Arqueólogos descubren en Pompeya un armario sellado durante casi 2.000 años con objetos personales que esconden una historia inesperada
Una excavación en Pompeya descubre un armario sepultado por el Vesubio en el año 79 con monedas, utensilios personales y pequeños amuletos que podrían conservar recuerdos de la infancia de sus propietarios.
Publicado por Christian Pérez
Redactor especializado en divulgación científica e histórica
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En el año 79 d. C., la erupción del Vesubio interrumpió bruscamente la vida de Pompeya. Sus habitantes dejaron atrás viviendas, negocios y pertenencias que, en muchos casos, permanecieron sepultadas durante siglos. Ahora, una nueva excavación ha permitido recuperar un pequeño conjunto de objetos que ofrece una perspectiva especialmente íntima de aquella tragedia.
El hallazgo se ha producido en la denominada Casa de Cornelius Maximus, una vivienda situada junto a la Vía de la Abundancia, una de las calles más transitadas de la antigua ciudad romana. Allí, los arqueólogos del Parque Arqueológico de Pompeya han identificado los restos de un armario de madera cuyo contenido permanecía abandonado desde la catástrofe.
La investigación, publicada en el E-Journal degli Scavi di Pompei, describe un descubrimiento poco habitual. Entre los objetos recuperados aparecen utensilios domésticos, instrumentos de belleza, monedas y una colección de pequeños amuletos relacionados con la infancia romana.
Sin embargo, lo más interesante no es únicamente lo que contenía aquel mueble, sino lo que sus pertenencias permiten plantear sobre la persona que las conservó. Casi veinte siglos después, los investigadores han encontrado posibles recuerdos familiares que nadie llegó a recuperar.
Un armario romano que conservaba mucho más que objetos cotidianos
La excavación ha permitido reconstruir la disposición original del armario, conocido en latín como armarium, a partir de las huellas que dejó en los materiales volcánicos. En su interior aparecieron recipientes de bronce, vidrio y cerámica, además de una pequeña jarra decorada con motivos que recuerdan las escamas de una piña.
También se identificaron unas pinzas, un instrumento utilizado para preparar pigmentos cosméticos, un recipiente de vidrio para sustancias aromáticas, un quemador de perfumes y una lámpara de bronce. La presencia de estos artículos sugiere actividades vinculadas al cuidado personal, aunque no permite establecer con seguridad quién utilizaba el armario.
Otro detalle ha llamado la atención de los especialistas: varios pesos de plomo guardados en una pequeña caja de madera, prácticamente desaparecida. Estos instrumentos podrían relacionarse con operaciones comerciales, lo que abre la posibilidad de que algunos habitantes combinaran actividades domésticas y económicas dentro de la vivienda.
El conjunto también incluía 38 monedas de bronce, depositadas en una pequeña cesta fabricada mediante el entrelazado de fibras vegetales. Los investigadores han analizado las escasas huellas conservadas del recipiente para conocer mejor su fabricación. El dinero permaneció allí cuando la casa quedó sepultada, aunque todavía se desconoce por qué sus propietarios no lo recuperaron.

Unos diminutos amuletos revelan una costumbre de la infancia romana
Entre todas las piezas encontradas destaca una colección de pequeños colgantes fabricados con materiales como hueso, pasta vítrea, fayenza y cristal de roca. Los objetos representan manos, pies, racimos de uvas, piñas y divinidades, entre ellas Mercurio y Bes, una figura protectora de origen egipcio.
Los arqueólogos los identifican con los llamados crepundia, pequeños ornamentos y amuletos relacionados con los niños en la antigua Roma. Su denominación procede del verbo latino crepare, asociado a la producción de sonidos. Estos elementos podían colgarse juntos y desempeñar funciones ornamentales, protectoras e incluso lúdicas.
Lo sorprendente es que su importancia podía prolongarse más allá de la niñez. Algunos adultos conservaron objetos semejantes durante su vida, como indican determinados hallazgos funerarios. En Pompeya, los colgantes aparecieron junto a restos de una pequeña bolsa de tejido, lo que permite plantear que alguien los hubiera guardado cuidadosamente.

La literatura latina ofrece una comparación reveladora. En la comedia Rudens, de Plauto, unos objetos conservados desde la infancia desempeñan un papel decisivo para reconocer la identidad y los orígenes familiares de una joven. Aunque una representación teatral no demuestra que todos los romanos siguieran esa costumbre, ayuda a comprender el significado personal que podían adquirir estas pertenencias.
¿Qué ocurrió con los propietarios de la vivienda?
La presencia de monedas y recuerdos personales abandonados plantea una cuestión difícil de resolver. ¿Consiguieron escapar los habitantes antes de que las corrientes volcánicas destruyeran la casa? ¿Murieron durante la erupción? Los autores del estudio reconocen que las pruebas arqueológicas no permiten determinar su destino.
La vivienda presenta otros elementos interesantes. Sus paredes conservan pinturas del cuarto estilo pompeyano, vinculadas al taller de pintores de la Vía de Castricio. También existen indicios de reformas que estaban desarrollándose cuando llegó la erupción. La atribución tradicional de la casa a Cornelius Maximus, basada en antiguas inscripciones descubiertas en 1912, tampoco puede considerarse segura.

Incluso han aparecido restos de al menos dos pequeños roedores dentro de un ánfora situada en un altillo. Los análisis apuntan a ejemplares del género Apodemus, posiblemente ratones de campo. Su presencia recuerda que las viviendas romanas también compartían problemas cotidianos con las actuales.
«El valor de este descubrimiento reside en la posibilidad de interpretar conjuntamente las diferentes huellas de una vida: hábitos personales, trabajo y recuerdos», explicó Gabriel Zuchtriegel, director del Parque Arqueológico de Pompeya.
El armario no permite poner nombre a sus propietarios ni reconstruir sus últimos momentos. Pero sí conserva algo que rara vez aparece en los grandes monumentos de la Antigüedad: los objetos que alguien consideró suficientemente importantes como para guardarlos. Y que, por razones que probablemente nunca conoceremos, permanecieron allí durante casi dos milenios.
Referencias
- G. Zuchtriegel, C. Comegna, et al. (2026). Lo scavo di una domus nell’insula IX 11: il rinvenimento di un armarium con crepundia. E-Journal degli Scavi di Pompei, 11.
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