El príncipe egipcio que investigaba pirámides cuando ya tenían más de 1.000 años: ¿fue el primer arqueólogo de la historia?
Hace más de 3.200 años, un hijo de Ramsés II se interesó por las pirámides que ya eran milenarias y dejó una huella sorprendente en la historia de la arqueología.
Publicado por Christian Pérez
Redactor especializado en divulgación científica e histórica
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Cuando Ramsés II gobernaba Egipto, hacia el siglo XIII a. C., algunas de las pirámides más famosas del país llevaban más de mil años en pie. Para los habitantes de aquella época, aquellos monumentos tampoco eran construcciones recientes: pertenecían a un pasado remoto, levantadas por reyes cuyos nombres habían sobrevivido durante generaciones.
Es fácil olvidar este detalle cuando hablamos del antiguo Egipto. Acostumbramos a contemplar sus tres milenios de historia como si fueran una misma época, pero entre la construcción de las primeras grandes pirámides y el reinado de Ramsés II transcurrió más tiempo del que separa determinados acontecimientos medievales de nuestros días.
Y lo más sorprendente es que algunos egipcios también sintieron curiosidad por aquel pasado. Uno de ellos fue Khaemwese, un príncipe de la familia real que dedicó parte de su actividad a recuperar la memoria de antiguos faraones.
Su interés por monumentos que ya eran milenarios le ha valido un título extraordinario: el de primer arqueólogo de la historia. Aunque, como veremos, esa denominación requiere algunos matices.
Un príncipe que vivía rodeado de monumentos milenarios
Khaemwese, también conocido como Jaemuaset, fue uno de los hijos de Ramsés II, el poderoso faraón de la XIX dinastía que gobernó Egipto durante buena parte del siglo XIII a. C.
A diferencia de otros miembros de la familia real, cuya trayectoria estuvo estrechamente vinculada al ejército o a la administración, Khaemwese desarrolló una importante carrera religiosa. Llegó a convertirse en sumo sacerdote de Ptah, una de las principales divinidades de Menfis.
Aquella posición lo situaba cerca de uno de los paisajes históricos más extraordinarios del mundo antiguo.
En los alrededores de Menfis se extendían las necrópolis de Saqqara, Abusir y otras zonas donde generaciones de faraones habían construido pirámides, templos funerarios y monumentos destinados a perpetuar su memoria.
Pero el paso de los siglos había dejado huella. Algunas construcciones estaban deterioradas, determinadas inscripciones habían desaparecido y los complejos funerarios más antiguos habían experimentado importantes transformaciones.
Khaemwese participó en intervenciones sobre varios de aquellos monumentos. Su actividad quedó documentada mediante inscripciones que todavía permiten conocer parte de sus iniciativas.

¿Qué hizo exactamente Khaemwese?
Uno de los testimonios más interesantes procede de la pirámide del faraón Unas, construida en Saqqara hacia finales del siglo XXIV a. C.
Cuando Khaemwese intervino en ella, habían transcurrido aproximadamente once siglos desde su construcción.
Una inscripción conservada en el monumento explica que el príncipe actuó para perpetuar el nombre de Unas, que ya no podía encontrarse en la superficie de su pirámide.
El texto también expresa su deseo de recuperar monumentos de antiguos soberanos que habían sufrido los efectos del deterioro.
No fue un caso aislado.
Existen inscripciones relacionadas con sus actuaciones en construcciones atribuidas a faraones como Djoser, Userkaf y Pepi I, entre otros. Se trata de edificios pertenecientes a distintas etapas de la historia egipcia, algunos considerablemente anteriores a su propio tiempo.
Lo verdaderamente llamativo es que aquellas intervenciones demuestran una preocupación por mantener viva la identidad de gobernantes desaparecidos muchos siglos atrás.
Sin embargo, debemos evitar imaginar a Khaemwese trabajando como un arqueólogo contemporáneo. No disponía de métodos científicos de excavación ni pretendía reconstruir objetivamente la historia de Egipto.
Sus actuaciones estaban relacionadas con la religión, el culto funerario y la legitimidad de la monarquía. Además, los especialistas debaten hasta qué punto aquellas intervenciones supusieron restauraciones materiales: algunos monumentos también fueron utilizados como fuentes de piedra para nuevas construcciones.
Por tanto, su interés por la antigüedad pudo convivir con motivaciones políticas, religiosas y prácticas.
Cuando los propios egipcios contemplaban su pasado
Hay un aspecto de esta historia que resulta especialmente fascinante.
La pirámide escalonada de Djoser, construida durante el siglo XXVII a. C., ya tenía alrededor de 1.400 años cuando Khaemwese vivió.
Para comprender semejante distancia temporal, basta pensar que, cuando el príncipe contemplaba aquella construcción, estaba observando una obra arquitectónica tan alejada de su presente como lo están de nosotros algunos monumentos de la Alta Edad Media.
El antiguo Egipto no fue una civilización inmóvil. Sus habitantes heredaron edificios, tradiciones y recuerdos de generaciones anteriores, y también reinterpretaron ese legado según las necesidades de su tiempo.
De hecho, Khaemwese terminó convirtiéndose en una figura de la literatura egipcia posterior. Siglos después de su muerte, distintos relatos lo presentaron como un personaje relacionado con antiguos textos, conocimientos extraordinarios y acontecimientos sobrenaturales.
Su reputación como hombre vinculado al pasado sobrevivió, por tanto, mucho más allá de su propia época.
¿Podemos considerarlo realmente el primer arqueólogo?
La respuesta depende de lo que entendamos por arqueología.
Khaemwese no fue arqueólogo en el sentido científico actual. Tampoco fue necesariamente la primera persona que mostró interés por monumentos antiguos: existen testimonios anteriores de restauraciones realizadas por otros gobernantes egipcios.
No obstante, la amplitud de sus intervenciones y las inscripciones que las documentan explican por qué numerosos historiadores lo han considerado un precursor de la conservación del patrimonio.
Su historia recuerda algo que solemos pasar por alto: las civilizaciones antiguas también tenían su propia antigüedad.
Mucho antes de que existieran museos, universidades o excavaciones científicas, los egipcios ya se encontraban ante monumentos cuyo origen se remontaba a más de mil años atrás.
Y algunos, como Khaemwese, comprendieron que aquellas construcciones guardaban la memoria de un mundo que también para ellos pertenecía a un pasado extraordinariamente lejano.
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