"Se ve en un suspiro": La serie que reúne 12 años después de 'True Detective' a Matthew McConaughey y Woody Harrelson

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La inspiración para la trama de una serie puede llegar desde muchos lugares: una noticia, la biografía de una celebridad, la adaptación de un libro, algo que le ha pasado a alguien cercano al guionista o pura imaginación. Otras veces hay hilos más extraños de los que tirar, como un rumor online que se convierte en una gran broma, como es el caso de la serie 'Brothers', recién llegada a Apple TV. Protagonizada por Matthew McConaughey y Woody Harrelson, que vuelven a coincidir en pantalla tras 'True Detective', y también creada por ellos junto a David West Read ('Schitt's Creek') y Lee Eisenberg ('Jury Duty') la serie nace, como nos advierte un texto sobreimpreso, de "un rumor real". No es otro que el que señala el parecido físico de ambos actores, como recalca la cabecera que utiliza fotos suyas en distintas edades, y la posibilidad de que ambos fuesen medio hermanos.

Tanto McConaughey como Harrelson interpretan versiones ficcionadas y exageradas de sí mismos y, desde luego, están comprometidos a parodiarse y reírse de sus propias tonterías. Ambos coinciden unos días en el rancho de Texas de Matthew cuando Harrelson va a visitarle con su familia; y es la madre (Ma Mac, encarnada por una divertidísima Holland Taylor) del primero quien se va de la lengua ante el segundo y le revela que pudo haberse acostado con su padre, un delincuente, durante una de las separaciones con su marido. El enredo está servido: Harrelson no solo querrá descubrir si es cierto que es hermano de McConaughey, sino que tendrá que decidir si contárselo y chafarle la imagen que este tiene de sus padres.

En realidad, esta trama del posible vínculo biológico de los dos amigos actores es poco más que una excusa para empezar la serie y, aunque se sigue la "investigación" a lo largo de los episodios, no es excesivamente relevante. A decir verdad, bajo esa fachada se esconde, más bien, una comedia familiar con situaciones cómicas cotidianas y problemas de matrimonios con hijos casi a lo 'Modern Family'. Explota, además, lo dispares que son los dos amigos y sus respectivas familias: Matthew es un texano más tradicional, mientras que Woody es un fumeta con espíritu hippie (un hippie con mucho dinero, claro).
Quizás por esto de que la serie venda una cosa y luego sea otra ha podido resultar decepcionante para muchos críticos norteamericanos, que le han dado una fría bienvenida a la propuesta. A mí, en cambio, me ha hecho reír más de lo que esperaba, incluso si la propuesta no es lo que había imaginado en mi cabeza. Entiendo que algunos la reciban como una broma interna de Harrelson y McConaughey que se ha salido de madre, pero yo creo que sí logra ir más allá. Sobre todo después de un primer episodio más tosco, la serie va entrando poco a poco en su dinámica y sacándonos inesperadas carcajadas, aunque su humor no pretenda ser elevado.

Donde más se luce 'Brothers', en realidad, no es en lo relacionado con el ADN, sino en su retrato de la fama. Y es que Matthew McConaughey decide meterse en política y presentarse a Governador de Texas, con más carisma que programa real y, para ello, contrata a una asesora que le guíe (interpretada por Lisa Gilroy, de lo mejor de la serie). A través de esta trama, pero también de otras, como la de la hija pequeña que le pide que use su influencia para conseguirle el papel principal en la obra de teatro del colegio o la del dúo de música que montan, se exploran los privilegios que tienen simplemente por ser actores famosos, la vanidad que conlleva y también, de paso, retrata los valores de la sociedad americana en un estado tan conservador como es Texas.
Si bien no termina de convertirse en una de las revelaciones del año, ni es tan trasgresora como podría parecer, la dinámica entre los protagonistas es entrañable (Woody es especialmente adorable), y también con el resto del elenco, tiene buenas bromas y es muy autoconsciente. Ellos se lo pasan bien y su energía es contagiosa. Y con solo ocho episodios de media hora, se ve en un suspiro. Un suspiro divertido.

Nací en Wisteria Lane, fui compañero de piso de Hannah Horvath y 'Chicago' me volvió loco porque Roxie Hart soy yo. Tengo la lengua afilada, pero, como dijo Lola Flores, "me tenían que dar una subvención por la alegría".
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