El hielo de la Antártida y Groenlandia no solo se está derritiendo: 50 años de datos revelan qué está ocurriendo con sus glaciares
El registro por satélite más largo elaborado hasta ahora revela que Groenlandia y la Antártida han perdido más de 11 billones de toneladas de hielo y descubre qué proceso explica la mayor parte de esa pérdida.
Publicado por Christian Pérez
Redactor especializado en divulgación científica e histórica
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Durante décadas, la imagen más reconocible de la pérdida de hielo en los polos ha sido la de una superficie blanca derritiéndose bajo temperaturas cada vez más altas. Es una imagen real, pero incompleta. El registro por satélite más extenso reconstruido hasta ahora sobre Groenlandia y la Antártida revela que el principal responsable de la desaparición de estas enormes masas heladas se encuentra en otro proceso: los glaciares están descargando hielo hacia el océano a un ritmo mayor.
El nuevo trabajo, publicado en Scientific Data, reúne 42 estimaciones independientes obtenidas mediante 27 misiones de satélite y permite retroceder hasta 1972 en Groenlandia y 1979 en la Antártida. El resultado ofrece una perspectiva difícil de conseguir hasta ahora: aproximadamente medio siglo de cambios observados en las dos mayores capas de hielo del planeta.
Las cifras ayudan a comprender la escala del fenómeno. Entre 1979 y 2023, Groenlandia y la Antártida perdieron conjuntamente 11.309 gigatoneladas de hielo, es decir, unos 11,3 billones de toneladas. Esa pérdida ha añadido aproximadamente 31,4 milímetros al nivel medio global del mar. Pero quizá el dato más revelador del estudio sea otro: alrededor del 84% de esa pérdida conjunta está asociada al desequilibrio dinámico de los glaciares, mientras que el 16% restante corresponde al balance de masa superficial.
En otras palabras, para entender qué está sucediendo en los polos no basta con observar cuánto hielo desaparece en verano.
El hielo también puede escapar hacia el océano
Una capa de hielo no es un bloque inmóvil. La nieve se acumula sobre ella, se compacta y acaba convirtiéndose en hielo, mientras enormes corrientes glaciares transportan lentamente parte de ese material desde el interior hacia las costas. Cuando el sistema permanece aproximadamente equilibrado, las ganancias y las pérdidas se compensan a largo plazo.
El problema aparece cuando esa maquinaria cambia de velocidad. Los glaciares que desembocan en el océano pueden acelerar y transportar más hielo hacia el mar del que la capa es capaz de reponer. Precisamente este componente dinámico aparece como protagonista cuando los investigadores observan varias décadas en conjunto.
Para llegar a esa conclusión no se ha utilizado un único instrumento. Los científicos combinaron métodos que observan propiedades diferentes: la altimetría permite registrar cambios en la elevación de la superficie; la gravimetría detecta variaciones de masa a partir del campo gravitatorio terrestre; y las imágenes ópticas y de radar permiten estudiar, entre otras cosas, el movimiento del hielo.
Hacer comparables registros tan diferentes constituye una de las claves del trabajo. El equipo estandarizó las series y combinó las estimaciones disponibles teniendo en cuenta sus incertidumbres. Después recurrió a modelos climáticos regionales para separar cuánto del cambio podía atribuirse al balance superficial y cuánto al comportamiento dinámico del hielo.

Groenlandia pasó de estar cerca del equilibrio a perder cientos de gigatoneladas al año
La perspectiva histórica muestra con especial claridad la transformación de Groenlandia. La capa de hielo se encontraba cerca del equilibrio durante la década de 1970. En los años ochenta, sin embargo, perdió aproximadamente 60 gigatoneladas anuales. En la década de 2000 la cifra alcanzó las 192 gigatoneladas por año y durante los años 2010 llegó a 264 gigatoneladas anuales.
Entre 1972 y 2023, Groenlandia perdió en total 6.215 gigatoneladas, con una media aproximada de 119 gigatoneladas cada año. El estudio atribuye el 67% de esa pérdida al aumento de la descarga de hielo y el 33% a la reducción del balance de masa superficial. Los años 2010 resultan especialmente llamativos porque, durante esa década, las pérdidas asociadas a este último componente superaron por primera vez a las relacionadas con la dinámica del hielo.
La Antártida cuenta una historia diferente. Entre 1979 y 2023 perdió 4.780 gigatoneladas, suficientes para elevar el nivel global del mar unos 13,3 milímetros. En este caso, el estudio atribuye el balance negativo acumulado al componente dinámico. La Antártida occidental concentra buena parte de esa señal: sus pérdidas pasaron de unas 29 gigatoneladas anuales en los años ochenta a 163 durante la década de 2010.
Así, dos regiones sometidas a condiciones muy distintas terminan contribuyendo al mismo fenómeno global mediante combinaciones diferentes de procesos.
Un giro inesperado entre 2020 y 2023
Los últimos años de la serie introducen además un matiz importante. Entre 2020 y 2023, la pérdida de masa antártica fue considerablemente menor que durante la década anterior. La explicación está, sobre todo, en la Antártida oriental: unas precipitaciones de nieve excepcionalmente elevadas en 2022 y 2023 favorecieron una ganancia de masa que compensó parcialmente las pérdidas de otras zonas.
Groenlandia también redujo su ritmo respecto a los años 2010. Entre 2020 y 2023 perdió alrededor de 199 gigatoneladas anuales, mientras que las pérdidas asociadas al balance superficial fueron aproximadamente la mitad de las registradas durante la década anterior. Eso no significa que las capas de hielo hayan comenzado una recuperación sostenida. La propia serie de medio siglo permite distinguir estas oscilaciones de pocos años de la tendencia acumulada durante décadas.

Ahí reside precisamente una de las grandes fortalezas del nuevo registro. Una observación breve puede quedar marcada por un verano extremo, varios años de nevadas abundantes o una modificación temporal del flujo glaciar. Cincuenta años permiten observar el escenario desde otra escala.
Y ese escenario muestra una transformación profunda. El hielo perdido por Groenlandia y la Antártida desde finales de los años setenta equivale ya a más de tres centímetros de subida del nivel del mar. El dato puede parecer pequeño sobre una regla, pero aplicado a todos los océanos del planeta adquiere una dimensión completamente diferente.
Referencias
- Mass balance of the Greenland and Antarctic ice sheets from the 1970s to 2023, Scientific Data (2026). DOI: 10.1038/s41597-026-08088-0
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