Coches rápidos para viajar despacio: esta marca recupera una idea de hace más de 200 años que vuelve a parecer un lujo
Alfa Romeo recupera el espíritu del Grand Tour con rutas europeas al volante de Giulia, Stelvio y clásicos como la Giulietta de los años 50. En plena era del GPS y la velocidad, la propuesta convierte viajar despacio en parte del lujo.
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Antes de que viajar significara llegar cuanto antes, hubo una época en la que el trayecto era buena parte de la experiencia. Durante los siglos XVII y XVIII, jóvenes europeos —sobre todo aristócratas británicos con dinero y tiempo— emprendían largos recorridos por Francia e Italia para completar su formación. Visitaban ciudades, estudiaban arte, descubrían ruinas clásicas y regresaban meses después cargados de recuerdos, conocimientos y, si el presupuesto lo permitía, unas cuantas obras de arte. Aquello terminó conociéndose como el Grand Tour. De ahí procede, de hecho, una expresión que el automóvil acabaría haciendo suya: gran turismo.
Más de dos siglos después, Alfa Romeo y Anantara Hotels & Resorts han decidido recuperar aquella idea, aunque convenientemente adaptada a 2026. Nada de diligencias durante meses. La propuesta consiste en recorrer algunas carreteras europeas al volante de un Giulia, Stelvio o sus versiones Quadrifoglio, enlazando hoteles de la cadena y parando en lugares donde merece la pena bajarse del coche.
Incluso habrá clásicos. Entre ellos aparece la Giulietta de los años 50, un coche especialmente apropiado para esta historia. La Giulietta nació en 1954 y terminó convirtiéndose en uno de los Alfa Romeo más importantes de la posguerra.
Puede parecer simplemente una colaboración entre una marca de coches y una hotelera de lujo. Lo es, naturalmente. Pero detrás aparece una idea bastante más curiosa: en plena época del GPS, los vuelos baratos y la obsesión por ahorrar minutos, el viaje lento vuelve a venderse como lujo. Y pocas cosas representan mejor esa contradicción que utilizar un automóvil rápido para viajar sin ninguna prisa.
El Grand Tour original podía durar meses
El Gran Tour histórico tenía poco que ver con unas vacaciones de una semana. Los viajeros podían pasar meses, e incluso años, recorriendo Europa. París era una parada habitual, pero Italia ocupaba un lugar central. Venecia, Florencia, Roma y Nápoles ofrecían acceso directo al arte renacentista y a los restos del mundo clásico que aquellos jóvenes habían estudiado en libros. Viajar era entonces una forma de educación reservada a una minoría privilegiada. También era incómodo, caro y lento. Las carreteras podían ser malas y atravesar Europa suponía enfrentarse a fronteras, carruajes, posadas y jornadas interminables. Precisamente por eso el recorrido importaba tanto como el destino. El Grand Tour convirtió el desplazamiento en experiencia cultural mucho antes de que existiera el turismo moderno.

De aquel viaje acabamos heredando el “GT”
La relación con el automóvil llegó bastante después. Cuando aparecieron coches capaces de cubrir largas distancias rápidamente y con cierto confort, la expresión italiana Gran Turismo encontró un nuevo significado. Un GT debía permitir viajar lejos sin renunciar a prestaciones. No era necesariamente un deportivo puro ni una confortable berlina sin aspiraciones dinámicas. Intentaba mezclar ambos mundos. La denominación acabó apareciendo en modelos, campeonatos y versiones de prácticamente toda la industria. Resulta curioso que unas letras hoy asociadas inmediatamente con potencia tengan sus raíces culturales en aquellos largos viajes educativos por Europa. La colaboración entre Alfa Romeo y Anantara juega precisamente con esa conexión.

El primer recorrido va de Roma a Amalfi
El programa comienza en septiembre de 2026 con el Dolce Vita Tour, un recorrido de tres días que parte del Anantara Palazzo Naiadi Roma. Desde allí atraviesa los Castelli Romani antes de continuar hacia Ravello y terminar en la Costa Amalfitana, en el Anantara Convento di Amalfi Grand Hotel. No parece una ruta elegida para comprobar cuánto tarda un coche en hacer un 0 a 100. Son carreteras donde curvas, pueblos y paisaje forman parte del viaje. En 2027, Anantara pretende ampliar el programa con nuevos itinerarios europeos, incluyendo pasos alpinos, recorridos mediterráneos y una ruta entre Viena y Budapest. El coche funciona aquí menos como medio para alcanzar un destino y más como una habitación móvil desde la que observar cómo cambia el paisaje.

