ESPN DeportesBills y Rams no defraudan y regalan un gran MNFThe Jerusalem PostBomb threat called on Boca Raton Jewish preschool, law enforcement evacuates areaESPNFollow live: Guardians score twice in 8th, take lead over Rays in ALCS Game 1InquirerNo remorse: Task Force Disiplina enforcer kills 3 teens; QC vows reforms한겨레프로야구 한화 새 사령탑에 류지현…3년 총액 20억원ZDF heuteEntdecken Sie das ZDF-Nachrichtenstudio경향신문K-소비재 수출 10년 새 4.2배…미국·유럽 10배 늘 때 중국은 ‘정체’Anime News NetworkHappy Sports Day From Around the Anime World, Part IILa NaciónUna arquitecta reformó su PH en Coghlan e hizo de los techos y el patio el centro del proyectoGIGAZINE筋トレは「体重が減る前」から脂肪細胞を縮小させて健康にメリットをもたらす可能性20 MinutenZinsen für zehnjährige Festhypotheken steigen auf JahreshochNew Straits TimesMalaysia travellers gain new gateways to Europe and Central Asia via Vietjet
The Daily Newsstand · Free, Always
Tuesday, October 13, 2026

Por qué nuestro cerebro prefiere el sillón a hacer ejercicio (y no es nuestra culpa) Esto es lo que se sabe

Translate

“Nunca evolucionamos para hacer ejercicio”, afirma el biólogo evolutivo Daniel Lieberman. Y tiene razón. El ser humano ha evolucionado para ser físicamente activo por pura necesidad de supervivencia: cazar, recolectar y explorar.

Sin embargo, el ejercicio —entendido como actividad planificada y estructurada para mejorar la forma física— es un concepto mucho más reciente. Hoy, aunque la tecnología ha reducido drásticamente la necesidad de movernos, la actividad física sigue siendo esencial para conservar nuestra salud física y mental.

Mira también:

Esta es la razón por la que debes incrementar tu actividad física durante la mediana edad

Las estadísticas son alarmantes. A nivel global, 1 de cada 3 adultos y 8 de cada 10 adolescentes no alcanzan los niveles mínimos de actividad física recomendados por la Organización Mundial de la Salud. El 90 % elige el ascensor frente a las escaleras, y solo la mitad de quienes se proponen hacer ejercicio logra cumplir su objetivo.

Si hay un ascensor, es más probable que elijas tomarlo a usar las escaleras. (Foto:  Imagen creada por El Comercio MAG usando Gemini)

Si hay un ascensor, es más probable que elijas tomarlo a usar las escaleras. (Foto: Imagen creada por El Comercio MAG usando Gemini)

Estos datos nos invitan a reflexionar: ¿por qué ciertas personas disfrutan corriendo un ultramaratón bajo el sol abrasador del desierto, mientras que otras sudan en frío con solo pensar en salir a dar una vuelta a la cuadra?

Mira también:

No es solo fuerza de voluntad

En 1988, la compañía Nike lanzó un video publicitario protagonizado por un octogenario sonriente llamado Walt Stack que aparecía corriendo por el Golden Gate de San Francisco mientras explicaba cuál era su motivación para hacerlo a diario. El anuncio terminaba con tres palabras escritas en blanco sobre fondo negro: Just Do It (Solo hazlo).

Sencillo, ¿verdad? Pero ¿será solo cuestión de fuerza de voluntad lo que distingue a quienes hacen ejercicio de quienes no lo hacen? Parece que no todos partimos en la misma casilla de salida, pues diversos estudios en gemelos han revelado que aproximadamente el 60 % de nuestra capacidad de autocontrol está condicionada genéticamente.

Nuestra disposición a movernos está influida por procesos inconscientes. Así, las decisiones sobre realizar o no ejercicio pueden estar determinadas por predisposiciones biológicas que moldean la percepción del esfuerzo, el placer o la incomodidad.

