Un niño de 10 años entrenó a orugas de mariposa cola de golondrina para que evitaran el olor a lavanda y luego observó cómo se convertían en mariposas; y cuando el 71 % de las mariposas adultas continuaron evitando ese mismo olor, comenzó a preguntarse si, de alguna manera, el recuerdo había sobrevivido a la metamorfosis

Una pregunta que comenzó en el jardín de su casa terminó llevando a un niño de 10 años a presentar sus resultados ante especialistas en entomología. Jo Nagai, de Kobe, Japón, quería saber si una mariposa podía conservar algún recuerdo de lo que había aprendido cuando todavía era una oruga.
Para comprobarlo, trabajó con ejemplares de mariposa cola de golondrina asiática (Papilio xuthus). Durante la etapa de oruga, asoció el olor a lavanda con un estímulo eléctrico leve y luego esperó a que los insectos atravesaran la metamorfosis hasta convertirse en mariposas adultas.
Cuando volvió a ponerlas frente al mismo aroma, alrededor del 71% de las mariposas adultas evitó la lavanda. El resultado llevó a Nagai a plantearse una pregunta que durante décadas intrigó a los científicos: ¿puede una experiencia aprendida antes de la metamorfosis sobrevivir a una transformación en la que el cuerpo del insecto cambia de manera radical?
El experimento que comenzó con una pregunta en el jardín
La investigación surgió a partir de una observación cotidiana. Nagai había criado mariposas y notó que los ejemplares adultos parecían reaccionar de una manera particular cuando intentaba liberarlos. Esa situación despertó su curiosidad y lo llevó a preguntarse si podían conservar algún tipo de información de su etapa anterior.
En su búsqueda encontró un trabajo científico publicado en 2008 en PLOS ONE que había estudiado una cuestión similar, aunque con otra especie de lepidóptero. El estudio demostró que ciertas orugas podían aprender a evitar un olor asociado con una descarga eléctrica y que esa conducta podía mantenerse después de la metamorfosis.
En ese experimento, realizado con orugas de la especie Manduca sexta, el 77% de las polillas adultas que habían recibido el entrenamiento durante su etapa larvaria continuó evitando el olor. Los investigadores concluyeron que una memoria asociativa podía sobrevivir al período de transformación.
Qué ocurrió con las mariposas entrenadas
Nagai aplicó una lógica similar con las mariposas cola de golondrina. Las orugas fueron expuestas al olor de lavanda junto con un estímulo eléctrico, de manera que el aroma quedara asociado con una experiencia desagradable.
Después llegó la parte más sorprendente del experimento: las orugas formaron sus crisálidas y atravesaron la metamorfosis. Cuando emergieron como mariposas, fueron nuevamente expuestas al olor para comprobar si su comportamiento había cambiado.
El resultado fue que aproximadamente siete de cada diez evitaron la lavanda. Es decir, una proporción cercana al 71% mostró una conducta compatible con la asociación aprendida cuando todavía eran orugas. Para Nagai, ese comportamiento planteaba la posibilidad de que alguna forma de información adquirida durante la etapa larvaria pudiera mantenerse mientras el insecto atravesaba la metamorfosis.
¿Una memoria que sobrevive a la metamorfosis?
La idea resulta llamativa porque la metamorfosis implica una transformación profunda. La oruga deja atrás su cuerpo, su forma de desplazarse y buena parte de las características que tenía durante la etapa larvaria para convertirse en un insecto adulto con una anatomía y un comportamiento completamente diferentes.
Sin embargo, los científicos ya habían encontrado evidencias de que algunas asociaciones aprendidas pueden mantenerse durante ese proceso. El estudio de 2008 mostró que determinadas experiencias adquiridas en una etapa avanzada de la vida larvaria podían ser recordadas después de la metamorfosis.
Eso no significa necesariamente que las mariposas tengan un recuerdo consciente de lo ocurrido cuando eran orugas. La respuesta observada podría representar la persistencia de una asociación neuronal o de algún mecanismo biológico que modifica la manera en que el animal responde a determinado estímulo.

En el caso de Nagai, además, surgió otra hipótesis todavía más sorprendente: sus resultados fueron presentados como indicios de que una determinada respuesta al olor podría transmitirse a generaciones posteriores que nunca habían recibido el estímulo eléctrico.
El posible mecanismo estaría relacionado con procesos epigenéticos, aunque esa interpretación todavía requiere pruebas mucho más sólidas. Por ahora, los resultados deben tomarse con cautela. La investigación fue presentada en congresos y sus resultados públicos todavía no corresponden a un estudio completo publicado en una revista científica revisada por pares.
Se necesitan muestras más grandes, análisis estadísticos detallados y experimentos independientes para determinar si los hallazgos pueden reproducirse.
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