Giulia y Stelvio son una elección bastante lógica
Los protagonistas modernos serán Giulia y Stelvio, incluidas las versiones Quadrifoglio. Son además dos coches que encajan bien con la idea tradicional del gran turismo: suficiente comodidad para recorrer kilómetros y una puesta a punto que intenta mantener al conductor involucrado. En Muy Interesante hemos visto recientemente cómo Alfa Romeo sigue actualizando Giulia y Stelvio alrededor del chasis, el confort y la experiencia de conducción. Para una ruta turística no hace falta un Quadrifoglio, naturalmente. Pero utilizar estos modelos permite a la marca vincular el viaje con uno de los rasgos que lleva décadas intentando conservar: que conducir siga siendo parte de la diversión y no únicamente el intervalo entre dos lugares.

El Quadrifoglio aporta una historia de más de un siglo
Algunas unidades disponibles llevarán el conocido trébol de cuatro hojas. El Quadrifoglio apareció en Alfa Romeo en 1923, cuando Ugo Sivocci lo utilizó en su RL antes de disputar la Targa Florio. Terminó ganando aquella carrera y el símbolo quedó ligado a los modelos deportivos y de competición de la compañía. Su centenario se celebró con ediciones especiales de Giulia y Stelvio, equipadas con el V6 biturbo de 520 CV. Que un coche con semejantes prestaciones participe en una experiencia dedicada a viajar despacio tiene cierto punto irónico. También recuerda que disfrutar de un automóvil no implica necesariamente aprovechar constantemente toda su potencia.

Pero la Giulietta de 1954 es quizá la invitada más interesante
Entre los coches históricos disponibles destaca la Giulietta de los años 50. Fue presentada en versión Sprint en el Salón de Turín de 1954 y tuvo un papel importante en la transformación de Alfa Romeo durante la posguerra. (Muy Interesante) Frente a los automóviles exclusivos y costosos que habían caracterizado buena parte de la historia anterior de la compañía, la Giulietta ayudó a acercar esa identidad deportiva a una producción mucho mayor. También terminó vinculada culturalmente con la Italia de la Dolce Vita. Conducir hoy uno de aquellos coches por carreteras italianas será una experiencia muy diferente a hacerlo en un Giulia moderno: dirección, frenos, aislamiento y seguridad pertenecen literalmente a otra época. Precisamente por eso puede ayudar a apreciar cuánto ha cambiado viajar en automóvil durante siete décadas.

Conducir un clásico obliga a recuperar otro ritmo
Un automóvil de los años 50 exige mucha más participación. No hay asistentes que mantengan el coche dentro del carril, cámaras que vigilen el entorno ni navegación indicando dónde girar. Frenar requiere anticipación y el aislamiento acústico tiene poco que ver con el actual. Eso modifica incluso nuestra percepción de la velocidad. Recorrer una carretera secundaria a un ritmo relativamente tranquilo puede resultar mucho más intenso en un clásico que hacerlo bastante más deprisa en un coche moderno. No significa que conducir antes fuera mejor: los automóviles actuales son incomparablemente más seguros y cómodos. Pero sí explica por qué un vehículo antiguo puede encajar tan bien en una propuesta basada precisamente en prestar atención al trayecto.

La Costa Amalfitana demuestra que una carretera puede ser parte del paisaje
Recorrer la Costa Amalfitana invita casi sin querer a levantar el pie. Entre curvas, acantilados, pueblos y vistas al Mediterráneo, avanzar rápido deja de ser lo importante. Buena parte del encanto está precisamente en el trayecto. Por eso algunas carreteras terminan teniendo tanta personalidad como el destino al que llevan. Ocurre en los pasos alpinos, en muchas rutas costeras del Mediterráneo y en esos recorridos donde conducir forma parte de la experiencia. El coche deja de ser simplemente un medio para llegar y se convierte en una parte más del viaje.

