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Thursday, October 29, 2026

La particular historia de Otamendi con Boca y el Súper que soñaba jugar

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Es el campeón del mundo que llegó a River para cumplir un sueño. Una aspiración que no solo consiste en ponerse la banda y salir a la cancha, sino en hacerlo, sobre todo, en partidos como el de este domingo. Porque desde las 15 y en la Bombonera, Nicolás Otamendi jugará ante Boca para lo que vino: sacar pecho en esos duelos en los que hasta los futbolistas de mayor experiencia pueden convivir con los nervios. Para él, además, será mucho más que un partido. Porque detrás del jugador que lleva la 30 en la espalda hay un hincha que desde chico ama a River y que seguramente salte, dispute y vaya al piso con él en cada pelota durante los 90 minutos. Por eso, si bien será su tercera visita a ese estadio, también será la primera en la que ese fanatismo y esa pasión entren a la cancha junto a él, esta vez con la camiseta que siempre quiso vestir.

Otamendi llegó a River precisamente para cumplir ese sueño. Quedó libre de Benfica y firmó su contrato antes de volar a los Estados Unidos para disputar el Mundial con la Selección. Desde entonces acumuló 1.440 minutos en 16 partidos y se transformó en una pieza permanente de la defensa. Los números también describen parte de su aporte: completó el 88,8% de sus pases y entregó tres pases clave desde el fondo, como una de las principales vías de salida limpia del equipo. La cuenta pendiente aparece en el área rival. Entre remates y cabezazos, el zaguero probó 15 veces: apenas dos intentos fueron entre los tres palos y todavía no pudo convertir. Una deuda que adquiere otra dimensión frente a un rival con el que tiene una historia particular.

En 2009, cuando el hoy experimentado defensor era todavía un caudillo en formación entre sus 20 y 21 años y vestía la camiseta de Vélez, debió enfrentar a Boca en cuatro oportunidades: una por el Apertura, otra por el Clausura y dos por la primera ronda de la Copa Sudamericana. Sumado al último antecedente en el Mundial de Clubes, Boca se convirtió en el rival argentino al que más veces enfrentó, con cinco partidos. Otamendi fue titular y completó los 90 minutos en todos ellos, con un historial parejo pero favorable: dos triunfos -uno de ellos con clasificación incluida-, dos empates y una derrota. Su primera aparición contra Boca se produjo por el Clausura 2008/09, en el Amalfitani, y terminó con victoria de Vélez por 2-0, con goles de Rodrigo López y Jonatan Cristaldo. Meses después, al defensor le tocó afrontar su primera serie de eliminación directa internacional ante el mismo rival.

Las fotos que compartió Otamendi luego de su gol en el empate 2-2 ante Boca.Las fotos que compartió Otamendi luego de su gol en el empate 2-2 ante Boca.

Por la primera fase de la Sudamericana, Vélez debía superar al equipo de Coco Basile -con Juan Román Riquelme y Martín Palermo entre sus figuras- para meterse en los octavos de final. La ida se disputó en la Bombonera. Boca golpeó rápido a través de Pablo Mouche, pero la visita llegó al empate con un gol de un ex River: Víctor Zapata. En la revancha, Vélez ganó 1-0 con un tanto de Cristaldo y concretó la clasificación. En ese contexto, el único triunfo de Boca en el historial personal de Otamendi ocurrió en octubre de aquel año, después de un partidazo en la Bombonera que terminó 3-2. Sebastián Battaglia, Riquelme y Palermo marcaron para el local, mientras que Leandro Caruso convirtió los dos goles del equipo que entonces dirigía Ricardo Gareca.

Dieciséis años después, ya convertido en uno de los defensores argentinos más experimentados de su generación, Otamendi volvió a encontrarse con Boca. Fue como futbolista de Benfica, por la primera fecha del Mundial de Clubes 2025. El primer tiempo fue cuesta arriba para el conjunto portugués, que llegó a estar 2-0 abajo por los goles de Rodrigo Battaglia y Miguel Merentiel. Sobre el cierre de esa etapa, Otamendi fue derribado dentro del área y Ángel Di María descontó de penal. En el segundo tiempo, Benfica fue detrás del empate y apareció el cabezazo de Otamendi. El defensor puso el 2-2 y salió corriendo hacia el sector ocupado por los hinchas de Boca: los miró de frente y gritó el gol antes de compartir posteriormente aquella imagen en sus redes sociales.

“Es el folclore del fútbol argentino. Todo el partido me silbaron. Se dio que meto el gol, muy feliz. Todo el mundo sabe que soy hincha de River, pero metí un gol y lo festejé como ante cualquier rival”, explicó después del encuentro. Ese episodio tampoco fue una excepción. A lo largo de los años, Otamendi dejó numerosas muestras públicas de su identificación con River. En diciembre de 2018, pocos días después de la final de la Libertadores disputada en Madrid, la eliminación frente a Al Ain en las semifinales del Mundial de Clubes generó cargadas de hinchas de Boca. Su respuesta fue directa: publicó una historia en Instagram con la fecha “9.12.18”.

Nicolas Otamendi, feliz en River (Prensa River).Nicolas Otamendi, feliz en River (Prensa River).

Y hubo varios capítulos más, particularmente en sus cruces amistosos con Pablo Migliore, reconocido hincha de Boca. Luego de que River perdiera la final de la Libertadores 2019 contra Flamengo y el ex arquero aprovechara la ocasión para cargarlo, Otamendi reapareció en una publicación suya desde la Bombonera: “Qué hacés, perdido. Pensé que habías cerrado la cuenta el 9/12”, escribió. Semanas después, tras la conquista de la Copa Argentina por parte de River, volvió a buscarlo en las redes con una publicación con los colores rojo y blanco y un mensaje dirigido especialmente a Migliore: “¿Pablito, dónde andarás?”. Incluso durante un vivo de Instagram en 2020 retomó aquella historia y bromeó con que desde el 9/12 prácticamente no sabía nada de él. Eran cargadas a distancia, propias de un hincha que durante años siguió los Superclásicos desde Europa o desde una concentración. El escenario del próximo domingo será completamente diferente.

Por primera vez, Otamendi llegará a la Bombonera como futbolista de River. Lo hará después de 16 partidos y 1.440 minutos con la camiseta que buscó durante buena parte de su carrera, con un rol importante en la salida del equipo y todavía con la deuda personal de su primer gol. Y lo hará frente al rival alrededor del cual construyó buena parte de sus recuerdos como hincha. Esta vez no habrá historias de Instagram, chicanas virales ni partidos observados desde otro continente. El fanático y el futbolista coincidirán en el mismo lugar. Y en un Superclásico que tendrá peso propio en el cierre de la temporada, toda esa historia previa quedará subordinada a lo verdaderamente importante: lo que Otamendi sea capaz de hacer durante los 90 minutos en la Bombonera.

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