritmo de carrera y los habituales problemas para coger un vaso y beber sin perder velocidad se suma ahora un nuevo debate: ¿hasta dónde puede llegar la apuesta por la sostenibilidad sin afectar al rendimiento y la seguridad de los participantes?
Patrick Hayes, experto en maratón, analiza esta cuestión a raíz de la decisión del Maratón de Nueva York 2026(1 de noviembre) de incorporar este año cinco estaciones de autoservicio para rellenar botellas, vasos o mochilas de hidratación. Los nuevos puntos estarán situados aproximadamente en los kilómetros 13, 22,5, 27, 32 y 37 y funcionarán como complemento de los 25 avituallamientos tradicionales.
Para Hayes, la iniciativa de Nueva York no supone por sí misma un problema. El punto clave está en que los corredores sigan teniendo alternativas. “Las nuevas estaciones de recarga simplemente ofrecen a los corredores otra opción, y algunos pueden encontrarlas realmente útiles”, explica. El problema, según su análisis, aparecería si este modelo terminara sustituyendo progresivamente a los avituallamientos convencionales.

El precedente del Maratón de París 2026
El experto pone como ejemplo lo ocurrido este pasado mes de abril en el Maratón de París 2026, donde los organizadores eliminaron los vasos y las botellas de los puntos de hidratación. Los participantes debían llevar su propio recipiente y rellenarlo durante el recorrido. “Lo que en Nueva York es una opción adicional se convirtió, en la práctica, en una obligación en París”, señala Hayes.
La diferencia es importante, especialmente para los corredores que compiten contra el reloj. Llevar parte de la propia hidratación puede ser una solución, pero resulta complicado transportar durante 42,195 kilómetros toda el agua que puede necesitar un corredor. “La hidratación durante una carrera ya es suficientemente complicada”, apunta el experto, que considera que los organizadores deberían buscar fórmulas que permitan reducir el impacto medioambiental sin dificultar el acceso al agua.
Hayes pone el ejemplo de su experiencia en el Medio Maratón de Copenhague, donde correr a un ritmo elevado hizo especialmente complicado utilizar los tradicionales vasos de papel. “Te acercas a la mesa a toda velocidad, a menudo rodeado de otros corredores, coges un vaso endeble y después intentas conseguir que una cantidad razonable de líquido llegue a tu boca sin reducir demasiado el ritmo ni acabar derramándote la mayor parte encima”, explica.

En su caso, la mejor experiencia de hidratación llegó cuando recibió una botella de plástico que había quedado disponible después del paso de los corredores de élite. “Pude seguir corriendo, beber tranquilamente a mi ritmo y después echarme sobre la cabeza el agua que quedaba para refrescarme. Es muchísimo más sencillo que intentar beber agua de un vaso de papel”, recuerda.
Por eso, Hayes considera que el debate debería plantearse desde otra perspectiva: cómo hacer que la hidratación sea más sencilla para los corredores mientras se reduce el volumen de residuos generado por las carreras.
Uno de los argumentos utilizados para promocionar el nuevo sistema de Nueva York es que rellenar una botella puede hacerse en apenas 1,3 segundos. Sin embargo, Hayes cuestiona que esa cifra refleje realmente el tiempo que pierde un corredor durante una carrera. “El tiempo que tarda el agua en salir del grifo no es realmente la cuestión”, sostiene. "El corredor tiene que acercarse a la estación, reducir la velocidad, colocar la botella, rellenarla y volver a acelerar. Además, el problema puede aumentar cuando varios participantes llegan simultáneamente al mismo punto", expone.

Nueva York reúne a cerca de 60.000 corredores, por lo que Hayes advierte de que una estación perfectamente despejada en un vídeo promocional puede convertirse en un punto de congestión durante el maratón. “Para alguien que persigue una marca concreta, varias interrupciones de este tipo a lo largo de un maratón podrían marcar una diferencia significativa”, apunta.
Sostenibilidad sí, pero sin comprometer la carrera
La reflexión de Hayes no cuestiona la necesidad de reducir los residuos de las grandes carreras. Al contrario, considera que los organizadores deben seguir buscando alternativas para disminuir su impacto medioambiental. El problema aparece cuando esas medidas obligan al corredor a cambiar su estrategia de competición. “Los organizadores deberían reducir los residuos siempre que sea razonable, incluyendo la mejora de los materiales utilizados para fabricar los vasos y garantizando que después sean recogidos, reciclados o compostados correctamente”, señala.
Pero establece una prioridad clara para la experiencia deportiva: “La propia mecánica de la carrera, y especialmente algo tan fundamental como la hidratación, debería diseñarse ante todo pensando en lo que funciona mejor para los corredores”.
Por ahora, Nueva York mantiene las dos opciones: estaciones de recarga y avituallamientos tradicionales. Para Hayes, ese equilibrio permite avanzar en sostenibilidad sin eliminar alternativas. La cuestión será qué ocurre en el futuro. “En lugar de hacer que hidratarse resulte progresivamente más incómodo en busca del objetivo de cero emisiones netas, los organizadores deberían intentar mejorar la experiencia de hidratación al mismo tiempo que gestionan de forma inteligente los residuos que genera”, concluye.
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