Mira también:

Los psicólogos Daniel Kahneman y Amos Tversky propusieron un modelo que ayuda a entender este conflicto entre el comportamiento automático y el deliberado. Según ellos, nuestras decisiones están determinadas por el “sistema 1”, rápido e intuitivo (por ejemplo, apartar la mano del fuego), y el “sistema 2”, lento y analítico (mantener hábitos como el ejercicio). Pues bien, las decisiones racionales del sistema 2 reciben la influencia de mecanismos inconscientes, lo que plantea una idea fascinante: nuestras elecciones, como levantarse del sofá, podrían estar determinadas por procesos cerebrales que escapan al control consciente.

Como explica el psicólogo y escritor canadiense Steven Pinker, no somos una hoja en blanco, sino organismos evolutivos diseñados para responder al mundo. Comportamientos como elegir tomar las escaleras eléctricas en lugar de las convencionales responden a mecanismos ancestrales destinados a ahorrar energía en entornos de escasez.

El cuerpo está programado para ahorrar energía, lo que dificulta la decisión de ejercitarse. (Foto: iStock)

El cuerpo está programado para ahorrar energía, lo que dificulta la decisión de ejercitarse. (Foto: iStock)

En una sociedad dominada por la búsqueda del placer inmediato, donde pasar la tarde deslizando el dedo por una pantalla resulta más sugerente que ponerse los tenis, someter al cuerpo a esfuerzos ‘innecesarios’ supone un desafío directo a nuestra programación biológica más primitiva. Y es que, salvo que exista una recompensa suficientemente valiosa, el cerebro tiende a favorecer las conductas de menor coste energético. Por ello, iniciar y mantener la actividad física suele requerir más recursos cognitivos que dejarse llevar por la inactividad.

Motivaciones externas para ejercitarse

Aquí entra en juego la dopamina, el neurotransmisor que regula el placer y la tolerancia al esfuerzo. Las variaciones individuales en el sistema dopaminérgico e, incluso, la composición de la microbiota intestinal modulan nuestra motivación para hacer ejercicio. Lo que es evidente es que estos factores no dependen de nosotros, como tampoco la actividad física que nuestra madre realizó durante el embarazo que, según estudios, puede predecir nuestros niveles de actividad física en la etapa adulta.

Mira también:

No obstante, la biología no basta para explicar el comportamiento humano, y aspectos como la experiencia y el contexto social alteran la autoeficacia y la motivación con el ejercicio. Así, gemelos idénticos, que comparten un mismo ADN, divergen en su respuesta a la actividad física en función de malas experiencias o inseguridades corporales. Estas vivencias modulan la relación emocional con el movimiento y pueden generar trayectorias opuestas.

Reconocer estos condicionamientos no significa ser fatalistas. Una vez comprendemos la influencia de los factores biológicos y ambientales, eliminamos el componente moral de la inactividad. Así, aceptar que el esfuerzo físico no tiene el mismo coste para todos nos obliga a mirar menos al individuo y más a las situaciones en las que vive.

Mira también:

El diseño urbano amplifica las desigualdades biológicas. Según el estudio Pasos, que incluyó a más de 4.000 menores de edad en España, aquellos que viven en barrios de bajo estatus socioeconómico y escasa accesibilidad peatonal registran menos minutos de juego al aire libre y menor participación en actividades deportivas.

Las políticas actuales buscan actuar desde las primeras etapas de la vida. La promoción del ejercicio físico durante el embarazo, el impulso de la educación física y el acceso universal a espacios recreativos son estrategias que pretenden compensar desventajas biológicas o contextuales antes de que se consoliden.

Los contextos socioeconómicos, los marcos normativos, los modelos educativos y el diseño de los espacios comunes deben operar como aliados de la motivación. Por ejemplo, en Cluj-Napoca (Rumania) puedes obtener un billete de bus a cambio de hacer 20 sentadillas. Con más de 200.000 billetes emitidos, esta iniciativa demuestra que es posible transformar un esfuerzo biológicamente costoso en un juego de recompensa inmediata.

En última instancia, debemos entender la libertad como una construcción colectiva. Como escribió el filósofo Arthur Schopenhauer: “El hombre puede hacer lo que quiere, pero no puede querer (elegir) lo que quiere”. El verdadero acto de voluntad colectiva no reside en exigir un simplista Just do it, sino en diseñar entornos que inviten al movimiento.

View the original on El Comercio →

KioskNews shows a cleaned-up reading view extracted from the publisher’s page — the original always lives on their site, not ours.