Arqueólogos recuperan del fondo del mar 22 bloques de una de las 7 maravillas del mundo antiguo

Durante siglos, del Faro de Alejandría sobrevivieron fundamentalmente relatos, representaciones y enormes piedras dispersas bajo el Mediterráneo. Pero una operación arqueológica realizada frente a la costa de Egipto permitió sacar temporalmente del agua 22 grandes bloques arquitectónicos pertenecientes a una de las siete maravillas del mundo antiguo.
La misión se realizó entre mayo y junio de 2025 dentro del proyecto PHAROS, dirigido por la arqueóloga y arquitecta Isabelle Hairy, del Centre d’Études Alexandrines, unidad vinculada al Centro Nacional para la Investigación Científica de Francia (CNRS). El trabajo cuenta además con autorización y cooperación de las autoridades egipcias y con apoyo tecnológico de La Fondation Dassault Systèmes.
No se trató de piedras menores. Entre los elementos recuperados aparecieron dinteles y jambas de puertas monumentales, umbrales, grandes losas de la base y componentes correspondientes a dos accesos monumentales. Algunas piezas se cuentan por decenas de toneladas, lo que obligó a utilizar una compleja infraestructura marítima para levantarlas.
El objetivo no es reconstruir físicamente el Faro de Alejandría
La gran novedad está en lo que ocurre después de sacar las piezas del mar.
Los investigadores utilizan fotogrametría, una técnica que permite convertir numerosas fotografías tomadas desde distintos ángulos en modelos digitales tridimensionales extremadamente detallados. Así pueden estudiar caras de las piedras que durante décadas resultaban prácticamente inaccesibles bajo el agua.

Después, los modelos pasan a ingenieros voluntarios de La Fondation Dassault Systèmes. El propósito es determinar dónde encajaba cada fragmento y construir progresivamente un “gemelo digital” del Faro de Alejandría.
La propia fundación describe el desafío como un gigantesco rompecabezas arqueológico que permitirá probar distintas hipótesis sobre la estructura original e incluso estudiar cómo pudo colapsar.
Entre las piezas analizadas apareció además una sorpresa: elementos de un pilono de inspiración egipcia construido mediante técnicas helenísticas, una característica que no figuraba claramente en las reconstrucciones tradicionales del monumento.
El hallazgo refuerza la imagen de la Alejandría ptolemaica como un espacio donde convivieron tradiciones arquitectónicas griegas y egipcias.
El faro comenzó a levantarse a comienzos del siglo III a.C., durante la dinastía ptolemaica. Se estima que superaba los 100 metros de altura y durante siglos guio a las embarcaciones que llegaban al gran puerto mediterráneo.

Distintos terremotos fueron dañándolo progresivamente hasta que desapareció como estructura reconocible durante la Edad Media. Parte de sus materiales fueron reutilizados posteriormente en construcciones de Alejandría, incluida la fortaleza de Qaitbay.
Los restos submarinos ya eran conocidos y desde la década de 1990 se han documentado miles de elementos en el puerto. Lo excepcional de esta operación fue poder levantar algunas de las piezas más importantes, escanearlas y añadir información nueva a una reconstrucción que lleva décadas.
El Faro de Alejandría no volverá a levantarse piedra sobre piedra. Pero más de dos mil años después de su construcción, 22 de esas piedras están ayudando a responder cómo era realmente una de las obras más extraordinarias de la Antigüedad
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