El diésel no ha muerto: este combustible hecho con residuos quiere mover camiones y maquinaria pesada sin cambiar sus motores

En un momento en el que el suministro mundial de diésel está en una situación crítica, parece tener sentido apostar por combustibles renovables que puedan funcionar con motores e industrias que ya existen. Es el caso de este diésel 100% renovable que, según sus creadores, va a evitar la emisión de más de 2.000 toneladas de CO2 a la atmósfera y va a contribuir a la descarbonización de un sector tan difícil como el de la minería.
Un acuerdo pionero. En Huelva, el proyecto minero Iberian Belt West (IBW) usará diésel 100% renovable (HVO) en la maquinaria y transporte pesados de su actividad. Se trata de un acuerdo pionero de este tipo a escala industrial en el sector minero español. El encargado de producir este biocombustible será Moeve, que ya produce HVO 2G en sus instalaciones de Palos de la Frontera. La compañía energética, además, espera construir una nueva planta de este tipo de recurso que se integrará en el mayor complejo de biocombustibles de segunda generación del sur de Europa.
¿Por qué es esto importante? Una mina necesita, por lo general, de maquinaria pesada y especializada, con una gran potencia para turnos largos y capaz de mover grandes volúmenes de tierra y roca para acceder a los minerales. El diésel lleva décadas dominando estas aplicaciones de servicios pesados por su densidad energética, autonomía y capacidad para trabajar durante largas jornadas bajo cargas elevadas.
Con la sustitución por este HVO, Moeve prevé evitar aproximadamente 2.600 toneladas de emisiones anuales, una reducción equivalente a la absorción anual de 170.000 árboles.
No es biodiésel y tampoco es diésel convencional. Las siglas de HVO responden a Hydrotreated Vegetable Oil. Se trata de un diésel renovable de origen biológico que puede usarse como sustituto directo del diésel convencional, el de toda la vida, sin modificar el motor de la máquina en cuestión. Se produce con materias primas comunes como aceites de cocina usados o vegetales vírgenes como el de soja, palma o colza, a través de un proceso de hidrotratamiento que elimina el oxígeno (lo que le hace mucho más duradero) y otras impurezas, y que da como resultado un hidrocarburo de alta calidad, bastante similar al diésel tradicional a nivel químico.
El diésel estándar, por su parte, es un derivado del petróleo que se consigue mediante destilación fraccionada. Su composición incluye, entre otras cosas, azufre o metales, lo que significa que no se quema de forma limpia. Por otro lado, el biodiésel también es otro combustible diferente que, aunque se produce a partir de aceites vegetales o de cocina (también de grasas animales), tiene lugar mediante un proceso de transesterificación, con un contenido entre un 10 y un 12% de oxígeno. Esto le da una mayor inestabilidad oxidativa (es decir, se degrada antes), lo cual lo hace menos intercambiable con el diésel y también menos duradero.
Mismo motor, diferente combustible. Lo realmente interesante de los HVO es que son compatibles con muchos de los motores actuales, por lo que no es necesario realizar ninguna modificación mecánica en la maquinaria pesada, siempre que el fabricante lo haya aprobado.
De ahí que, además de para la minera, también será una ventaja para otras industrias hard to abate, que, son altamente difíciles de electrificar. Sectores como la aviación, el transporte marítimo o la construcción precisan de muchísima energía y enormes potencias, en jornadas muy largas, por lo que suponen un gran reto energético en la lucha contra el cambio climático.
Y, de hecho, ‘renovable’ no significa ‘cero emisiones’ ni ‘infinito’. El HVO sigue siendo un recurso de combustión y, como tal, sigue teniendo algunas emisiones asociadas, aunque muchas menos. Según Moeve, este biocombustible permite reducirlas en un 90% en comparación con el diésel fósil, dependiendo de la materia prima y los métodos de producción.
Tampoco es una solución infinita. El HVO necesita materias primas y, cuanto mayor sea su demanda, mayor será la importancia de saber de dónde proceden. Los residuos y aceites usados son recursos limitados, mientras que el uso de cultivos como materia prima puede generar competencia por el suelo agrícola y otros impactos ambientales como la deforestación.
Imagen | Albert Hyseni
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