Viajar despacio también puede ser un lujo
A veces apetece hacer justo lo contrario de lo que propone el navegador. Desviarse, parar a comer sin mirar la hora, alargar una etapa porque el paisaje lo merece o escoger una carretera más bonita aunque no sea la más rápida. El Anantara Grand Tour juega con esa forma de viajar. Roma y Amalfi importan, por supuesto, pero también todo lo que sucede entre medias. El recorrido deja de ser tiempo perdido y pasa a convertirse en uno de los grandes atractivos de la experiencia. Y en un momento en el que casi todo parece pensado para ahorrar minutos, poder gastarlos sin prisa tiene algo especialmente atractivo.

Una forma mucho más emocional de descubrir un Alfa Romeo
Para Alfa Romeo, esta colaboración también encaja muy bien con su manera de entender el automóvil. Probar un coche durante unas horas te permite conocer sus prestaciones, pero convivir con él durante varios días es otra historia. Aquí aparecen carreteras, hoteles, gastronomía, paisajes y recuerdos que terminan asociados al propio coche. Las cifras siguen estando ahí, claro, pero dejan de ser las protagonistas.
Ese enfoque tiene bastante sentido en el segmento premium. Cuando muchos modelos ofrecen niveles de tecnología, potencia y equipamiento muy altos, la personalidad gana peso. Y Alfa Romeo tiene una ventaja evidente en ese terreno: puede apoyarse en su diseño, su historia y en una forma de conducir que lleva décadas formando parte de su identidad.

Alfa Romeo tiene más de un siglo de historias que contar
La marca nació en 1910, así que material para construir una experiencia como esta no le falta. Competición, diseño, ingeniería y modelos históricos forman parte de una trayectoria que atraviesa más de cien años. Incluso el Biscione de su escudo ha ido cambiando con el tiempo, desde los primeros emblemas de A.L.F.A. hasta la imagen actual. Ese pasado cobra especial sentido cuando aparecen coches clásicos dentro del recorrido. La tecnología puede evolucionar muy rápido, pero la relación emocional que muchas personas mantienen con modelos como una Giulietta se construye con años, recuerdos y experiencias. Eso no se puede improvisar.

La carretera también forma parte de nuestra cultura
Viajar en coche cambió la manera de descubrir lugares. Dio libertad para improvisar una parada, entrar en un pueblo que no estaba previsto o cambiar de ruta simplemente porque algo llamaba la atención. Con el tiempo, algunas carreteras y algunos coches terminaron convirtiéndose casi en símbolos. La Route 66, los pasos alpinos o las rutas mediterráneas tienen un peso cultural que va mucho más allá de su función práctica.
Algo parecido ocurre con modelos como el Alfa Romeo Spider, que acaba de cumplir 60 años. Su imagen quedó ligada a una idea muy concreta de libertad, carretera y viaje. El Grand Tour recupera parte de ese espíritu en un momento en el que nuestra relación con el coche está cambiando. Y quizá precisamente por eso resulta tan interesante volver a mirar la carretera como algo más que el espacio que separa dos destinos.

En 2027, el viaje crecerá bastante
El proyecto seguirá ampliándose. Anantara prevé incorporar en 2027 nuevas rutas por Europa, con recorridos que incluirán pasos alpinos y distintos destinos mediterráneos. También está prevista una conexión entre Viena y Budapest, uniendo el Anantara Palais Hansen Vienna con el Anantara New York Palace Budapest. El programa ganará así un carácter todavía más europeo y se acercará un poco más al espíritu de aquellos Grand Tours históricos en los que atravesar países y descubrir culturas formaba parte del propio viaje.

La experiencia actual, eso sí, tiene poco que ver con la de hace dos siglos. GPS, climatización, carreteras asfaltadas y hoteles de lujo hacen que todo resulte bastante más cómodo. Pero la idea de fondo sigue teniendo algo especial. La colaboración entre Alfa Romeo y Anantara parte de algo muy sencillo: viajar puede ser mucho más que desplazarse de un punto a otro.

Estamos tan acostumbrados a seguir la ruta más rápida que cualquier desvío parece una pérdida de tiempo. Aquí ocurre lo contrario. Parar, cambiar el plan o tardar un poco más puede mejorar el viaje. Y una Giulietta de los años 50 encaja perfectamente en esa filosofía. No tendrá el confort, la facilidad de uso ni las prestaciones de un Giulia moderno, pero exige otra relación con la carretera. Hay que estar pendiente del cambio, de la frenada, del sonido y de cada curva. En un viaje pensado para disfrutar del recorrido, esa atención extra puede acabar siendo precisamente lo que más se recuerde.
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