¿Será posible la poesía?

“La poesía ya no es posible”, afirmó el catedrático español. La categórica conclusión la hizo en el transcurso de una entrevista sobre el impacto de la IA en la creación artística, de esas que uno ve un poco de paso y otro poco a las apuradas en alguna plataforma que recordar no quiero.
No lo dijo al azar, ni para espantar a nadie. Se lo notaba espantado. Y si bien sus argumentos fueron más extensos y mejor fundamentados, intento un resumen aproximado. No le echaba la culpa a la IA. Que esta pudiese imitar a la perfección el estilo de algún poeta, y producir un poema según instrucciones que pudiese pasar como de su autoría, lo tenía sin cuidado. Ese no era, según su visión, el problema. O resultaba un “problema de papagayos”. Repetir lo hecho, incluso imitarlo a la perfección hasta ser mejor que un original, no era el problema. La cuestión es la ambigüedad del poema, que es la ambigüedad humana, germen y posibilidad de toda creación.
El problema estaba allí. Y citó a Hölderlin y Heidegger, nada menos, para fundamentarse. Perdón la apropiación y la síntesis gruesa en que voy a incurrir, casi hasta la caricatura y el error. Cito de memoria y de corrido. Hölderlin decía que la casa del hombre es la poesía. Que el hombre habita el mundo ente poemas y mitos. Y Heidegger, citándolo, decía que lo propio del hombre era su capacidad de coexistir simultáneamente con la proximidad y la lejanía, y esa era la experiencia de la poesía. Por supuesto, no se refería a distancias físicas, pero afirmaba que la época en que escribía podía llamarse la “era de la indistancia”, donde toda experiencia se banaliza o achata por falta de la perspectiva adecuada, destruyendo la habitación del ser.
Y si bien Heidegger escribía estas palabras a mitad del siglo XX, no he encontrado definición mejor de cómo vivimos hoy en día. En el reino de la abolición de toda perspectiva o densidad sobre nuestra experiencia vital. La indistancia es la entronización de la banalidad, porque no se puede percibir adecuadamente ni discriminar nada.
Es el mundo que se condensa en un teléfono celular, para ser tautológico en la descripción de lo real. La entronización del algoritmo, donde lo binario destruye todo concepto de proximidad y lejanía.
Volviendo a nuestro catedrático español, lo que apuntaba como problema era la dificultad del hombre actual de poder convivir con la ambigüedad y la riqueza que le brinda la experiencia poética. Y por lo tanto, de reproducirla en arte, que es el vehículo que siempre ha usado el hombre para dar cuenta de su estar en el mundo. El algoritmo, por el contrario, recuenta y reproduce el mundo de un modo monstruoso, infinito e indistante.
De allí concluía en que la dificultad no consiste en dialogar con la IA, sino en mantener en vilo nuestra vieja, frágil y siempre indecisa condición humana. A la poesía, al fin de cuentas, se llega por la creación.

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