El ADN revela que una de las «princesas suevas» enterradas hace 1.500 años en Mérida tenía un origen inesperado
Un estudio genético de 243 individuos antiguos revela cómo Roma transformó la población de Hispania y por qué la llegada de los visigodos tuvo consecuencias inesperadas.
Publicado por Christian Pérez
Redactor especializado en divulgación científica e histórica
Creado: Actualizado:
Durante siglos, la historia de la península ibérica se ha contado a través de conquistas, emperadores y reyes. Sin embargo, las grandes transformaciones políticas no siempre tuvieron las mismas consecuencias para quienes habitaban aquellas tierras. Ahora, una investigación genética publicada en la revista científica Cell ha permitido reconstruir parte de esa historia a partir de los restos de personas que vivieron entre los siglos I y VIII d. C. Sus resultados cuestionan algunas ideas tradicionales sobre la llegada de los pueblos germánicos y revelan que la verdadera revolución demográfica de Hispania ocurrió durante el dominio romano.
El trabajo, encabezado por investigadores del Instituto de Biología Evolutiva de Barcelona, el Museo de Ciencias Naturales de Barcelona, la Universidad de Harvard y la Universidad del País Vasco, ha analizado 243 individuos antiguos procedentes de 31 yacimientos arqueológicos. La investigación permite conocer cómo cambiaron las poblaciones peninsulares durante más de 700 años.
Los resultados muestran que la Hispania romana era extraordinariamente diversa. Sus habitantes compartían antepasados con poblaciones del Mediterráneo oriental y del norte de África, además de conservar una importante herencia de los antiguos pueblos indígenas. Aquella mezcla continuó después de la desaparición del Imperio romano de Occidente.
Lo sorprendente es que la llegada de suevos, vándalos, alanos y visigodos no provocó una sustitución generalizada de la población, pese a que estos grupos acabaron controlando buena parte del territorio.
La transformación genética que comenzó con Roma
Cuando las legiones romanas desembarcaron en la península ibérica durante la segunda guerra púnica, en el 218 a. C., encontraron un territorio habitado por comunidades con tradiciones culturales muy diferentes. La conquista avanzó durante casi dos siglos, hasta las campañas de Augusto contra los pueblos del norte.
La dominación romana transformó las ciudades, las comunicaciones, la economía y las lenguas. Pero también impulsó movimientos de población cuya importancia había resultado difícil de cuantificar hasta ahora.
Según el estudio, el 83 % de los individuos analizados correspondientes al periodo romano presentaba ascendencia relacionada con el Mediterráneo oriental. Esta influencia resulta especialmente notable en las regiones costeras del sureste y en el valle del Ebro.

El norte de África también desempeñó un papel fundamental. En los yacimientos romanos examinados del sureste peninsular, 33 de 34 individuos mostraban ascendencia norteafricana, con una proporción media cercana al 27 %. Los contactos entre ambas orillas del Mediterráneo fueron, por tanto, mucho más que simples intercambios comerciales.
«La romanización no fue únicamente una transformación política, lingüística y cultural. Nuestros datos muestran que también fue una importante transformación demográfica, que conectó a las poblaciones locales con movimientos humanos procedentes de diferentes partes del Mediterráneo», explica Carles Lalueza-Fox, uno de los principales responsables de la investigación.
Un cementerio cristiano revela otra historia desconocida
Uno de los descubrimientos más interesantes procede de Cortijo Coracho, cerca de Lucena, en Córdoba. Allí, en una antigua comunidad cristiana de los siglos IV y V, los investigadores estudiaron restos humanos que conservaban una importante herencia genética norteafricana.
De los 31 individuos examinados, 30 ofrecieron información genética suficiente y todos menos uno presentaban dicha ascendencia. Los investigadores también pudieron reconstruir una familia de 16 personas distribuida a lo largo de cuatro generaciones.
Este resultado plantea una posibilidad especialmente interesante para los historiadores: que las migraciones procedentes del norte de África contribuyeran a la difusión del cristianismo en Hispania. No demuestra por sí solo cómo llegó esta religión, pero aporta nuevos indicios sobre las relaciones humanas que conectaban ambas costas.
La importancia de Cartago como centro del cristianismo latino y las rutas marítimas que comunicaban África con Hispania ayudan a comprender el contexto de estos contactos.

Los visigodos conquistaron el poder, pero no sustituyeron a los habitantes
A comienzos del siglo V, la autoridad romana comenzó a desmoronarse en distintas regiones de Hispania. En el año 409 entraron suevos, vándalos y alanos. Posteriormente, los visigodos consolidaron un reino que sobreviviría hasta la conquista musulmana del siglo VIII.
Los análisis genéticos confirman que llegaron personas relacionadas con poblaciones del centro y norte de Europa. De hecho, 53 de los 164 individuos examinados del periodo de las migraciones presentaban esa ascendencia, aproximadamente el 32 % de la muestra, aunque en proporciones muy variables.
Sin embargo, la mayor parte de las comunidades conservó la compleja mezcla de ascendencias que se había formado durante la etapa romana. El dominio político de las nuevas élites no se tradujo en un reemplazo demográfico comparable al documentado en otras regiones europeas, como Britania.
«Encontramos migración y nuevas ascendencias, pero no sustitución de población ni un impacto demográfico a gran escala», señala David Reich, investigador de Harvard y coautor principal del estudio.
Dos hermanos separados por 725 kilómetros y unas misteriosas tumbas
La genética también ha permitido descubrir historias familiares que los documentos antiguos nunca registraron. Entre ellas destaca la de dos hermanos enterrados en lugares separados por aproximadamente 725 kilómetros siguiendo las calzadas romanas.
Uno apareció en Mérida, la antigua Augusta Emerita, mientras que su hermana fue enterrada cerca de la Vía Augusta, en la provincia de Castellón. Ambos tenían ascendencia relacionada con Europa central y probablemente pertenecían a una primera generación de inmigrantes.
Su parentesco revela que las antiguas comunicaciones romanas continuaron facilitando desplazamientos durante las migraciones del siglo V.

Otro hallazgo procede de Los Blanes, en Mérida, donde aparecieron enterramientos femeninos acompañados de valiosas joyas de tradición germánica. Algunas de estas jóvenes han sido denominadas las «princesas suevas».
Los investigadores descubrieron que una de ellas tenía ascendencia local, un indicio de que las familias hispanorromanas podían incorporarse a las nuevas élites mediante alianzas matrimoniales y relaciones políticas.
Estas tumbas también plantean interrogantes sobre las circunstancias de sus muertes. Los investigadores consideran posible una relación con los conflictos políticos de la época, aunque no existen pruebas suficientes para establecer qué ocurrió.
El estudio deja una conclusión importante: quienes gobernaban Hispania no siempre representaban el origen de quienes vivían en ella. Durante siglos, pueblos de procedencias diferentes compartieron territorios, formaron familias y construyeron una sociedad cuya diversidad resulta hoy mucho más visible gracias al ADN antiguo.
Referencias
- Contrasting demographic impacts of Roman Colonization and Early Medieval Migrations in the Iberian Peninsula, Cell (2026). DOI: 10.1016/j.cell.2026.09.052
KioskNews shows a cleaned-up reading view extracted from the publisher’s page — the original always lives on their site, not ours.