Investigadores hallan indicios de un error de encuadernación que podría ayudar a resolver el misterio del manuscrito Voynich tras 600 años
Un estudio revela que las páginas del enigmático códice del siglo XV podrían haber sido encuadernadas en un orden equivocado, lo que abriría una nueva vía para investigar su escritura todavía indescifrable.
Publicado por Christian Pérez
Redactor especializado en divulgación científica e histórica
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Durante más de un siglo, algunos de los mejores criptógrafos, lingüistas e historiadores han intentado descifrar el manuscrito Voynich sin éxito. Este enigmático libro del siglo XV, repleto de plantas desconocidas, diagramas astronómicos, figuras femeninas y miles de palabras escritas en un alfabeto imposible de identificar, continúa siendo uno de los grandes misterios de la Edad Media. Sin embargo, una nueva investigación plantea una explicación inesperada para las dificultades que han encontrado los especialistas: sus páginas podrían llevar aproximadamente seis siglos colocadas en un orden equivocado.
La hipótesis procede de un estudio elaborado por Colin Layfield, investigador de la Universidad de Malta, y Lisa Fagin Davis, especialista en manuscritos medievales y directora ejecutiva de la Medieval Academy of America. Tal y como han revelado en la revista científica Digital Medievalist, el problema podría remontarse a la propia encuadernación del códice, realizada durante el siglo XV por alguien que posiblemente desconocía el significado de sus extraños caracteres.
El hallazgo resulta especialmente importante porque cuestiona una premisa que ha acompañado a buena parte de las investigaciones anteriores: que el manuscrito conserva una secuencia de lectura coherente. Si la nueva interpretación es correcta, generaciones de investigadores habrían intentado comprender un texto cuyas páginas nunca estuvieron organizadas como pretendían sus autores.
Actualmente conservado en la Biblioteca Beinecke de Libros Raros y Manuscritos de la Universidad de Yale, el documento contiene alrededor de 35.000 palabras y numerosas ilustraciones. Los análisis de carbono 14 han situado la fabricación de su pergamino entre 1404 y 1438, aunque todavía se desconoce quién lo escribió, dónde se elaboró exactamente y cuál era su finalidad.
Un error de encuadernación que habría pasado inadvertido durante siglos
Para comprender el descubrimiento es necesario conocer cómo se fabricaban los libros medievales. Los copistas trabajaban habitualmente sobre hojas de pergamino que se doblaban por la mitad para formar cuatro páginas. Estas unidades, denominadas bifolios, se introducían unas dentro de otras para crear cuadernillos que posteriormente se cosían y encuadernaban.
Los investigadores sostienen que el manuscrito Voynich pudo seguir un procedimiento diferente. En lugar de organizarse en cuadernillos convencionales, sus bifolios habrían sido concebidos como unidades independientes de cuatro páginas, conocidas como singuliones, que debían disponerse consecutivamente.
Las primeras pistas estaban en las propias ilustraciones. En determinados folios aparecen dibujos que atraviesan el margen interior de una hoja y continúan en otra que, debido a la encuadernación actual, queda separada por varias páginas. Un ejemplo especialmente llamativo aparece entre los folios 78v y 81r, donde dos corrientes dibujadas parecen conectarse a través del pliegue del pergamino.

Las diferencias entre las caligrafías aportaron otra prueba relevante. Davis había identificado anteriormente cinco manos distintas en el manuscrito. Al estudiar su distribución, comprobó que, salvo dos excepciones, cada uno de los 52 bifolios conservados había sido escrito íntegramente por un mismo escriba. La disposición actual intercala trabajos de diferentes copistas de una manera difícil de explicar mediante un proceso convencional de producción.
Un análisis informático descubre patrones ocultos entre las páginas
Para comprobar si estas anomalías respondían realmente a una encuadernación incorrecta, Layfield y Davis recurrieron al análisis semántico latente, una técnica informática desarrollada para identificar relaciones estadísticas entre textos a partir de su vocabulario.
El procedimiento consistió en dividir las transcripciones del Voynich en pequeños fragmentos y comparar sus semejanzas. Aunque nadie conoce el significado de las palabras, es posible determinar cuáles aparecen juntas, con qué frecuencia se repiten y qué páginas comparten patrones de escritura.
Los investigadores contrastaron sus resultados con dos obras medievales conocidas: el Bestiario de Aberdeen, del siglo XIII, y un ejemplar del Speculum Humanae Salvationis, del siglo XIV. Ambos sirvieron como referencia para estudiar cómo se comportan los textos de manuscritos correctamente organizados.
Los resultados mostraron una diferencia significativa. Mientras que en los manuscritos convencionales las páginas consecutivas presentaban generalmente una mayor semejanza, en el Voynich aparecían relaciones especialmente intensas entre páginas físicamente unidas por el mismo bifolio, aunque estuvieran alejadas en la secuencia actual.
Tal y como indica la investigación, estos patrones respaldan la posibilidad de que cada bifolio estuviera pensado para leerse como una unidad de cuatro páginas consecutivas, en lugar de formar parte de los cuadernillos actuales.
¿Es posible reconstruir el orden original del manuscrito Voynich?
El equipo también examinó si podía recuperar parte de la secuencia perdida. Para ello, analizó dos secciones particularmente coherentes: la dedicada a figuras femeninas y baños, y otra caracterizada por textos acompañados de estrellas en los márgenes.
En la primera, los investigadores estudiaron 120 combinaciones posibles de cinco bifolios. En la segunda, analizaron 720 disposiciones de seis bifolios. Al seleccionar las secuencias con mayores semejanzas estadísticas entre páginas consecutivas, consiguieron mejorar las puntuaciones medias de continuidad textual un 12,1 % y un 20 %, respectivamente.

Algunas de estas reorganizaciones también encajaban con detalles visuales. En la sección de las estrellas, por ejemplo, la secuencia propuesta comenzaba en un folio que presenta un carácter inicial de tamaño excepcional, una característica compatible con el comienzo de un apartado.
No obstante, los autores advierten que todavía no es posible asegurar que hayan reconstruido el orden auténtico. La repetición de determinadas palabras o la existencia de estructuras textuales desconocidas podrían influir en los resultados.
El descubrimiento tampoco significa que el manuscrito haya sido descifrado. Su escritura sigue sin poder leerse y su contenido continúa siendo objeto de debate. Lo que cambia es la manera de investigar su estructura y las relaciones entre sus páginas.
De confirmarse la hipótesis, la encuadernación medieval habría contribuido involuntariamente a mantener el misterio durante siglos. Paradójicamente, también pudo favorecer su conservación. El próximo gran desafío será determinar cómo se organizaban originalmente sus hojas y si recuperar esa secuencia permite avanzar, por fin, en la comprensión de uno de los documentos más desconcertantes de la historia.
Referencias
- Layfield, C., & Davis, L. F. (2026). Singulion Structure and the Voynich Manuscript. Digital Medievalist, 19. doi:10.4000/16k0a
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